Drama en tres actos
Primer acto. La Fórmula Lacalle-Talvi
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Primer acto. La Fórmula Lacalle-Talvi
Voy a decirlo una vez más, porque no me perdonaría que lo olvidáramos. Las elecciones internas del 30 de junio mostraron que en Uruguay hay, ahora explícita y nítidamente, dos partidos políticos.
De un lado, el partido del ajuste fiscal, la disminución de los impuestos a los sectores más privilegiados, la contracción económica y sus consecuencias inevitables: la recesión, el desempleo y la miseria para los sectores más vulnerables.
Del otro lado está el partido que dio a Uruguay 16 años de crecimiento económico ininterrumpido, con inclusión social y una redistribución que nos ha dado los mejores indicadores sociales de América Latina y el Caribe.
Tal vez nunca se haya dibujado tan bien la contradicción que marcaba Liber Seregni: por un lado la oligarquía, por otro el pueblo.
La coalición que proclama Lacalle Pou es nada más ni nada menos que el partido del atraso, que entre 1985 y 2002 generó la mayor crisis económica y social de la historia de Uruguay.
La alianza no es nueva, desde el pachequismo, y tal vez antes, la alianza de poder económico, los grandes estancieros, las poderosas empresas del agro y la ganadería, las empresas multinacionales y el capital financiero han gobernado con coaliciones de colorados y blancos baratos. En esta oportunidad, esta alianza opositora, empujada por la ola de derecha que modificó la correlación de fuerzas en el continente, se forma para arrebatarle el gobierno al Frente Amplio y restablecer una ecuación económica que aumente los beneficios de los más poderosos y empuje a la pobreza a capas sociales que hoy, después de 15 años de gobierno del Frente Amplio, disfrutan de una vida mejor.
Del otro lado está el Frente Amplio, un partido de la cambios que devolvió la felicidad y la esperanza a Uruguay (incorporando al rico legado de la izquierda al batllismo y al wilsonismo auténticos), que ya ha instalado al país en el siglo XXI y tiene muchas metas para cumplir.
Los jóvenes, los jubilados, los trabajadores del campo, los discapacitados, las minorías, las mujeres, las empleadas domésticas, los docentes, los asalariados, las pequeñas empresas, los trabajadores, los policías, no debieran olvidar lo que el gobierno y la sociedad toda han hecho, en estos 15 años, en su beneficio.
La fórmula desafiante la integran realmente Luis Alberto Pompita Lacalle Pou y Ernesto Talvi, dos compañeros de British Schools, identificados como la derecha o centroderecha en ambos partidos tradicionales.
Estos son quienes se preparan para gobernar con la receta neoliberal. El primero propone explícitamente reducir en 900 millones de dólares las erogaciones del Estado y un “shock de austeridad” que solo puede significar un ajuste fiscal cruel e implacable. Lacalle ya anunció una ley de urgencia que será el instrumento del ajuste. Nadie sabe qué dirá esa ley y nadie ha publicitado ni un solo artículo de la misma. Si se hiciera público, se conocería el verdadero programa de la coalición, que no es otro que el que los argentinos conocen como “el macrismo”. Talvi centra todas sus esperanzas en el campo (obviamente en el gran latifundio), lo que seguramente se traduciría en disminución aun mayor de los impuestos a esta actividad y en una indefinida “reforma de la seguridad social” fondomonetarista, que en buen romance significaría la disminución de los ingresos reales de jubilados y pensionistas.
En suma, la coalición de la derecha traerá ajuste, disminución de impuestos a los más ricos, aumento de impuestos a las capas medias, devaluación, disminución de salarios, reforma jubilatoria con disminución de los derechos y los ingresos de jubilados y pensionistas, privatización de las empresas públicas, reforma laboral,restricción de los derechos sindicales y debilitamiento de la enseñanza y la salud públicas.
Ni Pompita ni Talvi hablaron jamás de desarrollo nacional, ni de justicia social, ni de proyecto nacional ni de políticas expansivas (todo lo contrario), ni siquiera por picardía.
