Acorralados por el malestar social, el gobierno anunció nuevas medidas esta semana que prácticamente copian de algunas medidas propuestas por el Frente Amplio y por las organizaciones sociales que antes habían denostado, como congelar el precio de la garrafa de gas, pero las aplican tarde y, sobre todo, mal, haciendo anuncios de aumentos marginales de asignaciones para dentro de varios meses, como ya habían anunciado incrementos a cuenta para jubilaciones y salarios públicos con cuatro meses de anticipación a su aplicación. Mientras tanto, la gente sufre y el gobierno solo produce iniciativas publicitarias para contener la disconfomidad social con anuncios de ejecución postergada.
Es curioso cómo no se dan cuenta de que con anuncios inconcretos, así, lejos de producir cierto alivio, producen más enojo en la gente. Pero es posible que no lo vean, en primer lugar porque no lo viven y porque les cuesta hasta sociológicamente empatizar con los que la pasan mal, pero además porque continúan encomendados a una omnipotente maquinaria de agencia publicitaria que hace agua por todos lados, empezando por el cuidado de la imagen del presidente y de su familia, a la que habían convertido en un activo gubernamental hasta que se produjo la sonora ruptura de los últimos días.
Al cierre de esta edición, la diputada Bettiana Díaz interpelaba a la ministra de Economía sobre la situación general de aumento de precios y caída del salario real y la secretaria de Estado se proponía a reiterar su letanía negacionista, como si la realidad pudiese ser interdicta por un discurso preestablecido, repleto de voluntad y buenas intenciones, pero plagado de inconsistencias y, sobre todo, refutado por los indicadores sociales reales (no los vergonzosamente maquillados) y por el padecimiento cotidiano de la mayoría de los uruguayos.
El gobierno de Lacalle Pou, pasada casi la mitad de su mandato no ha logrado concretar nada como obra rescatable o visible, salvo la Ley de Urgente Consideración, que la mitad de la población rechaza y que, por lo demás, no ha obtenido ningún logro en materia de seguridad o educación, como anticipaban. Pero a las obras que no ha hecho, a los programas que no existen, a los proyectos que no se vislumbran, se añade lo que sí se puede considerar un resultado inequívoco del gobierno: el empobrecimiento general de la población. Por eso a nadie le puede llamar la atención la evolución de las encuestas de opinión pública, como la recién salida de Equipos, y a nadie le podrá sorprender que los sucesivos sondeos muestren el desbarranco.