Entrevista a Federico González de La Foca: sumergirse en los orígenes de su historia para volver a respirar
Submarino es mucho más que el nuevo disco de La Foca: es el relato de una banda que convirtió una transformación interna en un nuevo comienzo
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Submarino es mucho más que el nuevo disco de La Foca: es el relato de una banda que convirtió una transformación interna en un nuevo comienzo
La historia comenzó casi por azar. El disco ya tenía nombre, canciones y portada cuando Federico González comprendió que aquella imagen creada por Ismael González no hablaba tanto del submarino como vehículo, sino del universo submarino como metáfora. De ese descubrimiento nació uno de los cruces más singulares de la música uruguaya reciente: una colaboración con la Expedición Uruguay Sub 200, cuyos registros científicos del fondo oceánico terminaron dialogando con las canciones del álbum.
La ciencia encontró una banda sonora. La música encontró imágenes capaces de expandir su imaginario.
Pero esa alianza también dice algo más profundo sobre La Foca. Desde sus comienzos en La Paloma, con el océano como paisaje cotidiano, la banda siempre pareció escribir desde la frontera entre la contemplación y la intensidad. Submarino simplemente llevó esa intuición hasta el fondo del agua.
Hay otra transformación igual de importante, aunque menos visible. Después de la salida de uno de sus integrantes históricos, la banda decidió no reemplazar una pieza sino reinventar el organismo entero. Nuevos músicos, nuevas voces, nuevas texturas y una energía que Federico describe como "una banda nueva dentro de una banda antigua". El resultado no rompe con la historia de La Foca; la prolonga.
Quizás por eso el presente encuentra a la banda viviendo un reconocimiento distinto. No se trata únicamente del acompañamiento de Little Butterfly Records y Ultrapop Música ni de una campaña de difusión más amplia. Se trata, sobre todo, de un fenómeno generacional inesperado: jóvenes músicos que descubren en La Foca una referencia uruguaya para un lenguaje sonoro que durante años parecía venir exclusivamente desde Manchester, Glasgow o Nueva York.
Mientras el post punk, el dream pop y el shoegaze vuelven a despertar interés en nuevas generaciones, muchos descubren que en Uruguay existía desde hace décadas una banda que dialogaba naturalmente con esas estéticas, pero con una sensibilidad profundamente rioplatense.
Federico habla de eso con una mezcla de sorpresa y gratitud. No le interesa la nostalgia ni el prestigio acumulado. Le interesa seguir empezando de nuevo porque, como ocurre en el océano, las mayores formas de vida suelen encontrarse lejos de la superficie.
Entonces, nos reunimos virtualmente para conversar y seguir profundizando (juro que no estoy jugando con las palabras).
—El concepto visual de Submarino sorprendió mucho por el vínculo con la expedición científica uruguaya. ¿Cómo nació esa idea?
Federico—"Fue bastante curioso porque, en realidad, apareció cuando ya teníamos casi todo resuelto. Teníamos el nombre del disco, las canciones y hasta la tapa. Mi hermano Ismael hizo el arte y, cuando la vi terminada, entendí que la idea había cambiado sin que nos diéramos cuenta.
Al principio hablábamos del submarino como una metáfora de la nave, del recorrido de la banda, de ese proceso de haber atravesado un período difícil y volver a salir a la superficie. Pero cuando apareció la ilustración entendí que, en realidad, el centro ya no era la nave sino el mundo submarino.
Ahí empezó otro camino.
Tengo un amigo, Gustavo Villa, periodista científico de TV Ciudad, que sigue mucho nuestro trabajo. Un día le pregunté si las imágenes que registran las expediciones científicas uruguayas estaban disponibles porque yo suponía que eran archivos inaccesibles.
Me respondió que sí, que podía averiguar y consiguió el contacto con la expedición. Nos enviaron horas y horas de material filmado bajo el agua. Ismael hizo un trabajo enorme seleccionando fragmentos y editándolos para convertirlos en videos.
Terminó siendo mucho más interesante que la idea original".
