Los dos candidatos que disputaron la presidencia definieron al ganador con muy poca diferencia uno del otro, Laurentino “Nito” Cortizo ganó por el 2% a Rómulo Roux, Nito por una coalición de centro izquierda y Roux por una coalición de centro derecha.
La campaña estuvo caracterizada por ya consabido discurso de la derecha de: “Si votan a este candidato nos vamos a volver como Venezuela”; sin embargo, Panamá ya ha tenido en otras ocasiones gobiernos de centro izquierda y de fuerzas progresistas que lograron avances importantes en materia social, aunque no lograron consolidar un proyecto para su permanencia.
La gran derrotada fue la derecha neoliberal, encarnada en José Blandón, quien se presentó como el candidato del oficialismo y quedó en el cuarto lugar, siendo incluso superado por el candidato independiente Ricardo Lombana.
Nito Cortizo es un empresario de 66 años relacionado con el sector agrícola, su carrera política la inició como parlamentario en 1994 y luego de eso ha estado relacionado de cerca con el proyecto encabezado por Omar Torrijos, siendo ministro de desarrollo agropecuario durante la administración de Martín Torrijos.
Es importante resaltar que, a pesar de la aceptación que tuvo su proyecto encaminado a luchar contra la corrupción y la desigualdad, fue necesaria una alianza electoral con el Movimiento Liberal Republicano Nacionalista; la convergencia que se llamó Uniendo Fuerzas fue la que determinó la victoria de Cortijo en los comicios del 5 de mayo.
El reto a enfrentar es grande, pues en el transcurso de los últimos 10 años en que gobernó la derecha neoliberal el país sintió con fuerza los embates de la crisis social que sólo afecta a las capas más sumergidas, mientras las luces y las cámaras apuntaron siempre a los rascacielos de la imponente zona financiera de ciudad de Panamá. De otro lado Panamá también se ha visto inmersa en los escándalos de corrupción que han extendido sus redes por casi toda Latinoamérica, pero con la agravante de ser un paraíso fiscal, lo que convierte a quien dirija su política financiera en un blanco de la corrupción que buscará favorecimientos y prebendas.
Desde la perspectiva internacional, el recién electo presidente afirmó que es muy importante revisar el reconocimiento al diputado Guaidó como presidente interino de Venezuela y la participación de Panamá en el Grupo de Lima. Aunque aún no hace un pronunciamiento oficial a este respecto, se mostró proclive a fomentar los canales de diálogo entre las partes involucradas en la situación que atraviesa Venezuela.
Finalmente la muestra de lo que ocurrió en Panamá es que la correlación de fuerzas en la región no está tan definida hacia la derecha como se quiere hacer ver en otros escenarios, no es tan cierto que el continente clame por un cambio en el rumbo y los acontecimientos recientes en Brasil y los ya no tan recientes en Argentina cuestionan a la población acerca del tipo de esquema gubernamental y de dirección política que buscan; el gran faro que la ultraderecha ha enarbolado hace varios años, que es la situación de Venezuela, no muestra que se defina a su favor con la facilidad con que lo mostraban inicialmente, y el gran apoyo que continúa siendo notorio alrededor del proyecto bolivariano ha puesto a cuestionarse a muchas personas sobre la realidad que muestran los medios. Por ahora, la derecha más atrasada perdió un aliado durante el período 2019–2024.