A partir de las declaraciones de Gavazzo al Tribunal de Honor, en las que detalla cómo se deshizo del cadáver de Roberto Gomensoro en 1973 y las de Pajarito Silveira, en las que responsabiliza a Gavazzo en casi su totalidad, se abre un nuevo capítulo en la historia reciente. Según algunos referentes políticos, un pacto de silencio se rompió; según otros, se había roto hace tiempo. Pero lo cierto es que nada será igual después de esa confesión de parte, en la que uno de los más truculentos torturadores admite la desaparición de un prisionero. Pero también son significativas las confesiones de Silveira, que acusa a Gavazzo de formar parte literalmente del Plan Cóndor, en tanto coordinaba acciones con nada menos que Aníbal Gordon en la Argentina. Gordon era uno de los más temidos represores, líder de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA). Es inevitable relacionar este hecho con Automotores Orletti, centro de detención y tortura clandestino en Argentina por el que pasaron muchos uruguayos. La acusación a su viejo hermano de armas no terminó ahí, y lo relacionó también con delitos económicos, robo de bienes a desaparecidos y “apropiación de inmuebles que pertenecían a militantes políticos secuestrados”. Silveira además sostiene que los desaparecidos uruguayos hubieran sido menos sin la participación de Gavazzo, en una especie de perversa ucronía: «Hubieran sido 25 y no más de 100, como finalmente fue». Resumiendo, podemos decir que más allá de los detalles de los testimonios (cada uno podrá analizarlos a la luz de sus pareceres), es claro que estas declaraciones gritaban por ser presentadas en un juzgado. No por una cuestión de mandatos históricos, sino por la lisa y llana ley: la obligación de los funcionarios públicos de denunciar ilícitos. Según los generales del tribunal ellos plantearon este tema al comandante en jefe. Este dio la orden de proseguir con el tribunal, una especie de siga siga en el fútbol. Manini suponía -en su libre interpretación- que Gavazzo estaba retrasando el fallo del tribunal. Allí entra el Ministerio de Defensa Nacional. Tras el fallo del tribunal, que claramente un civil como uno no puede comprender, el expediente con la declaración arriba al Poder Ejecutivo. El tribunal falla de una forma incomprensible, en la cual hacer desaparecer a alguien no es un deshonor a las fuerzas, mientras que dejar en prisión a un hermano de armas sí lo es. Recordemos que el coronel Juan Carlos Gómez fue procesado y cumplió prisión por la desaparición de Gomensoro y allí radica el deshonor de Gavazzo. Este es un detalle no menor atado con el inicio de esta nota.