Hoy, al frente del Consejo Directivo del SODRE, trazó como principales desafíos de su gestión el fortalecimiento de la producción artística nacional; ampliar la presencia del organismo en todo el territorio y proyectar nuevamente sus elencos a nivel internacional. En diálogo con Caras y Caretas, defendió además la necesidad de lograr una institución abierta al futuro, con políticas de continuidad, mayor accesibilidad y una fuerte apuesta a la formación artística desde la infancia. “La territorialidad del SODRE es una condición que no se negocia, porque es de todos los uruguayos”, aseguró.
Con una trayectoria que comenzó en Tala, Canelones, y lo llevó a formarse en Brasil, Polonia e Italia, Luis Pérez Aquino llegó a la presidencia del Consejo Directivo del SODRE con una mirada que combina la experiencia artística con la gestión cultural.
¿Cuándo fue que te enamoraste de la música?
Desde toda la vida, aunque el vínculo más formal fue de grande. Yo empecé a estudiar piano seriamente a los 16 o 17 años. Antes estudiaba acordeón en mi pueblo, en Tala. Después empecé a estudiar piano; primero en el pueblo y después en Montevideo con Santiago Baranda Reyes, que era uno de los maestros referentes.
¿En tu casa se escuchaba música?
Para nada. Al contrario, era un problema que el hijo de una familia tradicional quisiera ser pianista. La verdad que al inicio fue bastante complicado.
¿Tus padres a qué se dedicaban?
Mi papá Luis y mi mamá Ema eran panaderos. Y si bien especialmente mi padre escuchaba música popular y zarzuela, y canturreaba las partes más conocidas de las zarzuelas de moda, hasta ahí llegaba toda la música en la familia. Yo empecé a tomar contacto casi inconscientemente con la música. Fue de forma natural, de forma espontánea. Sí hubo muchos mentores en Tala que me ayudaron mucho. Había un sacerdote que me ayudó muchísimo y me introdujo en la música. Fue el padre Santiago Borrazás, referente en ese entonces. Después, el doctor Bergara, amigo de la familia, que también me ayudó muchísimo a escuchar música. Él había sido amigo del maestro Baranda Reyes y fue quien me llevó a tomar clases. Es decir, se creó toda una red de apoyos a ese preadolescente que quería tocar el piano sin saber lo que era el piano.
¿Por qué creés que pasó eso?
No tengo una explicación. A veces me lo han preguntado, pero no tengo una explicación. Creo que era demasiado obvio, tal vez por la manifiesta rebeldía, porque si no me permitían ir a tocar el piano, a jugar con el piano porque tampoco tocaba el piano, tampoco hacía otras cosas que tenía que hacer. Podía escaparme de la escuela o del liceo, podía hacer cualquier cosa. Siempre fui un espíritu muy libre y muy rebelde. Esto, con los años, se ha ido aplacando (risas).
Después viene lo más conocido: tu experiencia internacional, tu formación en el exterior, Polonia, Italia, Brasil. ¿Cómo fue ese enriquecimiento universal de abrirte al mundo?
Yo estudiaba con Santiago Baranda Reyes y cuando falleció, me fui a estudiar con Raquel Boldorini, que también era una maestra referente, y había sido alumna de Baranda Reyes. Ahí apliqué para un par de becas que gané. En el entretanto, había ganado concursos nacionales. Entonces me fui a la Universidad de Brasilia a hacer cursos de verano. Me contacté, conocí gente, hasta que apareció la posibilidad en Uruguay de concursar para el Concurso Nacional Federico Chopin, cuyo premio era una beca a Polonia. Gané ese concurso y ahí sí fue el gran salto, porque, si bien yo acá ya había tocado mucho, ese premio implicó mi debut con una orquesta profesional y con un gran director. Fue así que se abrieron muchísimas puertas. Después pude ir a teatros importantes de la región y a Polonia a estudiar en la Academia de Música Karol Szymanowski de Katowice, que es una referencia a nivel mundial. Ahí creo que comencé a despegar, a crecer. Empecé a tocar, a estudiar mucho, y me dieron mucha disciplina, que era lo que me estaba faltando. En Polonia estuve casi tres años. Luego me vine para acá y me ofrecieron una beca para ir a estudiar a la Academia de Artes de Roma. Allí estuve unos cuantos años, toqué mucho, estudié mucho, me contacté. Por tanto, lo pienso en perspectiva, ha sido un largo periplo.
