Mientras tanto, la tierra continúa girando, y no sabemos qué diría de los humanos, en caso de poder hablar. Si logramos salir, así sea por una fracción de segundo, de los erráticos paseos por las noticias del corazón y por las reyertas de la corona británica, si levantamos la cabeza y contemplamos el paisaje, nuestra vida no parece mejorar demasiado. Junto con la rotación de la tierra (que es una parte no despreciable de la realidad, imaginen si se detuviera de repente) caen sobre nosotros las noticias sobre otros sucesos, que también poseen el poder de impactar en nuestras míseras existencias. Así nos enteramos de que la sequía es terrible, que los campos están amarillos, casi blancos, agrietados a la manera del cañón del Colorado, que ha llegado a nuestras costas una insólita invasión de medusas, que la gente se dedica, durante largas horas, a sacarlas del agua, incluso con caña de pescar, mientras unos pocos buenos samaritanos ponen el grito en el cielo e intentan impedir el asesinato múltiple. Y a nuestro alrededor sigue aguardando, latiendo, trazando anillos invisibles, la prosaica realidad, esa que nos negamos porfiadamente a ver, sin tener en cuenta que de todos modos está allí, que su poder es absoluto (por lo menos en cuanto a las leyes físicas de la causalidad, contrarias a la casualidad), que el tiempo pasa y que, como cantan León Gieco, Mercedes Sosa y Víctor Heredia: “Nos vamos poniendo viejos/ sin saber cómo es volar./ Sin probar un poco de libertad/ Sin saber cómo es la felicidad/ Nos vamos poniendo viejos/ Sin vivir en realidad”. Por eso, tire el celular por un ratito, o al menos escóndalo en el fondo de un cajón, olvídese de los devaneos de los famosos y de las fruslerías de las redes, tire también los zapatos, camine de pie desnudo por donde pueda, asómese a la ventana, cierre los ojos, respire a fondo, y asuma simplemente eso. Que está vivo. Que hay vida. Que la realidad es jodida, claro, pero si no nos encargamos de ella, a fondo y sin desmayos, de frente y sin evasivas, ella será la que se encargue de nosotros.