Lo primero que tengo para decir es que he habitado en 14 países y en ninguno vi que un presidente pusiera su propio vehículo para ejercer la función pública. En ninguno. Nunca.
Claro, ahora parece que todos conocían el artículo artículo 9, literal F, de la Ley Nº 19.823 (Código de Ética en la Función Pública); pero hasta hace unos días veían como algo natural tener una atención o vender algo al costo a una figura pública. Ahora todos sabemos lo que prohíbe: “Solicitar o recibir cualquier obsequio, gratificación, comisión, recompensa, honorario o ventaja de terceros, para sí o para otros, por los actos específicos de su función”.
Detalle técnico en el plano estrictamente jurídico: aún no era presidente. Ahora, otro detalle que va desde lo jurídico a lo ético es que el famoso descuento no provino de haber hecho algo como contrapartida. Al presidente electo le ofrecieron cambiar su vehículo anterior por un modelo nuevo y al costo. Yamandú nunca ocultó la compra ni el precio porque estaba convencido de que no hacía nada incorrecto. Si fue un error, ese error le permitió al país un importante ahorro, en lugar de un perjuicio. Ahora, luego de un año, alterna el uso de su vehículo personal con otro oficial, el cual no es ni de la misma marca ni de la misma automotora.
El asunto es sencillo: ahorró él y ahorró el país. Lo ético puede ser discutible; lo conveniente o inconveniente también; pero la primera pregunta que planteo es: ¿Daba para tanto escándalo? Y la segunda es: ¿En serio estamos viendo al Partido Nacional liderando la discusión?
Hablemos de compras… ¿Realmente los blancos quieren que hablemos de compras y regalos? Bueno, ya que insisten… pero antes una aclaración. Según la declaración jurada presentada ante la Junta de Transparencia y Ética Pública (JUTEP), el entonces presidente Luis Lacalle Pou declaró haber comprado en 2023 una motocicleta Harley-Davidson valuada en aproximadamente U$S 55.000. Casi lo mismo (mil dólares más) que la Hyundai Santa Fe 2025 comprada por Yamandú. En este caso, Presidencia informó que la operación se integró con: la entrega de su Hyundai 2020 como parte de pago; una transferencia bancaria y un descuento o rebaja de aproximadamente U$S 25.000.
En el caso de la Harley, nunca supimos si Lacalle Pou tuvo un descuento; pero nunca critiqué su compra porque Luis puede hacer con su plata lo que se le dé la reverenda gana. Y no me parecería mal que la empresa vendedora le hubiera hecho un descuento, ya que le sirve que una persona pública maneje uno de sus vehículos.
Muy distinto fue lo de Montepaz, empresa que aportó varios miles de dólares para la campaña electoral de Lacalle Pou y recibió a cambio dos decretos firmados por aquel (uno tumbado por la justicia) para beneficio de la tabacalera. Es más, el ex presidente terminó paseándose en el yate de una de las familias dueñas de esa empresa.
También se paseó en el avión privado del magnate brasileño Alexandre Grendene y, poco después, Luis firmó personalmente la venta a éste de un terreno público en Punta Ballena por 120.000 dólares, pese a valer 750.000 dólares. Una pequeña atención de 630.000 lucas verdes a costa del Estado uruguayo.
La gran diferencia con Yamandú es que él no hizo nada a cambio de la rebaja. Peor aún: esa empresa tendrá grandes dificultades para presentarse a una licitación, porque si llega a ganar dirán que está arreglada por el presidente.
Tengo varias preguntas para hacer a los inquisidores, como, por ejemplo, ¿por qué no mencionaron el artículo 9 en 2022, cuando Luis Lacalle Pou recibió de regalo 450 kilos de pescado de parte del entonces príncipe heredero y gobernante de Abu Dabi, Mohamed bin Zayed Al Nahyan, luego de una reunión durante una visita oficial a Emiratos Árabes Unidos?
¿Por qué nadie cuestionó que el expresidente recibiera una yegua regalada por las gremiales de la construcción (entre ellas la Cámara de la Construcción) en octubre de 2024?
¿Por qué nadie cuestionó a Luis Lacalle Pou por viajar al Congo en un avión prestado por Francisco de Narváez? Como recuerda nuestro colega Leopold Vasili, el empresario argentino es propietario de empresas como Tata, San Roque, BAS, Multi Ahorro Hogar y Woow y el costo del viaje iba a ser de 300.000 dólares.