Después me fui interesando en el modelo de gestión europeo de conservatorios y de teatros de música. Yo pensaba que ese modelo era el que debíamos aplicar acá, adaptándolo a nuestra realidad. Y fue así como, después de muchos años, se me dio la posibilidad de presentar un proyecto para crear un conservatorio en Canelones. Yo vivía en Roma y me interesó muchísimo el modelo de gestión artística. Y de hecho, el Conservatorio de Canelones funciona hasta el día de hoy y se ha convertido en una referencia interesante en la región.
¿Quién entendió acá que eso era una buena idea?
Marta Canessa y Julio María Sanguinetti. Yo los había conocido en Roma. Y esto está bueno para mencionar que jamás se me preguntó nunca, desde ninguna tienda política, por qué partido militaba y, de hecho, en ese entonces, era un tipo extremadamente apolítico. Estaba para el arte y nada más. Después, los años te hacen tomar un poco de conciencia y fijar posturas.
En los últimos años el SODRE atravesó momentos complejos, como la renuncia del maestro Julio Bocca. ¿Cómo hiciste para reconstruir la paz interna y reenfocar las energías de este proceso institucional y artístico?
A través del diálogo, la empatía, y considerando y teniendo siempre en cuenta que lo principal en el SODRE son los artistas, los funcionarios y la gente. Que no hay diferencia entre un técnico y un músico, ni entre un violinista y un coreuta, o entre un coreuta y un bailarín. El SODRE es un mundo extremadamente complejo, pero también, si lo entendés, es un mundo extremadamente noble y da muchas satisfacciones. Si bien es un lugar complejo, porque son muchísimas las personas que conforman el organismo y personas con muchísima sensibilidad artística y con expectativa de su arte y de su vida, porque han consagrado la vida a algo no frecuente, entonces tenés que tener muchísimas consideraciones y empatías.
Pero no es nada diferente a lo que yo reclamaba cuando estaba en activo. Entonces, me parece que eso ayuda mucho. Es importante tener dos compañeras como son Alejandra Moreira, como vicepresidenta del SODRE, y Natalia Schiavone, como consejera, que también vienen del mundo del arte. Alejandra viene de la orquesta y del SODRE, de una familia de músicos, y Natalia viene de las artes plásticas, de Bellas Artes. Entonces hay una sensibilidad particular que tal vez no digo que sea el secreto pero sí que ayuda muchísimo a tener lo que tenemos hoy. Aunque hay un montón de reivindicaciones lícitas y la mayoría se atienden.
¿Reivindicaciones de los sindicatos?
De los sindicatos y del entorno, de la gestión en términos más globales. Los sindicatos lo que hacen es reclamar los derechos que consideran que son justos para ellos, para los funcionarios, y la mayoría de las veces estamos de acuerdo. Eso no quiere decir que podamos cumplir todas las demandas porque eso es casi imposible. Pero siempre estaremos de puertas abiertas y con nuestra mejor voluntad dispuestos a escuchar y buscar acuerdos, consensos, algo tan necesario en este tiempo. Cada sindicato tiene su modo de manifestarse, pero más allá de eso, lo que hoy reina es la buena convivencia y el sentido de pertenencia. Y eso a mí me da mucha alegría, porque cuando los funcionarios te dicen que están orgullosos de pertenecer al organismo, o asisten a las funciones de otros compañeros, o ves gente emocionada porque a su compañero le fue bien y lo ovacionaron, y ves compañeros de técnica llorando de emoción porque salió bien una gran función del ballet o del coro o de la orquesta o del conjunto de cámara, para mí eso es una satisfacción.
¿Cuáles son los grandes mojones que te planteaste para tu gestión cuando te ofrecieron el cargo?
Hay varios que están alineados a las políticas del Ministerio de Educación y Cultura, porque el SODRE es una unidad ejecutora del MEC y tenemos una relación maravillosa con todo el equipo del MEC y con el resto de las unidades, ya sea el SECAM o los archivos.
