En el Partido Colorado (PC) se veía alegría incontenible en los votantes de Talvi y cero en los de Sanguinetti. Este, que se presentó como una mera formalidad, dos veces presidente, perdió contra Ernesto Talvi con 32% contra 57%. Y el PC no tuvo la suba electoral relativa que esperaba el expresidente. Por el contrario, bajó de 16% a 13%.
En el PN, el candidato triunfador nombró a la vice esa misma noche. Mujer y de su sector. Problema resuelto. Pero la razón no respondía a la concordia interna, sino a evitar enfrentamientos.
Larrañaga, hasta hace poco seguro segundo, entró en enfrentamiento por ese lugar con Sartori. Perdió. Pero ya 48 horas antes de la elección dijo que no piensa hablar ni “negociar nada con él.”
Quizás ello explique que en la sede del Frente (Huella de Seregni) había abrazos fraternos entre los tres precandidatos no elegidos junto al ya candidato de todos: Daniel Martínez. Mientras tanto, en la sede del partido más votado, hubo poco empujón para la “jurisprudencia” reciente, pero tras discurso equilibrado del candidato ganador, los precandidatos ni se dieron la mano y hubo desde dirigentes llorando (no de emoción) y muchos otros manteniendo lejos a los aspirantes entre sí.
Daría la impresión de que el PN tuvo una buena noche como inicio de cuatro meses terribles. El martes ya salieron a luz. En TNU el exlegislador Alem García -que ha dicho ser quien trajo a Sartori a Uruguay para que fuera presidente- largó acusaciones internas y externas muy graves. Aclaró que de ninguna de ellas tenía pruebas. Veamos algunos ejemplos de esta muestra de los 120 días que quedan antes de la elección.
Dijo que su propio partido había “ninguneado” a Sartori (la palabra es mía, el concepto de él) y que este debió haber ganado si no fuera por la campaña anti-Sartori de sus propios compañeros. Agregó: “Se dice en corrillos”, y a él le había llegado por fuentes confiables, que el FA, con la complacencia del PN, había mandado a sus militantes a votar por Lacalle en la interna. Explicaba con ello el triunfo de Lacalle sobre Sartori. O sea, a Sartori el Frente no le ganaba, a Lacalle sí. Tampoco ocultó su falta de entusiasmo en que la candidata Argimón evitara que la fórmula no fuera toda de un sector.
¿Cómo hace un presidente para presidir un gobierno sin mayorías parlamentarias si ni siquiera logra unidad en su propia colectividad? Eso no es todo. El candidato Luis anuncia sus tres primeros ministros y de inmediato dice que comenzarán las negociaciones con el resto del PN por un programa único. Y esos ministros ¿qué política van a aplicar si aún no hay programa? ¿Ministros primero, programa después? La vieja repartija que tanto combatió el wilsonismo.
El propio Dr. Sanguinetti dijo que su segundo gobierno fue de coalición. Exacto. El primero no. Porque vivía Wilson y su política de alianzas apuntaba en otra dirección. Queda agua por correr debajo del puente, pero pasó lo que antes dijimos que ocurriría.