ver más

Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de {}. Si ya formas parte de la comunidad, .

{# Opciones de Suscripción #} {# DESCOMENTAR AL IMPLEMENTAR: #} {# {% for n, m in this.getPaywallPlans('thinkindot', 'plans') %} {% if (m.tab == "all" or m.tab == "mensual") %} #}

{{m.shortDescription}}

{{m.title}} {{m.price}} mensual
{# {% endif %} {% endfor %} #} {# estos links no sé como se llenarian #}

Astesiano y Marset: dos caras de la misma moneda

Cuando todo parecía más o menos igual que siempre y Equipos Consultores reiteraba que Luis Lacalle Pou era el gobernante más popular del mundo, estalló una bomba que empezó a moverle el piso y que hoy lo encuentra desconcertado como corcho en remolino.

No fue un año intrascendente de esos que pasan sin pena ni gloria. Para los chinos fue el año del Tigre de Agua, símbolo de la fuerza del fin de los males y de la valentía. Para los uruguayos empezó siendo el año de la pantera rosa, cuando se votaba la Ley de Urgente Consideración. Para Europa fue el año de la guerra, de la inflación, de la rusofobia, del petróleo caro y en unas pocas semanas, del frío intenso.

En 2022 se incendió el Punta Shopping, subió la carne y bajó el dólar, Pepe nos dijo una cosa y nos dijo la otra.

Aquí cerquita ganó Lula y condenaron a Cristina, voltearon a Pedro Castillo en Perú y Maduro dejó de ser el malo de la película.

Luis sigue insistiendo con el libre comercio a media correspondencia, él se ofrece, pero nadie le contesta.

Cipriani prometió a Antía otro socio para construir la torre más grande del mundo, la que dejaría a la playa Brava más oscura que el futuro.

Al director de Inteligencia le robaron los planes secretos de su estrategia y pidió ayuda al fiscal para que descubriera al ladrón.

La fiscal Gabriela Fosatti, la más famosa, no deja de tuitear.

Mientras tanto, movemos contenedores, cortamos eucaliptus, inauguramos aeropuertos, ganamos premios internacionales, esperamos una buena temporada turística, cortamos cintas, respondemos a los pedidos de las tabacaleras y les damos una manita a los canales privados de la televisión.

Como no podía ser de otra manera, suben los combustibles, baja el salario y las jubilaciones, suben los precios del supermercado y los depósitos de los “malla oro” en el exterior.

Ha sido tan exitosa la gestión de este gobierno de coalición que tiene como diez candidatos disputándose la presidencia para el próximo período, en que Lacalle Pou no podrá ser candidato.

Beatriz Argimón, Pedro Bordaberry, Andrés Ojeda, Martín Lema, Adrián Peña, Gabriel Gurméndez, Robert Silva, Álvaro Delgado, Laura Raffo, Guido Manini y hasta Daniel Salinas quieren ponerse la banda presidencial.

Cuando todo parecía más o menos igual que siempre y Equipos Consultores reiteraba que Luis Lacalle Pou era el gobernante más popular del mundo, estalló una bomba que empezó a moverle el piso y que hoy lo encuentra desconcertado como corcho en remolino.

Le dieron el pasaporte a un narcotraficante preso y le permitieron escapar de la Justicia que hoy lo reclama desde varios países.

Para entender lo que pasó y lo que está pasando, lo primero es saber si el gobierno, sus servicios de Inteligencia, la Policía y el Ministerio del Interior sabían quién era Sebastián Marset.

Todo indica que sí.

Marset tenía antecedentes, era vigilado por la Policía, la que había intercambiado información con los organismos de seguridad, la Inteligencia y la Justicia de Paraguay.

Marset estaba bajo la mira de la DEA y era acusado de delitos en Colombia y Paraguay.

Había sido detenido al arribar a Emiratos Árabes Unidos con un pasaporte falso y estaba preso en una cárcel emiratí esperando un proceso judicial que podría interrumpirse por la llegada de un pedido de extradición paraguayo que lo devolvería a la Justicia de Paraguay, de la que estaba huyendo.

La razón por la que la obtención del pasaporte uruguayo urgía era la posibilidad de que la Justicia de Emiratos lo pusiera en libertad para que pudiera regresar a su país antes de que llegara el pedido de extradición y que existieran requerimientos de Interpol.