—Porque deja de hablar solamente de la banda para hablar también de la belleza del océano.
Federico—"Exactamente. Y además aparece otra dimensión. Nosotros usamos esas imágenes porque son hermosas, pero también terminamos difundiendo un trabajo científico extraordinario que la mayoría de la gente no conocía.
Generalmente la ciencia aparece en los medios cuando ocurre una tragedia, una pandemia o algún problema. Acá pasó al revés: apareció desde la belleza.
Eso nos gustó muchísimo.
Ellos quedaron felices porque sus registros empezaron a circular por otro lado y nosotros felices porque encontramos un universo visual que acompañaba perfectamente las canciones.
Incluso seguimos pensando proyectos para desarrollar con ese material".
—También es una forma de unir cultura y ciencia, dos mundos que muchas veces parecen separados.
Federico—"Sí, totalmente.
Y además es algo muy natural para nosotros.
Venimos de Rocha, de La Paloma, crecimos mirando el mar. El agua siempre estuvo presente de una forma u otra en nuestra historia. Entonces no sentimos que fuera una idea forzada.
Simplemente estaba ahí.
Había que mirar hacia ese lugar".
—¿Cómo vienen viviendo la recepción de Submarino?
Federico—"Muy bien. Por primera vez estamos haciendo una campaña de lanzamiento diferente porque trabajamos junto a Little Butterfly Records.
Hasta ahora habíamos editado con Ultrapop en Argentina y siempre hubo algún movimiento de prensa allá, pero acá todo era mucho más artesanal.
Ahora hay un equipo acompañando el lanzamiento y eso ya cambia muchas cosas.
Pero, más allá de eso, siento que estamos presentando dos cosas al mismo tiempo".
—¿En qué sentido una banda nueva?
Federico—"Porque cambió la energía. Tenemos integrantes nuevos. Hay otra dinámica y eso se transmite.
Uno siempre tiene que tener cuidado porque cuando está muy cerca de un disco recién terminado puede entusiasmarse de más.
Pero tengo la sensación de que estamos viviendo una aceptación que nunca habíamos tenido.
Y eso es increíble para una banda que lleva más de treinta años".
—También coincide con un resurgimiento de sonoridades cercanas al post punk, al shoegaze, a ese universo del que ustedes fueron pioneros en Uruguay.
Federico—"Yo creo que hay una generación nueva que volvió a mirar hacia ese tipo de música.
Y eso nos encuentra en un lugar muy particular porque nosotros nunca dejamos de hacerla. No tuvimos que adaptarnos. Es la música con la que crecimos.
Entonces, cuando aparecen nuevos músicos interesados en esas influencias, naturalmente terminan encontrándose con nosotros. Eso nos renueva muchísimo.
Porque nosotros vivimos de hacer discos nuevos. Nunca pensamos demasiado en el catálogo.
Tenemos ocho discos, pero siempre estamos pensando en el próximo. Cada álbum implica volver a empezar desde cero.
Y para hacer eso necesitás sentir que del otro lado existe una respuesta. Que hay alguien esperando escuchar lo que viene.
Hoy sentimos que esa respuesta volvió a aparecer".
—Una de las cosas llamativas de La Foca es la coherencia de toda su discografía. Cada disco tiene personalidad, pero todos parecen parte de una misma historia.
Federico—"Creo que nunca pensamos en seguir una tendencia. Si hubiéramos trabajado buscando qué era lo que vendía probablemente nos habría ido muy mal. (Risas.)
Nuestra libertad tiene mucho que ver con que ninguno depende económicamente de la banda.
Todos tenemos otros trabajos. Eso nos permite hacer exactamente la música que queremos".
—Esa independencia también evita quedar atrapados por un éxito puntual.
Federico—"Sí. A veces veo bandas excelentes que quedaron prisioneras de una canción o de un momento. Es muy difícil salir de ahí.
Hay grupos que terminan tocando siempre lo mismo porque la gente quiere escuchar solamente eso. Nosotros, por suerte, nunca vivimos esa situación. Nuestra historia fue distinta.
Siempre sentimos que el disco importante era el siguiente.
