El pasado miércoles, el Senado de la República constituyó una comisión preinvestigadora para que el pleno conforme en las próximas horas una investigadora que analice todo el caso desde 2014, cuando el sistema político alcanzó y manifestó su acuerdo con el carácter estratégico de la adquisición de este tipo de capacidades militares para la protección de nuestro mar territorial. Ni cortos ni perezosos, los blancos presentaron en la Cámara de Diputados, donde el oficialismo no tiene mayoría, otra iniciativa de comisión investigadora, pero sobre la rescisión del contrato, y analizando desde 2005, es decir, desde que asumió el primer gobierno del Frente Amplio, hace más de veinte años. Lo más probable es que las dos comisiones tengan los votos, porque en el Senado los tiene el oficialismo, que quiere hacer foco en el escándalo del contrato de Cardama –tema que, objetivamente, es el único que importa dirimir en sus responsabilidades y eventuales desviaciones o actos de corrupción–, y en Diputados tiene mayoría la oposición que, liderada por el Partido Nacional, pretende abogar por la empresa y desviar la atención de las profundas irregularidades para compensar el daño reputacional que traerá aparejado para algunos de sus más notables dirigentes la investigación que se llevará adelante en la Cámara Alta.