El más mentiroso es Talvi, al que Danilo Arbilla criticó en la revista Noticias Uruguay al referirse al “Chicago boy” de otrora.
Talvi hace solo tres semanas renegaba del batllismo y hasta de su propio partido, su manera de hacer política y la corrupción y el clientelismo de lo que llamó el “sanguinettismo”.
En menos de un mes, el alumno dilecto de Ramón Díaz, aconsejado por el politólogo Francisco Vernazza, resucitó a “Don Pepe Batlle” y los colores del partido de Luis Batlle y hasta se convirtió de halcón en paloma.
Más sincero es Pompita, que les prohibió nombrar a Wilson Ferreira Aldunate a sus presuntos seguidores, siendo absolutamente obedecido por valientes guapos como Larrañaga y Gandini.
Lacalle Pou no cree en el gradualismo, cree en el shock. El gradualismo para Pompita “se vuelve inerte, sin consecuencias ni resultados”. Lo de Pompita es el shock, el golpe seco, la ley de urgencia, en la economía y con los sindicatos.
Hacer “las cosas rápido, para que las consecuencias no se extiendan en el tiempo”, le dijo Lacalle a El Observador. “Cuanto más demores, su efecto va a ser mucho más lento”. Como un rayo en un cielo sereno.
No hay que menospreciar lo que podemos esperar con el gobierno de Lacalle y Talvi. Si ganan, hay que prepararse para recibir un garrotazo en los tres primeros meses de su gobierno.
De marzo a junio de 2020, en solo 90 días, que es el plazo de aprobación de una ley de urgencia, recibiremos lo que no queremos.
Sin anestesia y sin tiempo para pensar y resistir. Un golpe seco, homicida, para un ajuste brutal y una severa restricción de los derechos de los trabajadores. Ya lo dijo el popular Pompita y está escrito en El Observador.
Segundo acto. El rey. “No tengo trono ni reina”
Si bien todo lo anterior es cierto, inocultable, transparente, yo creo que no debiera enceguecernos la preocupación por lo que ellos pueden hacer, sino por el propio Frente Amplio, en cuyos propios “desencantados” radica la posibilidad del triunfo.
Los votos del Frente Amplio en la elección interna fueron pocos, menos que en las elecciones pasadas. Si bien el Frente no hizo mucho despliegue en esta oportunidad y entre sus candidatos y propuestas no hubo gran competencia, es imposible ocultar que a muchos nos quedó la idea de que los adversarios cerraron mejor esta etapa del proceso electoral que lo que lo hizo la coalición de izquierda y costará mucho remontar todo el tiempo perdido en el que la derecha ha ganado en la cabeza de decenas de miles de uruguayos.
Todo indica que hasta ahora el Frente Amplio no ha encontrado la forma de recuperar a los “desencantados”, que según Óscar Bottinelli son los que definen la elección nacional. Lo mejor de la campaña fue la unidad de los candidatos, la existencia de un programa común, la foto de los cuatro y la movilización de alguna de sus bases. Lo peor fue la escasa participación de los frenteamplistas, la falta de entusiasmo, la escasez de recursos y la falta de propaganda, en especial en los grandes medios de comunicación.
La elección de Daniel Martínez para candidato presidencial fue inobjetable. Obtuvo una fuerte votación y una diferencia significativa contra sus adversarios, Carolina Cosse, Óscar Andrade y Mario Bergara. Si bien los votos que obtuvo Martínez fueron mayoritarios, el resultado no fue espectacular. Fue una victoria contundente pero algo magra.
La candidata a la vicepresidencia -quienquiera que hubiera sido- debiera haberse nominado la misma noche de la elección, pero por una otra causa no fue así.
El análisis de los resultados, teniendo en cuenta los perfiles de los electores, son bastante sorprendentes y merecen un análisis más cuidadoso del que podríamos adelantar hoy.
