El alma atada
La experiencia que posee Bregant en la construcción de narrativas públicas para emprendimientos científicos, por ejemplo (entrena a los voceros de los proyectos para conseguir financiamiento), lo lleva a un terreno complejo porque en esos ámbitos el “alma” no está atada a tantos juicios y prejuicios, como sí en la política. Claramente en la política el “alma está atada” a la historia personal, a las emociones, la memoria y hasta a una estética ficcional del saber común.
Es sobre este ángulo que me quiero detener. Una narrativa prolija, certera y empática puede ser convincente si el escucha es protagonista de algunos antecedentes; son prerrequisitos que permiten que esa narrativa alcance altos niveles de credibilidad. Entre los prerrequisitos incluso está la reputación y los antecedentes del protagonista (Massa fue contundente en su narrativa. Políticamente firme, técnicamente impecable, y se exhibió como un gestor eficiente de la cosa pública). Sin embargo, perdió. ¿Qué ocurrió? Massa no era hijo de una probeta; tenía su historia, pertenecía a una historia, a la memoria social y política. Frente a eso, las “evidencias” que mostró no lograron superar o perforar las “creencias” y el “clima” existente en Argentina. En otros países, Massa –por su performance narrativa– era presidente. En Argentina no. ¿Qué ocurrió? El “te creo” –en las narrativas políticas– se relativiza en función del ecosistema existente. “Te creo”, pero…
Ocurre que en cada persona operan algunos mecanismos negadores. Veamos: el candidato A tiene una narrativa impecable, resulta hasta convincente, pero yo no soy de esa tribu, ni quiero ser. Por lo tanto, a pesar del “te creo”, “no te creo”; o, mejor dicho, a pesar de creerte, no te voto, me inclino por el candidato B.
Este ángulo –que se está estudiando en Europa– es el “cinismo político”. Eso ocurre con los dirigentes políticos y con los votantes. En silencio, grupal o individualmente se asume que la “creencia” o “pertenencia” están más cerca de la emoción que del raciocinio. Un territorio, entonces, vinculado al “cinismo político”.
Perforar las creencias
Bregant suele decir que “las evidencias no erosionan lealtades”. Observemos esto. Si el voto está constituido por tres zonas (ver gráfico), daría la impresión de que la afirmación de Bregant puede ser discutida.
En la zona 1 está el núcleo pesado de una comunidad de votantes, digamos los “ayatolahs” de la comunidad. A esos no le entran ni las balas. En el anillo 2 están los creyentes pero que no van a misa. Y en el anillo 3 los votos más débiles, volátiles, con creencias y valores sólidos, pero sin parroquia ni sacerdote en donde depositar su fe.
Dicho esto, el núcleo duro tiene el “alma atada”; una vez se avanza hacia el siguiente nivel, las almas no están tan atadas.
Esos dos últimos niveles están más propensos a recibir evidencias críticas hacia su comunidad, razonar y, eventualmente, cambiar de comunidad. Para que ello ocurra, el stock crítico –el ecosistema– tiene que ser de tal importancia y fuerza que abandone la zona del “cinismo político”, asuma que ya no se puede tragar todos los sapos que le estaba ofreciendo en su dieta de pertenencia. La lealtad a la comunidad se rompe; se pasa a otra comunidad, pero con el mismo rango de pertenencia: no es para siempre.
Ahora bien, ¿cómo se construye ese “ecosistema crítico”? Desde la comunicación. Pero es un fenómeno enormemente complejo, en donde parece claro que las elecciones no se ganan desde TikTok. La caja de herramientas comunicacional contiene mucha cosa; pero no juega sola. Del otro lado también operan las mismas herramientas, pero con fines opuestos.