Eso nos permitió seguir creciendo.
Nos gusta pensar que cada álbum vuelve a empezar la historia y eso nos mantiene vivos.
Porque si no existiera esa posibilidad de reinventarnos, sería muy difícil seguir después de tantos años".
—¿Cómo fue el proceso interno que terminó dando origen a Submarino?
Federico—"Hubo un momento muy importante cuando dejó la banda un integrante histórico. Lo primero que nos preguntamos fue si seguíamos o no seguíamos.
Los tres que quedábamos dijimos enseguida que sí. Después apareció otra pregunta: ¿Buscábamos reemplazar exactamente ese lugar o empezábamos otra historia?
Elegimos empezar otra historia. Ahí apareció Sebastián (Lluberas).
Lucía (Aguirre Rosas) ya venía acompañándonos a todos los ensayos, sacando fotos, cantando, compartiendo todo el proceso.
Empezamos a ensayar con otra lógica.
Y enseguida empezaron a salir canciones.
Muy rápido.
Fue una cosa impresionante.
En pocos meses ya teníamos prácticamente el disco completo.
Cuando eso sucede entendés que hay algo muy fuerte pasando.
Y ahí decidimos grabarlo.
La sensación fue que todo estaba ocurriendo al mismo tiempo: la nueva formación, las canciones, el sonido y la identidad del disco.
Todo formaba parte de una misma transformación".
—En este disco aparecen colaboraciones muy significativas, como las de Banin, de Los Planetas, y Pedro Dalton. Sin embargo, ninguna se siente como un recurso de marketing. Parecen formar parte natural del disco.
Federico—"Porque fue exactamente así.
Cuando decidimos empezar de nuevo con esta formación, todo empezó a ordenarse alrededor de una misma idea. El sonido, las canciones, la manera de grabarlas y también las colaboraciones nacieron del mismo lugar.
Nosotros fuimos a grabar a Buenos Aires en condiciones que hacía mucho tiempo queríamos recuperar. Grabamos con Juan Stewart, un ingeniero y productor al que admiramos muchísimo. Eso ya le dio una identidad sonora muy clara al disco.
Y después aparecieron naturalmente las invitaciones.
Con Banin existe una relación desde hace muchos años. Cuando Los Planetas vinieron a Uruguay compartimos instrumentos, compartimos tiempo, hicimos un asado. Quedó una relación muy linda. Entonces, cuando el disco empezó a tomar forma, me acordé de él.
Le escribí contándole muy brevemente todo lo que había pasado con la banda, le expliqué que estábamos atravesando una especie de nueva etapa y le envié un video que había hecho Lucía con una de las canciones.
Lo escuchó enseguida y conectó inmediatamente con el material.
Fue una cosa muy natural.
No hubo demasiadas explicaciones.
Entró enseguida en el universo del disco".
—¿Ya tenían pensado en qué canciones podía participar?
Federico—Primero le mandé un mensaje. Después le dije: "Tengo otra que para mí tiene algo así como un New Order charrúa; capaz que también te gusta".
Era "La vida al revés".
La escuchó y me respondió que incluso le gustaba más que la primera.
Entonces terminó grabando en las dos.
Eso fue muy lindo porque nunca sentimos que estuviéramos incorporando un invitado para poner un nombre importante en la portada.
Sentíamos que estaba participando alguien que realmente entendía el espíritu de esas canciones.
Si hoy Banin estuviera viviendo acá, perfectamente podría estar tocando con nosotros.
Se dio ese nivel de integración".
—Y el caso de Pedro Dalton fue distinto.
Federico—"Sí, porque con Pedro no habíamos coincidido en la vida. Yo siempre lo admiré muchísimo. Pero hubo una canción que sentimos que dialogaba con su sensibilidad artística.
Le propusimos participar y entendió inmediatamente el lugar que ocupaba dentro del tema.
De hecho, hace una intervención muy sutil. No aparece tratando de robar protagonismo y eso habla muy bien de él.
Habla de una colaboración hecha desde un lugar artístico y también humano. No desde el ego.