Tenemos cuatro puntos. El primero es la producción artística y la proyección cultural: fortalecer la producción artística nacional y la proyección internacional del SODRE, pero que sea una política de continuidad y de calidad de todos sus elencos estables, y la difusión del repertorio nacional, latinoamericano y universal.
Otro punto es la formación, la educación artística y la llegada a la primera infancia. Este tipo de acciones para llegar a la primera infancia son vitales, son el gatillo que detona el interés en el niño. No es lo mismo que un chico vaya a escuchar música o a ver un espectáculo teatral a la mejor sala del país, con su mejor orquesta, a los 20 años, que a los 7 u 8, con un espectáculo con un contenido adecuado. Hay que despertar el arte desde la infancia y después perfeccionarlo con el tiempo. Hay experiencias como “Escuelas Rurales al Auditorio” que son conmovedoras, porque estás cambiando la vida y se cumple la magia del teatro, de que la persona no sale igual a como entró.
Otro eje fundamental es la descentralización, o sea, hacer mucho más territorio y la accesibilidad: que el SODRE sea accesible a todo el territorio. Para eso diagramamos un plan de acción territorial y este año vamos a cubrir el 78 % del territorio nacional y el año que viene vamos a estar en el 100 %. Esto no quiere decir que vamos a estar en todas las localidades, pero sí armamos un plan estratégico para territorio, conjuntamente con Espacios MEC, con otros socios, incluso las intendencias, el Congreso Nacional de Intendentes, que estratégicamente llevamos los elencos a lugares donde de otras localidades puedan acceder fácilmente. En Rivera se hizo la gira del Ballet Nacional y se hizo todo el litoral y ahora se hace la segunda parte. Y lo mismo la orquesta, conjunto de cámara y coros y los elencos juveniles. La territorialidad del SODRE es una condición que no se negocia, porque es de todos los uruguayos y tiene que acceder a todo el territorio.
Otro de los ejes es tener una institución abierta al futuro, pensar para adelante, generar políticas de Estado, que estos programas se mantengan más allá de las políticas de turno. Entonces, el fortalecimiento institucional, la innovación digital, digitalizar mucho más el SODRE, hacerlo mucho más administrativamente ágil, eficiente, rápido, y la comunicación, comunicar mejor. Y eso ya se está viendo.
Hablemos de lo que no es tan visible para el gran público.
Retomamos el ciclo de cámara en Montevideo, un ciclo serio, programado y de gran nivel, que hacía tiempo que no se hacía. Este año realizamos más de 50 conciertos de cámara en la Sala Vaz Ferreira y todos fueron a sala llena. El mes que viene volvemos a la Sala Hugo Balzo los sábados y domingos de mañana con “Conciertos en Familia”; viene una obra, “Pulcinella” de Stravinsky, para la familia, y ya está todo agotado. El piano de la Vaz Ferreira se ha restaurado a nuevo, el Steinway & Sons Modelo D, con todo original, y con ese piano se están haciendo conciertos con muchísimo éxito. Están participando los solistas y los músicos de la orquesta y del coro, concretando sus propuestas camarísticas, pero aparte recibimos muchos músicos nacionales e internacionales como invitados. Ha sido un éxito ese ciclo de música de cámara.
El Coro de Niños cumplió 10 años y el BNS está volviendo a niveles de excelencia fantásticos.
Sí, el Coro de Niños y Niñas del SODRE cumplió diez años y es uno de los programas más interesantes, lo mismo que los núcleos, que es otro mundo, “Un niño, un instrumento”. Desde el punto de vista social y de educación artística son bárbaros. Pero concretamente el del coro, para mí, fue una gratísima sorpresa. Yo, como público, antes no lo tenía tan de cerca, como algo para apreciar, pero cuando empecé a interiorizarme y conversar con Víctor Medero, he visitado sus espectáculos, y me ha sorprendido gratamente. Lo que más me gusta es que son cientos de niños, pero aparte con un sentido de pertenencia hacia la música, hacia la formación, hacia el equipo. No digo que van a salir todos cantantes, pero ya que un chico tenga la disciplina de ir todos los días a ensayar y de montar un espectáculo, y que el sábado, en vez de estar jugando al Playstation, esté cantando en un coro, en el mejor escenario de su país y con una sala colmada, teniendo gran éxito, como por ejemplo cuando montaron el espectáculo “El mundo del revés”, para festejar sus 10 años, es realmente conmovedor. Además de la alegría, la frescura y realmente haciendo cosas artísticamente muy dignas, muy bien hechas, muy bien producidas. Estoy muy feliz con ese proceso que está llevando a cabo tanto el Coro de Niñas y Niños como el Coro Juvenil.
