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Aunque la expresión "música instrumental" suele abarcar un sinnúmero de lenguajes, estéticas y géneros, hay ciertos prejuicios que suelen encorsetar y "encasillar" a las formas de escucha con estructuras y etiquetas cerradas, lo que conspira contra esa riqueza y diversidad.
Uno de estos prejuicios más extendidos es que estas músicas son para “entendidos”, para una suerte de élite de iniciados que tienen las herramientas para apreciar las elaboradas (y virtuosas) estructuras que le dan forma. Serían, si esto fuera efectivamente así, un cuerpo de músicas solo consagradas a la recepción intelectual, en la que lo emocional y lo corporal quedarían irremediablemente confinados a un segundo o tercer rol en el trabajo de compresión y significación musicales.
Sin embargo, sabemos que esto no es más que un esquema alimentado por formas ¿facilistas? de comprender los fenómenos musicales, algo tan caro a las prácticas hegemónicas de la industria musical. Y la música de Mandragora es uno de los tantos ejemplos que demuelen esta idea.
Otro preconcepto viene de la mano de la manía tan extendida de “encerrar” todo, absolutamente todo, en categorías claras, con etiquetas que no den lugar a ningún tipo de ambigüedad o confusión. Si es jazz, que quede claro que es jazz. Y si se puede precisar más, mejor, para que no se confunda el bebop con el swing o con el free jazz o con el jazz-rock. Si la música no “encaja”, igual hay que buscarle la vuelta. Pero el asunto es que las músicas suelen ser mucho más vitales que estas etiquetas; las fronteras estilísticas son muchos más porosas de lo que imaginan los críticos, académicos, los dueños de las ya casi extintas disquerías o las “habilidosos” encargados de etiquetar las ediciones fonográficas en las plataformas en internet.
Entonces, ¿qué música hace Mandragora?; ¿se podrá catalogar con dos o tres palabras que le lleven “tranquilidad” a los ávidos consumidores de nombres rebuscados o de “rápida digestión”?; ¿es jazz, música experimental, fusión, música étnica?; ¿sus composiciones sonarán “complejas”, “raras”?
A través de más de veinte años, Brasil y Sarkis han convertido los sonidos de sus guitarras en poderosas armas expresivas, que a la par de sus virtuosismos establecen una comunicación directa, intensa con el cuerpo y las emociones. Dicho de otra forma, sus dotes técnicas, sus ideas formales y la amalgama de elementos de distintos lenguajes, sus trabajos con los climas y las dinámicas, están concentrados en la construcción de puentes directos con la escucha antes que en el mero lucimiento de las destrezas técnicas.
"Nuestra música -relató Brasil- suele trabajar con paisajes sonoros, muchos de ellos inspirados en los viajes que hemos realizado, en los lugares visitados, sus hombres y mujeres, sus olores, sus formas, sus sonidos".
Con este punto de partida, el dúo explora las texturas, la paleta tímbrica de las guitarras, con sus distintos tipos de cuerdas, de afinaciones, de formas de ejecución. "Las composiciones tiene así mucho de paisajes, del juego de memorias de nuestros viajes". Con este material la idea es "ir construyendo climas, entornos sonoros envolventes". Un trabajo creativo que integra elementos de sus formaciones académicas, de los lenguajes cultos y populares, sin constreñir los sentidos estéticos, su riqueza sonora.
Además, agregó, esperan que estos espectáculos "toquen el alma, que toquen el corazón y que el público uruguayo pueda disfrutar de nuestra música". Este debut en Uruguay, subrayó, serán una excelente oportunidad para un encuentro de dos tradiciones guitarrísticas. "Tanto Brasil como Uruguay tienen escuelas guitarrísticas muy, muy fuertes, y con intérpretes notables, con personalidades bien definidas". Por eso "también esperamos conocer a muchos músicos uruguayos, para intercambiar ideas y proyectos".
Para esta gira por Paraguay, Uruguay y Argentina, el dúo integró a su propuesta a la percusionista Bety Vinyl, con quien comenzaron a ensayar en setiembre del año pasado. "Para nosotros fue un enorme placer esta experiencia, porque ya conocíamos a Bety. Además sus percusiones tienen la atmósfera que engarza muy bien con nuestra música. Así el trabajo conjunto resultó muy bueno, muy fluido". Con ella "vamos a hacer una suerte de compilado de nuestros tres discos, un viaje por nuestra historia personal y musical".
Además, en estos conciertos participará la artista uruguaya Mika Tanco, que se presentó este año en la primera edición de Quito Blues Brasil, y que, al igual que Bety Vinyl "tuvo una especial sintonía con la música de Mandragora". La idea, explicó el guitarrista, es generar "un espacio de intercambio con Mica y que ella muestre su trabajo compositivo e interpretativo, algo que nos enriquece a todos".
Duo Mandrágora - "Antígua"
De perfil
Jorge Brasil es guitarrista, compositor, productor y arreglador. Nació en Santa Rosa, RS, y se mudó para Brasilia a los 7 años. Comenzó a tocar la guitarra a los 10 años y estudió en la Escuela de Música de Brasilia. Fue miembro fundador de la Orquestra de Guitarras de Brasilia y también formó parte de la banda de rock Vagabundo Sagrado de 1998 al 2000. Es miembro fundador del dúo Mandragora. También se destaca en la creación de bandas sonoras para teatro y cine.
Daniel Sarkis, guitarrista, bajista, flautista, productor musical y audiovisual, docente, nació en Brasilia, es Licenciado en música, y trabaja profesionalmente en la música hace más de 25 años. Participó de diversos talleres, workshops y cursos de arreglos, armonía e improvisación. Integró coros, conjuntos musicales de diversos estilos como Reggae, MPB, Pop e Rock. Participó de la producción de diversas bandas de sonido para cine y teatro. En 1991, de la amistad con los profesores de la Escuela de Música de Brasilia Jaime Ernest Dias y Paulo André Tavares, surgió la oportunidad de ingresar en la Orquesta de Guitarras de Brasilia, formada por 16 guitarristas. La amistad aún continua, donde actualmente se desempeña como músico y productor de la Orquesta. En 1998, junto a su amigo y colega musical Jorge Brasil, crean Mandragora, dúo de guitarras de música instrumental autoral.