Esto ha provocado un revuelo que hace evidentes rivalidades personales, caprichos y perfiles políticos, que nada bien le hacen al Frente Amplio y a su perspectiva electoral.
Daniel está a punto de concluir una recorrida por los “siete machos” que dirigen el Frente Amplio. Tabaré, Mujica, Michelini, Castillo, Bergara, Civila, Andrade, Astori, Miranda y Rubio. En teoría, ellos aconsejaron al rey quién, a su juicio, debiera ser la hembra que ocupe tan alto cargo. Parece una burla, mayor aun cuando el macho alfa ya resolvió que Carolina Cosse, la candidata natural, la única mujer que sometió su nombre a la consideración de la ciudadanía entre 28 candidatos a presidente, estaba fuera de la lista.
Lo dije en una primera nota que escribí el lunes a vuela pluma. Yo creo que Daniel es un buen candidato para el Frente Amplio y para todos los frenteamplistas, pero en esta oportunidad se equivocó.
No escuchó la opinión de Mujica y Tabaré y tampoco la de la mayoría de los consultados, dejó que se manoseara el nombre de Carolina, le puso un veto que los que la votaron y muchos de los que no la votamos consideramos inexplicable y, lo que es peor, nos quedó a muchos la sensación de que si hubiera sido hombre, se le hubiera considerado de otra manera. No importa que ahora Daniel elija a una mujer; la sombra de la discriminación manchó la cancha.
Tercer acto. La hora de Keynes
Si estas consideraciones hablan de problemas en el Frente Amplio, los problemas en la economía parecen ser, quizás, los más importantes. La coyuntura económica es adversa en lo internacional y lo nacional, y se siente mucho. Se percibe la escasez de plata en los bolsillos y de empleo. Si para algunas personas o dirigentes estas cosas resultan difíciles de percibir, el propio ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, se permitió, en nombre de la honestidad intelectual, recordarnos, al presentar la Rendición de Cuentas, que la economía está estancada y que mejores resultados en materia de crecimiento y déficit fiscal son difíciles de alcanzar. Confieso que me molesta un poco saber que, mientras en las mesas de los trabajadores se sienten dolorosamente estas estrecheces, tenemos más de 15.000 millones de dólares de reservas en el Banco Central del Uruguay, de los cuales más de 6.000 millones son de libre disponibilidad.
No me atrevo a proponer ni siquiera tocarlas, a las reservas ni a los créditos de libre disponibilidad del BID y de la CAF.
Tengo miedo de que me acusen de irresponsable y que, en nombre de la sensatez y la disciplina fiscal, se descarte de plano cualquier idea.
Bien conocemos algunas lentitudes de las burocracias, y acaso sea poco lo que se pueda hacer en materia de ejecución de recursos en los pocos meses que quedan por delante hasta las elecciones, pero sería muy bueno cumplir con los planes previstos y realizar las inversiones presupuestales ya acordadas para el año, redundando en aumento de la actividad económica y el empleo.
No se trata de incrementar el gasto en el año electoral, hipotecando el futuro y comprometiendo al gobierno que comience en 2020. Estoy hablando de la gente, del trabajo, del gasto social, de las empresas que están tecleando y de la responsabilidad social frente a las necesidades de los más humildes.
Si el Ministerio de Economía o alguna otra oficina estatal está apretando los créditos para contener el déficit, mejor haría a Uruguay y a la propia imagen de la izquierda que aflojaran la mano un poco.
Reitero, sería muy bueno que las burocracias se pusieran las pilas y ayudaran a la rápida concreción de estas obras. Estoy seguro de que vamos a hacerlo, no porque estemos cerca de las elecciones, sino porque siempre el Frente Amplio hizo lo mejor para Uruguay.
Y al shock de austeridad neoliberal, que traerá recesión y miseria, le respondemos con un shock de infraestructuras, que traiga desarrollo, actividad económica y empleo.
Es la hora de Keynes. Es tiempo de cumplir.