Y el BNS está viviendo un muy buen momento, está haciendo cosas muy interesantes y para el año que viene hay algunas sorpresas. Hemos invitado al maestro Julio Bocca a volver a trabajar con el BNS y estamos avanzando en la coordinación para concretar su presencia durante 2027, con algunas clases magistrales y otras instancias de trabajo.
Lograron convocar para la OSSODRE a un maestro español talentosísimo que, además de ser un notable músico, es un gran pedagogo y comunicador.
Sin dudas, es el combo perfecto y estoy muy contento con Ignacio García Vidal al frente de la Dirección Artística. Eso no quiere decir que Nicolás Rauss quede afuera, como se comentó. Esto no tiene nada que ver. De hecho, el sábado pasado dirigió Nicolás y hace unos meses atrás había dirigido otra vez, y volverá todos los años de invitado, porque ese fue el trato que hicimos. Pero sí consideramos desde el Consejo que Ignacio García Vidal era, entre las ofertas que teníamos, la persona adecuada, y está haciendo las cosas muy bien, con una programación muy linda. Es un estupendo director, pero aparte es un gran comunicador. Él ha estudiado seriamente comunicación y es un estudioso de todo, un maestro con mucha avidez por el conocimiento y la pedagogía. Además, es una persona con una llegada maravillosa al público. Entonces estamos muy entusiasmados también con su gestión.
¿Cómo ves al país y qué es lo que más te preocupa, saliendo del mundo SODRE?
Complicado, como está el mundo. Si bien no puedo hablar mucho más allá de lo que me compete, creo que como sociedad y como humanidad tenemos que sortear problemas enormes: educación, cultura, seguridad, salud. Eso le sucede a la mayoría de los países. Son muy pocos los países que no tienen estos problemas. ¿Cómo los sorteamos? Honestamente no tengo respuestas, entiendo que hay gente que se dedica a eso desde otros ámbitos, pero pienso que cada uno de nosotros debemos aportar nuestros granitos de arena para mejorarle la vida a las personas, especialmente a quienes la están pasando mal. Debemos esforzarnos más, ser más empáticos, solidarios, cuidar y abrazar a los que más nos necesitan. En nuestro caso, lo hacemos desde la cultura, con todas las formas posibles y te aseguro que es un desvelo permanente para nosotros pensar qué más podemos hacer para construir una sociedad mejor, un Uruguay mejor.
¿Y qué puede hacer la cultura en un entorno donde prevalecen los discursos de odio, donde hay tantos lazos rotos, donde hay ataques a los migrantes, a las disidencias, a los feminismos, a los sindicatos? ¿Qué es lo que puede hacer la cultura para tratar de recomponer en un entorno que está complejo?
Desde la cultura lo que podemos hacer es esto que estamos haciendo en el SODRE y en otros lugares: abrazarnos y entender que, desde el punto de vista cultural, no existen las fronteras. No hay fronteras. No es excusa esto de que pertenezco a tal país o vengo de tal país o soy migrante o me voy. Y todos viajamos, todos trabajamos en todos los lugares, porque el arte y la cultura en general, la educación y los buenos modos, y el ser buena gente y el ser empático, no habla de fronteras. Habla de libertad. Y la libertad no es una palabra que se grite con rabia o se grite con odio. La palabra libertad hay que gritarla con alegría. El arte es una de las herramientas más importantes de unificación, de comprensión, de crecimiento, de tolerancia, de empatía de los pueblos. Después toca a cada uno ver cómo gestionás las posibilidades que tenés.
El SODRE está lleno de personas de distintas nacionalidades y son nuestros compañeros, nuestras compañeras. No hay distinción, no van con un distintivo. No hay ninguna diferencia más allá de las costumbres o idiosincrasias de cada pueblo, que lo único que hacen es enriquecernos más. Tenemos que estar abiertos, los que recibimos, estar abiertos a lo que viene, y cuando nos reciben, estar abiertos a que nos reciban con su idiosincrasia. Es un ida y vuelta, es ganar-ganar. No hay nada que nos haga menos importantes o menos ricos. Al contrario, estamos todos aprendiendo, y son procesos de aprendizaje que vamos a aprender hasta el último día, hasta aprender lo que no se debe hacer.
