La bifronte Cancillería uruguaya
Uruguay produjo recientemente antecedentes inéditos en el campo diplomático. Por un lado, los dos máximos exponentes de la oposición, los expresidentes Sanguinetti y Lacalle, firmaron junto a otros exmandatarios una declaración en la que reconocieron al presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Guaidó, como “presidente encargado de Venezuela”, algo que la constitución venezolana contempla ante circunstancias particulares que -como sostuve en otro artículo- no se cumplen en la actualidad y cuya función excluyente es llamar a elecciones inmediatas y garantizarlas. Pero no es el bando en el que se sitúan estos dos viejos políticos ante la crisis venezolana lo que llama la atención, sino el hecho de que lo hicieron 9 días antes de la autoproclamación del propio “encargado”, exhibiendo una capacidad predictiva asombrosa, o más probablemente la sumisión conspirativamente coordinada con las directivas de Washington a través de su embajada. En otros términos, no es Guaidó quien en un arrebato ante las masas se autoproclama en tal figura constitucional inaplicable, sino quien actúa el guión preestablecido. Pero por otro, el oficialismo, a través de la Cancillería, suscribió dos declaraciones contradictorias entre sí, una de las cuales resulta rayana con las exigencias opositoras que más allá de plazos demanda adelantamiento electoral impugnando lo actuado hace menos de un año. Es prácticamente un reconocimiento de la ridícula excusa escenificada.