Veamos en diciembre del mismo año. No pueden entrar los argentinos a Uruguay, salvo residentes que tuvieran pasaje marcado. Quedaron fuera incluso los ciudadanos uruguayos que no tuvieran pasaje marcado antes del 16 de diciembre. Prohibió aglomeraciones, modificando la Constitución, sin precisar qué cantidad de gente involucra ello. Se puso horario de cierre de bares. No digo que esté mal, digo que una de las dos veces se equivocó. Que se haga cargo. No otra vez ‘la culpa es de la gente’.
El 7 de enero el director de Transporte del MTOP, Carlos Flores, nos da alguna pista de dónde estamos parados. En el programa Esta boca es mía anuncia que se levanta el subsidio al transporte interdepartamental. Eso sí, se quita la restricción del aforo. Explica: “Las empresas de ómnibus están muy mal porque con un aforo de 50% solo viaja 40% y por eso pierden plata. Pero si el aforo es de 50% y viaja 40%, ¿por qué lo quita? Un sanateo para decir “al diablo el cuidar la gente, nos ahorramos el subsidio y chau”. Yo diría que rematara: “¿Somos neo liberales o no?”.
Heber, el ministro, habló por primera vez el fin de semana. Llamó la atención su ausencia en las reuniones que la Cámara del Transporte tuvo con el presidente pluricolor, pero también lo hizo el secretario de la Presidencia, que sí estuvo en las reuniones. Ambos en la misma dirección: “Esto ya fue, lo peor pasó y fue debido a las fiestas”. Ese mismo día Uruguay pasó de alrededor de un 8% de tests positivos a un 14,2%. Perdieron la oportunidad de callarse, pero hablaron de mañana y las cifras se conocieron de tarde.
La inmadurez es contagiosa como el virus. Hace gala de la insensibilidad con la gente de a pie, una vez más, el director de OPP. Alfie declaró contra Uruguay en el juicio de la multinacional Aratirí para la cual “trabajaba”. Declaró sobre el coronavirus que era “una avivada de los uruguayos. Muchos piden licencia argumentando que estuvieron en contacto con una persona contagiada”. De acá en delante se presume culpabilidad: todos bajo sospecha. Patético.
Las agremiaciones médicas han demostrado en sucesivos y numerosos comunicados su malestar con la falta de rumbo. Cancillería lleva anunciados varios entendimientos con diversos fabricantes de vacunas. El Frente Amplio tiende, una vez más, puentes de diálogo. La entrevista con el ministro de Salud fue concedida y luego suspendida ya que dicho ministerio no controla el tema de la vacuna. ¿Cual será? El Ministerio del Interior está demasiado ocupado y el de Defensa, comprando aviones para proteger “nuestra reserva de agua potable”, ¿El de Medio Ambiente? No sé.
Con esta inmadurez colectiva, sin noticias sobre la vacuna, con señales confusas y contradicciones, entra Uruguay a la fase más peligrosa de la pandemia. El presidente tampoco ayuda mucho. Dicta cátedra con su apasionado amor por las cámaras y los flashes y se va sin escala a sortear otras olas, que no son las de los contagios; las del surf en un balneario de Rocha.