Cartes es o era concuñado de nuestro Pedro Bordaberry y es mentor del recientemente elegido presidente de Paraguay, Santiago Peña, quién recibió las felicitaciones tempranas de Luis Lacalle Pou, a pocos minutos de haber ganado las dudosas elecciones de un país que muchos califican, con razones, como un narcoestado.
Hace pocas semanas se conoció que durante el curso de una investigación judicial se supo que un parlamentario paraguayo, hoy reelegido diputado, estuvo haciendo una vaca para obtener medio millón de dólares para liberar a Marset, dinero que probablemente habría recibido el o los que le consiguieron, adjudicaron, obtuvieron o proporcionaron el antedicho pasaporte al mafioso.
No habían pasado ni unos días cuando al regresar de una semana de vacaciones el presidente Lacalle Pou con sus hijos, fue detenido al pisar tierra uruguaya su jefe de custodia, Alejandro Astesiano.
Astesiano, quien era investigado por integrar una banda que en apariencia se dedicaba a suministrar pasaportes uruguayos a ciudadanos rusos mediante una maniobra de sustitución de identidades, fue acompañado por el presidente en el auto oficial hasta la residencia presidencial, dándole tiempo para destruir o dar órdenes de destruir sus otros dos celulares y borrar el contenido del móvil que llevaba en se momento.
La operación tuvo increíbles derivaciones porque al ser secuestrado uno de sus tres teléfonos, surgieron evidencias de un rosario de actividades presumiblemente ilegales que involucraron a altos jefes policiales, jerarcas de la Presidencia de la república, empresarios e instituciones públicas.
La banda tenía una especie de sede en la Torre Ejecutiva a escasos metros de las oficinas del number one.
Astesiano tenía un pasaporte diplomático que se le había proporcionado en forma irregular y que fuera destruido en el propio Ministerio de Relaciones Exteriores cuando se reveló su existencia.
Se supo luego que el celular había sido entregado a la Fiscalía una vez que esta se había comprometido a no desencriptar los intercambios entre Astesiano y Lacalle Pou.
El procedimiento de lectura de los chats y audios de Astesiano estuvo a cargo de una unidad policial comandada por alguien que fue o está siendo investigado por complicidades con el custodio presidencial.
La investigación fiscal y las diversas derivaciones de la misma hicieron evidente el blindaje de la cúpula del gobierno, la cual hasta el momento ha logrado eludir las instancias judiciales y ha esquivado las múltiples responsabilidades del secretario privado del presidente, el ministro del Interior, el secretario y el prosecretario de la Presidencia y alguno de sus principales asesores, quienes aparecen mencionados en cientos de chats y audios que se incautaron al patovica presidencial.
En el lapso que medió entre el “caso” Marset y el “caso” Astesiano, renunció Adrián Peña, el ministro de Medio Ambiente, quien inocentemente se había atribuido un título de licenciado que aún no había obtenido.
Esta más o menos inocente mentira le costó el ministerio. El caso muestra más que nada la hipocresía del gobierno y del sistema político que hace la vista gorda a la entrega del pasaporte al capo mafioso e ignora las revelaciones gravísimas de lo evidenciado por el caso Astesiano, que ensucian al presidente y todo su entorno, y lo pelan de las plumas al pobre Peña, que al fin de cuentas solo hizo una inocente travesura que, por otra parte, no lo benefició en nada.
Cuando Peña, recuperado del nocaut, se reintegraba a su trabajo parlamentario, comenzó a tambalearse el senador Gustavo Penadés, acusado de ser un pedófilo por media docena de menores de edad, que han ratificado en la Fiscalía de delitos sexuales sus denuncias sin que Penadés, ni el Partido Nacional, ni los socios de la coalición ni el resto del sistema político le exigieran, al menos, tener la delicadeza de apartarse del cargo mientras dure la investigación, aunque más no sea por respeto al Parlamento y a la gente que cree que perfectamente puede ser posible que estemos ante un abusador de menores que debe recibir todo el peso de la ley y la condena de la sociedad toda.
Primero fue el ministro de Turismo, Germán Cardoso, después fue Carolina Ache, después Adrián Peña y ahora el mismísimo Lacalle Pou convoca a Irene Moreira, la ministra de Vivienda, para preguntarle los motivos por los que le otorgó una vivienda a una militante de Cabildo Abierto sin que ella siquiera se hubiera anotado para solicitarla.
Entre todos los convocados a justificarse ante el reyezuelo, tal vez alguno le pregunte al presidente como le da el rostro para ponerse en el rol de Marco Poncio Catón, también conocido como “el censor”, cuando aún no ha respondido cuánto costaron las vacunas que proveyó Pfizer y quién cobró la comisión de aquellas vacunas chinas que habíamos comprado y el laboratorio que las había vendido ni se había enterado. ¿Qué justifica las regalías que han cobrado los canales de televisión privados por poner la señal en Vera TV? ¿Cuánto pusieron los canales en la campaña electoral pasada? ¿Qué se pagó con el decreto que demandaron las tabacaleras y que frustraron las aspiraciones del ministro Daniel Salinas, que procuraba obtener un cargo en la OPS? , ¿Qué otro paquete había junto al pescado en la valija diplomática que retiró Astesiano? ¿Por qué UTE pagó por un solo dron lo que a los griegos les costaron cinco? ¿Por qué compramos a España los aviones Hércules obsoletos que nunca sirvieron para nada?
¿Nadie le pregunta a Luis hasta qué extremos llegaban sus chateos con el Fibra?
¿Nadie se pregunta por qué no aparecieron los otros dos celulares o por qué empezó a sentir miedo Astesiano cuando dijo que Álvaro Delgado se reunió con los rusos?
¿Nadie sabe por qué la fiscal Gabriela Fossati se inmoló cuando había jurado no hacerlo?
¿Nadie se pregunta por qué mintió Luis Alberto Heber cuando dijo que nadie tenía acceso al Guardián? ¿Por qué Ferrés dijo que Astesiano no era el jefe de la custodia?
Era obvio que Irene Moreira iba a convencer al presidente de que está bien darle una vivienda a una militante de Cabildo Abierto. Al final era lo que estaba habilitada para hacer porque tenía una cuota para el “clientelismo”. Y a veces no la había usado.
También Manini hace unos meses convenció a Lacalle de no votar el desafuero cuando la Justicia lo pedía y también ambos lo convencieron de que no eran colonos cuando no había cómo rebatir la evidencia.
Mientras necesite los votos de Cabildo, Lacalle dirá que la tierra es cuadrada si se lo pide Manini.
Manini se lo dijo clarito y, a buen entendedor, pocas palabras bastan.
El mensaje fue inequívoco: “Todos hacemos lo mismo”.
Lo que en buen romance quiere decir: “Andá a cagar, Luis, que se te ven los lienzos”.
Sería pura hipocresía decirle que le sientan las pilchas cuando al rey se lo ve desnudo.