La intervención de Alejandro Balbi, más en calidad de “gestor” que abogado defensor, parece haber sido fundamental.

Quizás Balbi fuera el autor intelectual de la estratagema, la de obtener un pasaporte uruguayo y alegar en Emiratos que con este documento pudiese volver a su país.

Tal vez, fue una ingeniosa idea de Marset, especialista en sortear obstáculos para poder andar por el mundo haciendo de las suyas.

Es absolutamente falso que al gobierno no le quedaba otra que darle el pasaporte a Marset.

Es más, esa era la última opción a elegir.

Es verdad que estaba obligado a prestar asistencia al ciudadano uruguayo preso en Emiratos Árabes. Prestar asistencia es interesarse por la salud del compatriota, asegurar que tuviera una asistencia legal correcta y que se respetaran sus derechos.

Si la libertad del ciudadano Marset requería la salida de ese país, la primera opción era otorgarle un documento de viaje que lo habilitara solo para regresar a Uruguay para que en su país realizara los trámites ante el Ministerio del Interior que le permitieran obtener un pasaporte.

Estos pasos están muy precisamente señalados en el documento que extendió el gobierno uruguayo a solicitud del Dr. Alejandro Balbi y que, presentado a la Justicia de Emiratos Árabes Unidos, permitió que Sebastián Marset recuperara la libertad.

El otorgamiento de un pasaporte sin restricciones a Marset fue una “ultrapetita” que le permite al narcotraficante moverse por el mundo por diez años, protegido por la documentación uruguaya.

El haber logrado algunos beneficios adicionales, que la cónsul uruguaya fuera a la cárcel a levantar la firma, que se aceptara que declarara un domicilio falso, que se le permitiera retirarlo con un poder a su hermano y que fuera llevado a Abu Dabi en un vuelo exprés por un familiar, es evidente que se trató de una consideración algo “especial”.

Tal vez no ilegal, solo “especial”.

Cuánta responsabilidad tiene Balbi en esta ingeniosa jugada, cuánto incidió su relación con la viceministra de Relaciones Exteriores, Carolina Ache, y cuánto sus estrechos vínculos con la Policía, tal vez nunca se sabrá.

Lo cierto es que logró lo que quería, un pasaporte para Marset en una “carrera contra el tiempo”.

La autorización para darle el pasaporte a Marset fue por lo menos una imprudencia de las autoridades, máxime que desde la misión diplomática en EAU se había advertido que había que obrar con prudencia.

Es difícil para mí saber los motivos por lo que ocurrió esta imprudencia, pero autorizar y conceder un pasaporte uruguayo a un conocido narcotraficante requerido por la Justicia paraguaya es, por lo menos, muy sospechoso.

Es difícil no pensar que en el mundo de la corrupción en donde vive Marset, a quien se acusa en varios países de narcotráfico, estafa, lavado de activos y homicidios, esta vez todo se logró sin dinero.

El gobierno no ha ayudado nada a despejar esta sospecha porque los jerarcas han mentido reiteradamente y han confundido con sus contradicciones.

El propio presidente ha contribuido a confundir a la opinión pública con sus declaraciones a los medios y las investigaciones administrativas siempre dicen que “no se ha encontrado nada ilegal” y que hay que esperar las determinaciones de la Justicia, que con mucha suerte culminarán dentro de muchos meses… o tal vez nunca.

Con la información que se dispone resulta evidente que tanto en el Ministerio del Interior como en el Ministerio de Relaciones Exteriores había conocimiento pleno de que había un preso uruguayo en Emiratos Árabes, que había sido detenido en el aeropuerto al ingresar a ese país con documento paraguayo falso, que esperaba un juicio y que se trataba de un conocido narcotraficante.

Los chats entre la Dra. Carolina Ache y el subsecretario del Interior, Guillermo Maciel, son más que explícitos.

Tal vez no se conocía que estaba requerido por la Justicia paraguaya y que se solicitaría en forma inminente la extradición a ese país, pero los servicios de Inteligencia del Ministerio del Interior ya habían suministrado a los servicios paraguayos información y antecedentes que comprometían a Marset.

