Además de firmar autorizaciones y ejecutar los timbrados de rigor, sabe cuándo “encajonar” un expediente que nadie desea aprobar. Lo comprende muy bien un grupo de mujeres deseosas de transformar un baldío lleno de ratas y basura en un pequeño parque con juegos infantiles, propuesta que viene rebotando de oficina en oficina –de Salubridad a Parques, de Saneamiento a Proyectos Edilicios– sin que nadie termine de darle luz verde o desaprobarla por completo. Una de las decisiones más inteligentes del guion de Ishiguro es partir de un punto de vista diferente al de la película original: un joven empleado recién ingresado a la estructura y, por lo tanto, aún virgen de pecados administrativos y vicios kafkianos.
A pesar de esa variación, Vivir es fiel a los acontecimientos y ritmos de Ikiru, alterando detalles menores –el pachinko es reemplazado por una de esas máquinas con brazo mecánico llenas de peluches; la frugal cena nipona por un buen pastel de papas–, pero manteniendo la curva de autodescubrimiento del protagonista, no exenta de baches, tropezones y caídas. Williams, como Watanabe, también opta en un primer momento por la diversión y la nocturnidad como escape a la dura realidad, antes de caer en la cuenta de que aún es posible dejar una pequeña pero profunda marca en este mundo.
Así, Mr. Zombi, como lo bautiza una excolega, decide un buen día arremangarse las mangas de la camisa y dejar el confort del escritorio por primera vez en su vida. El último tercio de Vivir, elipsis mediante, sigue asimismo las formas de Ikiru, aunque se extraña la potente y elegante manera en la cual Kurosawa exponía los múltiples puntos de vista sobre el inopinado héroe, es decir, las diferentes versiones posibles de un ser humano único e irremplazable.
Living; Reino Unido/Japón/Suecia, 2022
Dirección: Oliver Hermanus.
Guion: Kazuo Ishiguro.
Elenco: Bill Nighy, Aimee Lou Wood, Alex Sharp, Tom Burke, Adrian Rawlins, Oliver Chris.
Disponible en HBO Max.
Por Diego Brodersen (vía Página 12)