El discurso del novel presidente tuvo errores de diagnóstico; falta de elegancia, con un gobierno cuyo presidente lo recibió con gestos de madurez republicana sin precedentes. Criticó los resultados en todo aquello que el mundo entero reconoce como éxitos de Uruguay: educación, macroeconomía; usó retórica preelectoral. Es el resultado de las dificultades en conformar una frágil coalición a la que no han encontrado una denominación más certera que “multicolor.”
“Hoy estamos ante un momento de cambio político. Es la primera vez en la historia que el gobierno será ejercido por una coalición compuesta de cinco partidos políticos. Y, obviamente, como todo lo nuevo, genera incertidumbres y se hace camino al andar”. O sea, que el país tenga el presidente con menor respaldo popular propio de su historia, él mismo lo describió no como su mayor fragilidad, sino como un hecho fundacional. No como debilidad, sino como fortaleza.
Fundacional puede haber sido que, desde que hay segunda vuelta, el Frente Amplio sea el único que ha ganado en primera vuelta. Que desde que tomó la Intendencia de Montevideo en 1990, siempre la vuelve a ganar por márgenes enormes. Ya la elección pasada se juntaron todos contra el FA y volvieron a perder. Pero, para los multicolores, eso no es fundacional.
No pueden caber dudas, es claramente restaurador. ¿Qué es lo único que une a los cinco partidos “multicolores?”. El neoliberalismo. Probado y fracasado en Uruguay y al que se quiere restaurar en momentos en que ya hizo agua en toda la región. Ni siquiera es original en el intento. Tenemos en nuestras narices a Colombia, Brasil, Chile, Ecuador y el golpe de Bolivia.
La presencia internacional fue elocuente: el rey de España fue una vista importante. Pero, salvo la presencia de Felipe VI, lo demás fue una caricatura de la restauración. Almagro, por unas horas los presidente de Chile, Colombia, Paraguay y Brasil. El presidente de Argentina no vino. Es el único país que interrumpió por veredicto popular la restauración. Hasta entonces, Macri era el modelo de la oferta electoral de Lacalle.
Quizás por todo ello, EEUU mandó una delegación de asombroso bajo nivel. Andrew Wheeler no es, como se le presentó, subsecretario de Medio Ambiente. Es un empresario desempeñándose interinamente como administrador de la Agencia de Protección Ambiental desde hace unos meses. Estaba de visita en Buenos Aires. Desde la intervención británica a la India (de donde viene el nombre cipayo), estos nunca son premiados, solamente usados por el imperio.
¿Hay unidad interna en torno a cómo manejar esta restauración? No creo. Lacalle Pou debió insistir varias veces que la decisión de “desinvitar” a Cuba, Venezuela y Nicaragua era de él y no de su futuro gobierno. Pompeo, secretario de Estado de Trump, reconoció habérselo pedido. ¿Por qué no consideró dictadura a Haití, donde prenden fuego a los manifestantes hasta causarles la muerte, ni a Honduras, donde la propia misión de OEA calificó de inválidas las elecciones? El primer día en ejercicio del cargo, el canciller Talvi dijo que la política exterior no estará marcada por signos ideológicos. ¿Cuál de los dos encofrados criterios se impondrá?
Esperamos que el gobierno no insista en la restauración con nombre fundacional. No lo merece el medio país que no lo votó ni la gran mayoría de que lo votó. Sobre todo roguemos para que el costo social y la represión de otros gobernantes que han intentado restaurar el neoliberalismo no ocurran en Uruguay.