Eso para nosotros era fundamental".
—Da la sensación de que La Foca dejó de ser una estructura rígida para convertirse en un colectivo mucho más abierto.
Federico—"Sí. Y creo que eso también define este momento.
Hace un año éramos cuatro. Hoy somos seis arriba del escenario. Hay invitados. Hay gente que canta en algunas canciones y en otras no. Hay personas que aparecen porque enriquecen determinado clima.
Y todo eso nos gusta.
No sentimos la necesidad de que exista una estructura fija.
Nos interesa más que la música encuentre lo que necesita.
Por eso digo que este disco también presenta una banda nueva.
No solamente porque cambiaron integrantes.
Cambió la manera de pensar el grupo".
—Llama la atención la unidad del disco. No parece una colección de canciones, sino una obra concebida como un todo.
Federico—"Creo que eso tiene mucho que ver con cómo aparecieron las composiciones.
Sebastián empezó a ensayar con nosotros hacia octubre de 2024.
En enero ya teníamos prácticamente todas las canciones.
Salían una atrás de la otra.
No había bloqueos. No había que forzar nada. Simplemente iban apareciendo.
Cuando pasa algo así, uno entiende que es el momento de grabar.
Después, por supuesto, siguieron apareciendo temas nuevos.
De hecho, hoy ya tenemos varias canciones posteriores al disco que incluso vamos a tocar en vivo.
Pero Submarino pertenece a un momento muy específico.
Es la fotografía exacta de ese instante de la banda.
Y creo que esa sensación termina percibiéndose cuando alguien escucha el álbum completo".
—Escuchando toda la discografía se percibe una continuidad muy fuerte. Cada disco tiene personalidad propia, pero ninguno parece romper con la identidad de La Foca.
Federico—"Eso es muy importante para nosotros. Porque nunca sentimos la necesidad de cambiar para adaptarnos a lo que estaba pasando.
Cada disco refleja un momento distinto de la banda. Eso sí.
Pero siempre reconocés quién está tocando. Nunca quisimos disfrazarnos de otra cosa.
Creo que esa coherencia termina siendo un valor porque uno escucha bandas que de un disco al siguiente parecen completamente diferentes.
No digo que esté mal. Simplemente nosotros nunca funcionamos así.
Nosotros seguimos una búsqueda muy personal y con el paso del tiempo esa búsqueda termina construyendo una identidad".
—Hoy muchas bandas parecen condicionadas por repetir aquello que una vez funcionó comercialmente.
Federico—"Sí. Yo muchas veces pienso eso.
Hay grupos excelentes que quedaron presos de su propio éxito y debe ser muy difícil.
Porque cuando la música pasa a ser el sustento económico principal, aparece una presión enorme. Tenés que seguir llenando salas grandes. Tenés que seguir tocando determinadas canciones. Tenés que cumplir con una expectativa.
Y entiendo perfectamente que eso suceda. No lo critico. Pero nosotros vivimos otra realidad.
Como tenemos otros trabajos, la banda conserva una libertad enorme.
Podemos sacar un disco completamente distinto si queremos.
Podemos dejar afuera canciones muy conocidas.
Podemos concentrarnos en lo nuevo.
Y eso nos mantiene creativamente vivos".
—Incluso muchas veces el público termina reclamando siempre las mismas canciones.
Federico—"Claro. Y eso también debe ser frustrante para muchos músicos.
Imaginate pasar años componiendo cosas nuevas y que todo el mundo te pida solamente el éxito de hace veinte años.
Nosotros, en cambio, siempre sentimos que el centro estaba en lo que todavía no habíamos hecho.
Por eso incluso ahora tenemos un problema hermoso.
Estamos rearmando muchas canciones viejas porque falta un integrante fundamental en esas versiones.
Entonces tenemos que volver a aprenderlas.
Es casi empezar otra vez.
Pero nos entusiasma.
Porque sentimos que todo sigue avanzando.
No estamos administrando un museo.
Seguimos construyendo una banda.
Y esa diferencia, para nosotros, es enorme".