Goldman fue acusada de agitadora en 1893, volvió a ir presa ese mismo año por difundir la contracepción, en 1917 por oponerse a la conscripción militar e "ir contra la moral y las buenas costumbres". Debido a su amplia actividad pública tanto en materia de creación textual como de participación política se la conocía como "la mujer más peligrosa de América".
"Dentro del anarquismo la figura de Goldman resultaba incómoda. Ella quería el pan, pero también las rosas, la dignidad, pero que no estuviese exenta de belleza. Adoraba la ópera y el teatro, la literatura y la pintura y también el sexo y no entendía por qué eso tenía que ser incompatible con hacer la revolución. Pero sus compañeros sí: durante una velada en la que bailaba animada, un compañero la reprendió para su sorpresa. "No creía que una causa que representaba un hermoso ideal, el anarquismo, la liberación y la libertad de convenciones y prejuicios, exigiera la negación de la vida y la alegría. Insistí en que nuestra causa no podía esperar que me comportara como una monja y que el movimiento no debía convertirse en un claustro. Quiero libertad, el derecho a la autoexpresión, el derecho de todos a cosas bellas y radiantes", escribió", de acuerdo con un artículo de Vanity Fair.
Fue exiliada a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1919. A los dos años escapó y vivió en Francia, Reino Unido y Canadá, donde escribió su autobiografía ("Viviendo mi vida") y diversas obras: "Anarquismo, ¿qué significa realmente?", "El significado social del drama moderno", "Anarquismo y otros ensayos".
Goldman sufrió un derrame cerebral el 8 de mayo de 1940 y seis días después murió, a los 70 años, en Toronto.