Hace unos años, cuando Martín Inthamoussú asumió al frente de las Escuelas de Formación Artística del SODRE, lo primero que hizo fue ir al MIDES a juntarse Federico Graña, que por entonces tenía un cargo de gestión muy importante allí, y le dijo: “¿Qué podemos hacer juntos por los más olvidados, por los que la están pasando mal? Tenemos los cuerpos estables, las escuelas de formación artística, que pueden salir a bailar”, y fue todo un proceso de trabajo en zonas históricamente olvidadas, donde prevalece la pobreza infantil. ¿Hoy se está haciendo algo desde el SODRE por esa inmensa cantidad de compatriotas que están en situación de pobreza?
Evidentemente, esa semilla que plantó Martín Inthamoussú con Federico Graña germinó, porque sí se están continuando las políticas, se han enriquecido y se han expandido. Nosotros trabajamos muchísimo con el MIDES, trabajamos con muchos actores en territorio, con personas con vulnerabilidad social, y vamos y traemos. Vamos y también invitamos a que vengan gente, personas de todo el territorio, con vulnerabilidad social o no, al SODRE.
Y sí tenemos convenios con el MIDES. Particularmente “Un niño, un instrumento” tiene muchísimos convenios con el MIDES, pero también tenemos convenios con ANEP. Estamos trabajando con el INISA, estamos viendo qué podemos hacer en las colonias, particularmente en la Berro. Eso es prioridad para nosotros. Es la parte que el SODRE nunca debe descuidar. Tenemos convenios en común y por suerte funcionando muy activamente.
¿Cómo te gustaría que te recuerden?
No sé. Tranquilo, sin conflictos. Nunca pienso en eso. No sé. “Fue un buen tipo, hizo lo que pudo, pero fue un buen tipo”, que es lo que trato de ser a diario. Trato de ser buena gente todo el tiempo y, a veces, me equivoco, involuntariamente, pero creo que eso nos pasa a todos. Estoy haciendo lo mejor que puedo en esta gestión. Creo en el Instituto, creo en la cultura, creo en este país, creo en estos procesos y particularmente en la gente que está en el SODRE. Trabajamos día a día con el CD para que los compañeros estén mejor, para que los elencos suenen mejor, para que los bailarines tengan mejores condiciones. Son procesos largos, son procesos a veces frustrantes, pero el SODRE en sí, sólo, es poco lo que puedo hacer. Pero con esta sinergia constante que tenemos con el Ministerio de Educación y Cultura es más fácil. Entonces estamos logrando cosas interesantes a futuro.
No me interesa que el SODRE brille solamente estos cinco años. Me interesa que el SODRE brille para siempre. Y estamos apuntando a los 100 años que se cumplirán en 2029. Volvió la ópera. Hacía tiempo que no se hacía una ópera y volvió a la ópera en formato de coproducciones lo que nos permite hacer mayor cantidad de títulos. El SODRE está fortaleciendo su producción; es un teatro de producción donde todo se puede hacer: herrería, pintura de telones, todo el aporte de la denominada «fábrica de cultura».
Tenemos contacto fluido con el Teatro Colón y estamos firmando convenios con teatros de la región. Tenemos las Escuelas Nacionales de Formación Artística (ENFA), que es un mundo en sí mismo, y están trabajando muy bien. Se han perfeccionado muchísimo, han crecido. Se ha agregado este año la Cátedra de Danza Candombe, que era una carrera que se había iniciado en Canelones y ahora pasó al circuito de las ENFA. Tienen un reconocimiento nacional, una certificación. Hay mucho que se está haciendo de positivo. Viene interesante la programación, muy potente, con muy buenos nombres, programaciones sólidas. La intención es que dialoguen entre sí, que la orquesta dialogue con el ballet, con la lírica, con el coro, con los elencos juveniles, que tenga una coherencia, que no sean programas aislados, sino una programación inteligente, coherente, bien pensada. Y sinceramente, todo lo hacemos pensando en los artistas, los técnicos y, especialmente, la gente.