Es notoria la participación de Alejandro Balbi gestionando el Pasaporte, reclamándolo con urgencia y haciendo llegar el mismo a Marset para que pudiera ser excarcelado y huir con destino desconocido.

Yo no sé si en la ética de un abogado se incluye la asistencia en una fuga me temo que no-, pero Balbi es de la FIFA y todos sabemos que la FIFA nos “fifa”.

La verdad es que el episodio evidencia desidia, ineptitud, omisiones y posiblemente delitos. También falta de sinceridad, incomunicación entre las distintas autoridades involucradas y tuvo como consecuencia un resultado por demás deplorable, como la fuga de un narcotraficante peligroso.

El episodio es poco claro y tiene que tener responsables, independientemente de si hubo o no delitos comprobables como podría ser que alguien hubiera pagado a un funcionario público por agilizar el trámite.

Ni siquiera hablo de volúmenes importantes de dinero, a veces un billete de 100 dólares, dobladito y por debajo de la mesa, agilita un expediente.

Eso es parte de una investigación judicial, pero políticamente no es determinante. Políticamente es un desastre.

Conste que yo quiero creer que la Dra. Carolina Ache puede haber caído en la trampa en forma por demás inocente. Es joven, sin mucha experiencia, elegante y tal vez algo ingenua. Debió moverse con maneras diplomáticas en un mundo de tahúres.

No obstante, parece obvio que la subsecretaria de Relaciones Exteriores ha faltado a la verdad muchas veces, lo que no es raro es un gobierno de mentirosos.

Ha ocultado mientras pudo su conversación con el subsecretario Guillermo Maciel, en la que este le revelara la verdadera peligrosidad de Marset. Increíblemente es hasta posible que no le comentara al ministro Francisco Bustillo el problema que se estaba creando si Marset obtenía la libertad. Esta más que claro que no reveló los chats con el subsecretario del Interior hasta que la Justicia le obligó a entregarlos.

Además, destacó varias veces que lo hacía voluntariamente cuando el ministerio no había respondido a los pedidos de acceso a la información pública y solo entregó los antecedentes documentales que se le reclamaban cuando la Justicia lo requirió.

Parecería que el Ministerio del Interior es el responsable de haber entregado el pasaporte, por lo que el subsecretario del Interior no puede eludir su responsabilidad.

Tampoco pueden zafar los ministros Luis Alberto Heber ni Francisco Bustillo.

Lo menos que puede hacerse es cesarlos a los 4 si queremos cerrar este episodio abrochándolo como un error involuntario. De lo contrario, seguirán apareciendo nuevos elementos que arrojarán aún mayor responsabilidad al gobierno.

Cuando todavía no se apagó el incendio que había provocado el pasaporte otorgado a Marset, explotó una bomba en la Torre Ejecutiva.

Alejandro Astesiano fue el elegido de Luis para ser su custodia personal. Cuidaba de él, de su familia, de su esposa y de sus hijos.

Lo acompañaba más de los dos tercios del tiempo de todos los días, incluyendo los domingos y feriados, lo seguía en su vacaciones, cumplía con tareas muy confidenciales.

También lo había hecho con su padre y su madre, tal vez con sus hermanos.

Era guardaespaldas, chofer, compañero y confidente. Probablemente era también un buen amigo. Jardinero no, porque esa labor era privativa de Loly, la paisajista de la familia. Y con Loly no se llevaba tan bien.

Astesiano no se separaba de su celular o de sus tres celulares. Conste que dos de ellos brillan por su ausencia.

Es raro que Luis no tuviera alguna curiosidad por el rarísimo comportamiento de una persona de la que creía saber todo, pero que mantenía un chateo interminable, hoy se sabe que con cientos de contactos.

Muchas veces lo hacía mientras acompañaba a “Luis”, probablemente muy desatento con lo que pasaba a su alrededor, muy concentrado en decenas de intercambios diarios en donde engaños, estafas, propuestas, emprendimientos y gauchadas se multiplicaban como metástasis.

Es raro que “Luis” no le dijera con cariño: “Attenti al lupo!” cuando el gordo no apartaba sus ojos del celular distrayéndose de lo que pasaba en el potencialmente peligroso entorno.