Los amigos de Luis se beneficiaron con compras directas cuando llegó a la Presidencia. Así ocurrió en 2020, cuando el Ministerio del Interior hizo una compra directa de 55 vehículos todo terreno (marca Toyota Hilux) a la empresa Ayax S.A., pese a no cumplir con la condiciones del pliego licitatorio, pero tenía la ventaja de estar dirigida por un amigo de la infancia de Luis Lacalle Pou. En 2023 la ANEP le adjudicó otras 19 Toyota Hilux en un proceso que fue observado por el Tribunal de Cuentas.
Toyota era la marca de la camioneta de 50.000 dólares que Luis declaró tener en 2020, pero que en la declaración jurada de 2025 ya no aparece.
Y no olvidemos las compras realizadas a Vertical Sky y la trama que llevó al jefe del Servicio de Seguridad Presidencial, Alejandro Astesiano, a la cárcel.
Las compras realizadas por Luis Lacalle Pou y el exministro Javier García fueron un desastre escandaloso. Recordemos los aviones Hércules, las patrullas transoceánicas y los gomones que hacían agua.
El punto es que la oposición está desesperada por lograr que la gente olvide los múltiples hechos de corrupción del gobierno anterior, y por eso magnifica el descuento recibido por Yamandú. Necesitan que la gente crea que “todos son iguales”; porque normalmente, quienes dicen eso, terminan votando a la derecha, por aquello de mejor malo conocido que bueno por conocer.
Así que exprimirán esto hasta la última gota. Le agregarán acusaciones y no les importará si luego son desmentidas, porque la máxima es “miente, miente, que algo queda”. Ese fue el criterio seguido por quienes estuvieron detrás de Romina Celeste cuando perpetró la fallida patraña contra Yamandú Orsi.
Hablemos de encuestas…
Y en medio de toda esta politiquería barata, el senador Javier García ha difundido y comentado con inocultable placer los resultados de las encuestas que marcan una caída en la popularidad del Gobierno. Sin embargo, cuando las encuestas son desfavorables para la oposición, las descalifica.
Según Equipos, la desaprobación del desempeño de los partidos de la Coalición Republicana llega al 36 %, mientras que Factum la ubica en 46 %. La pregunta de Factum fue concreta: “¿Está de acuerdo o en desacuerdo en cómo está actuando la oposición?”. El resultado fue 46 % en desacuerdo, 35 % ni acuerdo ni desacuerdo y sólo 19 % de acuerdo.
García no ocultó su malestar. En entrevista con Noticias 5 dijo: “Yo no he visto muchas veces que se midiera a la oposición, porque en definitiva lo que tiene consecuencias negativas sobre usted o sobre su familia o sobre los uruguayos son las decisiones del Gobierno”. Tras poner en duda la veracidad de los resultados, agregó que “hay un apuro por manejar algunas cosas”, insinuando claramente un manejo de los sondeos.
Sin embargo, en la misma nota usa a las mismas encuestadoras para descalificar al gobierno. Como sea, no es cierto que las acciones de la oposición no tengan consecuencias sobre la población. La CR tiene jerarcas en la Administración Pública y, además, senadores y diputados. La desaprobación proviene, justamente, porque en lugar de legislar pasan todo el tiempo en modo campaña electoral, con pequeñeces y ruindades, criticando todo y sin aportar nada.
En este quinquenio estamos, sin dudas, frente a la oposición más mediocre de todos los tiempos.
Y aquí es cuando Yamandú muestra la diferencia de nivel con respecto a sus adversarios; porque mientras éstos niegan la realidad, el presidente acepta los resultados con humildad y exige a su equipo hacer más y más rápido.
Hablemos de tomaduras de pelo…
Y hablando de mediocres, el senador Sebastián Da Silva calificó de “tomadura de pelo” las primeras explicaciones del presidente sobre la oferta que le hicieron y aceptó. A ver, Sebastián…
Tomadura de pelo fue haber dicho “¡si gana el Partido Nacional, se terminó el aumento de los impuestos, de las tarifas y los combustibles!”.
Tomadura de pelo fue haber dicho “yo no devuelvo favores a nadie”.
Tomadura de pelo fue haber dicho “no voy a tocar la edad jubilatoria”.
Tomadura de pelo fue haber dicho “conmigo duerman sin frazada”.
Tomadura de pelo fue haber dicho “no me abrazo con tiranos”.
Tomadura de pelo fue haber dicho “estoy tan sorprendido como ustedes”.
Tomadura de pelo fue haber dicho “dicen que esto es para favorecer a Montepaz... No, si me lo pidió una fábrica de chicles”.
Tomadura de pelo fue haber dicho “sólo pasé a saludar”.