Como resultado de la Lava Jato, Brasil tiene el gobierno más desprestigiado de su historia en el plano internacional, el presidente más ridiculizado dentro y fuera del país, el que más declaraciones ridículas realiza todos los días y más desprestigia el cargo que tiene, mientras promueve la recesión y mantiene a 14 millones de personas en el desempleo.
Mientras tanto, la imagen de Lula solo crece dentro y fuera de Brasil. Incluso gente que se había dejado llevar por las acusaciones de corrupción que habrían involucrado a Lula, ahora se dan cuenta, informados de las condiciones jurídicas y políticas de su condena, de que Lula es absolutamente inocente, que no hay un centavo indebido en sus cuentas, que su proceso es político. Que él fue condenado no por pruebas, sino por convicciones. No hay derecho que no se apoye en pruebas.
Lula reafirma, por todo ello, que solo saldrá de la prisión con su inocencia reconocida. No acepta acogerse a ningún otro mecanismo, ni siquiera la prisión domiciliaria, a la que tendría derecho a partir de octubre. Porque significaría reconocer la condena y apelar para la prisión domiciliaria a que tiene derecho un condenado después de cumplir 1/6 de la pena. Lula no reconoce la condena. Solo acepta salir absolutamente inocente.
Posibilidad que se no se veía por donde podría ocurrir. Hasta que las revelaciones de Intercept desmienten uno de los más grandes absurdos judiciales de Brasil: que el Supremo Tribunal Federal haya declarado, en reiteradas veces, que el juez Sérgio Moro no tendría potestad para juzgar a Lula. Después de denuncias circunstanciadas en la dirección contraria, las conversaciones de Moro confirman fehacientemente como él y los otros jueces de la Lava Jato han actuado de forma mancomunada políticamente, incluso falsificando datos, para condenar a Lula sin pruebas, como una operación de carácter político.
El clima se vuele insoportable para el STF, que no puede mantener la supuesta aptitud de Moro. Pasa que, si acaso el STF agarra coraje y declara a Moro no apto, simplemente anula todos los procesos que él ha comandado en contra de Lula, que saldría libre. Hay dos decisiones a tomar en las próximas semanas o meses sobre este tema.
Mientras tanto, el gobierno se desgasta cada vez más, pelea de manera cada vez más dura con los mismos medios, vacila en ir o no ir a dar el discurso inaugural en la Asamblea General de Naciones Unidas, con el riesgo de manifestaciones de repudio dentro y fuera de la ONU, y deja el país sin gobierno, preocupándose más en obtener los votos para que su hijo pueda ser embajador en EEUU y maniobrar para que los otros dos hijos puedan escapar de los procesos por corrupción.
Ese es el Brasil en el que quien debería estar presidiendo el país está preso, a pesar de ser inocente, mientras que está en la presidencia quien debería estar preso.