Tantos recuerdos alimentaron mi memoria, que hoy voy a dejar que otros hablen por mí. Cuando fui con una delegación del Pit-Cnt a Curitiba, en agosto de 2018, conocí e hice amistad con el arzobispo Peruzzo. A través de él pudimos hacer muchos contactos. En lo personal, conocí a muchos sacerdotes y periodistas.
Un sacerdote brasileño, que ha sufrido persecución y atentados, el padre Julio Lancellotti, pronuncia una impresionante homilía el día que asume Bolsonaro. Cita en ella a Darcy Ribeiro, quien fuera compañero de exilio de mis padres en Perú y a cuya asunción como vicegobernador de Río, junto a Brizola, asistimos en marzo del 83.
Citando a Darcy como “gran educador brasileño”, dice: “Fracasé en todo lo que intenté en la vida: quise alfabetizar a los niños brasileños, no lo conseguí; intenté salvar a los indios, no lo conseguí; procuré una universidad seria, fracasé; traté de que Brasil se desarrollara en forma autónoma, fracasé. Pero esos fracasos son mis victorias. Hoy, detestaría estar en el lugar de quienes ganaron”.
Luego de la cita de Darcy, continúa el padre Lancellotti: “En este domingo, Estoy feliz de decir como Darcy Ribeiro: estoy feliz por no estar del lado de los que vencieron” (aplausos de los feligreses). “Mi lado será siempre el de los pobres, los vulnerables y los pequeños. Los pueblos originarios, los indios, la comunidad LGBT, los que están en situación de calle. Estoy muy feliz de no estar del lado de aquellos que ganaron”.
Prosigue diciendo: “Estamos del lado de la lucha, de los que van a continuar luchando. Porque es una obligación luchar, por la vida, por la dignidad de la vida”. Y culmina: “Estas palabras de Darcy Ribeiro nos ayudan mucho. Estamos felices de no estar del lado de los que vencieron.”
Así como al padre Lancellotti le ayudan las palabras de nuestro viejo amigo, al que tanto debemos, Darcy Ribeiro, a nosotros nos ayuda recordar las palabras de todos los que sacaron fuerza de flaqueza para transformar la derrota en militancia, la militancia en alegría y la alegría en lucha.
Desde antes de la primera vuelta, no dejamos de recorrer el país un solo día. En la segunda vuelta, seguimos de corrido la misma semana que se conocieron los resultados de la primera. No dejamos de recorrer un solo día el país palmo a palmo. Vimos como, tras el golpe de la primer votación, reaparecieron muchos militantes del Frente que no habían estado en la primera votación. Vivimos en medio de una alegría contagiosa.
Fernando Oliú contaba como, tras un resultado electoral adverso, salió un camión con gente festejando. Alguien desde la calle les preguntó: “¿Que festejan? ¿La derrota?”. Y un hombre muy humilde y quizás de poca educación formal, pero se ve que sabio y culto, respondió: “La derrota, no; la lucha”.
Un célebre editorial de Carlos Quijano decía en su último párrafo: “La vida empieza mañana”. Y como la vida es lucha, desde muy jóvenes nos acostumbramos a escuchar en los discursos de Wilson: “La lucha empieza todos los días, por lo tanto, también empieza hoy”.