Ni las publicaciones en la prensa de los antecedentes del patovica oficial, ni las advertencias de su Ministro del Interior, ni la del director de la Inteligencia Estratégica del Estado pudieron convencer a “Luis” de que estaba haciendo una macana.

Raro que su padre y su madre, que nadie puede decir que no sean astutos, no le advirtieran también. Ni Loly, a quien semejante confianza y complicidad con su marido no le gustaba nada.

Pero la voluntad de un reyezuelo es difícil de torcer.

Quiero creer que fue solamente un “error”, aunque semejante credulidad no me da para aventar todas las sospechas.

Pero el mismo Luis ha dicho que se trató de un gran error, en el que además comprometió a todo su entorno, que no tuvo más opción que confiar en Astesiano porque había adquirido el poder de un Rasputín.

Ferrés le nombró jefe de la custodia y después le mintió al Parlamento para ocultarlo.

Juan Seré, quién se ocupa de los “negocios” en la mesa chica, le encargaba la seguridad de su empresa y le pedía que si podía enviara algunos coraceros de la Republicana

En 30 meses Astesiano cantó cartón lleno.

Vendió pasaportes falsos, usó bienes y personal policial para espionaje, espió a parlamentarios para empresas y empresarios que se lo requirieron, intervino para facilitar licitaciones y compras del Estado, accedió a las cámaras de vigilancia de la policía y a los sistemas de interceptación telefónica de la inteligencia estatal, obtuvo un pasaporte diplomático para él sin que le correspondiera, tenía una empresa de seguridad, vendía terrenos de la Agencia Nacional de Vivienda, manejaba un puticlub, alquilaba apartamentos en un complejo de viviendas, conseguía entrevistas a “Luis”, aceleraba trámites, involucraba a los mandos de la Policía, hacía seguimientos a las parejas de sus amigos.

Era un garca que no le hacía asco a nada y, según lo revela en sus chats, lo consultaba todo con “Luis”.

Algunos de sus chats serían posiblemente pequeños “cuentos del tío” y un uso un poco delirante de sus presuntas capacidades e influencias.

Pero otras saldrían bien. De alguna manera su fama llegó a Medio Oriente, empresas en Miami obtenían licitaciones con el Estado, empresarios argentinos le pedían gestiones y los jerarcas de la Policía le permitían que se requirieran sus servicios.

Todo desde la Torre Ejecutiva y chateando al lado de “Luis”.

Es posible que todo sea un error, pero alguien tiene que pagar por el error.

No se puede dejar todo para que lo resuelva la Justicia porque en semejante desaguisado no se necesita probar que hubo delitos.

Si hubo delitos, es grave, si el único delincuente es Astesiano, bárbaro, y si lo único que se demuestra es que Luis es solo un tonto, mejor.

A mí me parece que “Luis” más bien está pasado de vivo si cree que puede mentir con tanto desparpajado.

Pero hay demasiada basura para que todo quede en nada.

La coalición ha cerrado filas para respaldar al gobierno.

Si acaso puede caer Carolina Ache y no pasa nada.

A Manini ya le salvaron los fueros y ahora le nombraron colono como para asegurar su apoyo, al menos unos meses más.

Lo demás está sólido, no los une el amor, sino el espanto.

Lo mejor es que no renuncie nadie, que el presidente diga que fue un error, que no le pida la renuncia a nadie y que él siga hasta el fin de su mandato como corresponde a un país “serio”.

Que haga como que se la creyó y nosotros hagamos como que le creemos.

Tal vez no sea necesario que se vayan Bustillo y Heber para no darle una victoria a la oposición.

Tal vez más cómodo es que se vayan todos.

Para eso hay que cesar el gabinete entero, provocar una crisis y que sea el presidente el que elija quién paga los platos rotos.

Que nombre un nuevo Consejo de Ministros, que repitan los que no estén tan comprometidos y que la cúpula policial se vaya a su casa y se nombren policías honestos.

Para hacer esto, “Luis” no tiene que consultar al Fibra.

Tal vez así se pueda borrar y empezar de nuevo. Tal vez pueda continuar con sus grandes reformas. De no ser así, esta historia va a acompañar a Lacalle Pou un par de años mientras la Justicia investiga y se acumulan nuevas denuncias que no van a caer en saco roto, porque ya perdimos la inocencia.

Temas

Más Leídas

Seguí Leyendo