O sea, Bustillo canciller para llegar a Fernández y Enciso embajador por su relación con los peronistas hacen de acólitos del presidente que festeja el 25 de agosto en Argentina y solo con la oposición. Raro. En mis años de embajador nunca tuve un brindis con el presidente sin presencia de su par.
En mis años, los ministros iban incluso a la plaza ante Artigas. Luego a un menos fastuoso brindis. Un día veremos por qué, en términos históricos, pasar un 25 en Argentina demuestra una ignorancia tremenda. Hoy queremos quitar todo protagonismo al diplomático de carrera (o a las carreras), Bustillo, y al properonista Enciso. Es una definición más de fondo: este gobierno se relaciona con oposiciones y no con gobiernos.
Así en varios países. Son muchos los casos, por lo que no puede ser casualidad. Lo de Argentina no es una excepción, sino una política. Igual actitud, aunque por distintos medios y formas, ha hecho el gobierno con Colombia, Chile, Brasil, Venezuela, etc. Con Argentina no es la primera vez.
Países estos, con gobiernos de diversos signos ideológico-programáticos. Si se piensa en una relacionamiento que repercuta en el bienestar de la gente, lo importante son los gobiernos. Por otra parte, es lo que mandan las normas internacionales. Los Embajadores deben relacionarse con el espectro más amplio dentro del país. Pero están acreditados ante los gobiernos. Cuando se rompen relaciones es con el gobierno, no con la oposición. Cuando se tienen, también.
¿Es por tonto o por cipayo? Tiendo a pensar que si el gobierno elige, lo hace relacionarse con el que gobierna. Pero si le hace mandados a un tercero, por ejemplo a Estados Unidos, se relaciona con quien sirva mejor dichos intereses. Y eso, relacionarse con las fuerzas afines a Estados Unidos, es el común denominador de los interlocutores de nuestra política exterior.
La fiesta del 25 fue lo más grotesco y caricaturesco. Pero durante la pandemia hubo una campaña mediática del presidente Lacalle II contra las políticas de Fernández en los medios opositores. En Colombia, el mandatario visitó al saliente presidente Duque, sin siquiera ver al electo. No fue a su asunción. En Brasil, se puede decir que la cercanía es con Bolsonaro. Cierto, pero a este le queda exactamente un mes para perder las elecciones.
Finalmente si de muestra valen (muchos) botones, en la interpelación al canciller, la senadora Bianchi, en su defensa, calificó a varios presidentes de narcogobernantes. Cierto es que el presidente deslindó responsabilidad. Pero Bustillo, presente en sala, guardó riguroso silencio. Ello nos generó un serio conflicto diplomático en el que además del canciller colombiano intervino el propio presidente.
La diplomacia del canapé, dando sus frutos a los intereses que sirve. No a Uruguay.