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Cultura |

EDUARDO LARBANOIS

La ética como bandera

En espacio de reflexión e ideas, Eduardo habló de la cultura, la música, el país, la solidaridad, los embates de odio, las ollas populares y el movimiento sindical. También se detuvo a conversar sobre Dino, Nancy Guguich, Horacio Buscaglia, Alfredo Zitarrosa, José Carbajal, Daniel Viglietti, Pablo Estramín, Jaime Roos, Julio Cobelli, Nicolás Ibarburu, Guzmán Mendaro, Poly Rodríguez y Christian Cary, entre otros.

Producción: Viviana Rumbo

Más de 40 años de historia musical desde el nacimiento del dúo Larbanois-Carrero, decenas de discos grabados, actuaciones en Cuba, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Argentina -entre otros- y actuaciones en escenarios compartidos con Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Paco Ibáñez, León Gieco, Pablo Milanés y cientos de artistas más, son apenas algunos datos del camino artístico construido por Eduardo Larbanois.

Los rincones de la vida de Eduardo están repletos de armonías de escalas mayores y pequeñas -casi imperceptibles- inevitables disonancias. Tal vez asociadas a los momentos más dolorosos de los años en los que abyectos civiles junto a militares golpistas secuestraron la libertad en nombre de la Patria, la seguridad, la moral, la disciplina y el orden público. Nieto de músicos y de uno de los fundadores del Partido Comunista en Tacuarembó, bisnieto de  belgas que llegaron a principios del siglo XX, Eduardo Larbanois creció en tierra de Gardel, donde la palabra siempre  fue tesoro a cuidar. Se fascinó con instrumentos de viento escondidos en armarios de tristeza y olvido y se fabricó su primera guitarra con un trozo de madera de una cama rota, una lata de aceite de las de antes y banditas elásticas que fueron las mejores primas y bordonas del mundo. Cuando recibió un diploma por sus calificaciones en primero de liceo, como premio la familia le regaló una guitarra “de verdad”, con la condición que estudiara “en serio”, tal como le dijo su mamá Aracelia Santa Marina. Esa pauta que le marcó el camino del estudio la sigue agradeciendo hasta el día de hoy. Leyó, estudió, escuchó y amorosamente cuidó versos, textos, consejos, guiños y aprendizajes de Washington Benavídez, Eduardo Darnauchans, Estela Ibarburu, Nelly Pacheco, Abel Carlevaro, Esteban Klisich y muchos más. Entre partituras y exámenes por corregir y miles de ideas, proyectos, arpegios y poesía, Larbanois respira cada minuto de la historia como el más precioso tesoro cultural por descubrir. Para Eduardo, la música no se concibe sin un compromiso ético. Coherencia de vida de un cantor y su guitarra. Admirado y querido, ha desplegado música y poesía por todas partes del mundo con su pariente del alma, Mario Carrero, pero también en cientos de proyectos que lo invitan para grabar o compartir escenario. Lo quieren hasta los árboles y las plantas y los atriles y sus colegas y -especialmente- las familias que crecieron entre cometas sobre los muros y tantas pequeñas historias propias de esta tierra. Hombre de camino colectivo. Sembrador. Anda por los rincones de la Patria y de la vida cantando a los cuatro vientos que si el diablo gobierna hay que tener cuidado y que la cultura nunca puede estar de lado, porque no todo está en venta y no todo es mercado.

“Cuando era un niño yo salía de mañana con mi abuelo Camilo a comprar el pan. Pasaba el carro del lechero, la mañana recién comenzaba y nosotros nos íbamos a la panadería y demorábamos como una hora porque mi abuelo se paraba a conversar con todo el barrio. Charlaba con cada uno que se le cruzaba, con la gente que trabajaba en la panadería, así nos pasábamos la mañana mientras yo ligaba algún bizcocho de regalo. Volvíamos a casa tardísimo y la abuela Adela, descendiente de charrúas, siempre estaba malísima porque nos habíamos pasado la mañana de charla con los vecinos y vecinas (risas). Después él sufrió mucho porque en el pueblo algunos lo señalaban por haber sido uno de los fundadores del Partido Comunista en Tacuarembó. Y no fue fácil eso. Para mí él fue toda una referencia y se fue demasiado pronto, cuando yo tenía catorce años. Me hubiera gustado tenerlo mucho más tiempo conmigo. Por parte de madre, mi abuelo Pablo era descendiente de vascos y doña Rosa descendiente de guaraníes.

 

¿El anticomunismo de aquellos años de la Guerra Fría está volviendo ahora en el siglo XXI? ¿Hay cierta normalización de ese discurso en la actualidad?

Por supuesto. Recordemos aquellas palabras que el lugarteniente de Hitler, Hermann Göering, dijo en el juicio de Núremberg, cuando le preguntaron cómo habían hecho los nazis para lograr que el pueblo alemán actuara del modo que lo hizo. Y él les contestó que es algo que está en la naturaleza humana y que generar miedo es un método efectivo para esclavizar a la gente. Es decir, los grandes dictadores de la historia han reconocido que la herramienta más poderosa que hay es el miedo. El sistema siempre utilizó el miedo y conoce esa herramienta. Lo que va cambiando de nombre es el cuco. Y en la Guerra Fría fue muy virulenta la forma en la que agitaron esos cucos. Pero como la gente no tiene tiempo de estudiar y está atosigada de desinformación, tal vez las nuevas generaciones no conozcan en profundidad lo que fueron esos años. Como la memoria es frágil y los medios son los dueños del mundo, nos vivimos enterando de cosas que no son útiles, que no importan y las verdaderamente importantes no están en la agenda informativa. Se supone que los medios de difusión son patrimonio de la humanidad, pero quienes los administran se asumen como dueños y manejan a su libre albedrío lo que gente tiene que escuchar o ver, y hasta qué comer y cómo vestirse. El objetivo del sistema es uniformizar para vender lo mismo a todo el mundo. Por eso se ataca tanto la identidad de los pueblos que es lo más valioso que tenemos, las diferencias y particularidades de cada tierra. Tal vez sea algo aburrido para la lógica del mercado, pero cuando voy a otro país quiero conocer su música, qué bailan, cantan, comen, a qué juegan, cómo se visten. Y eso es lo que te hace entender las diferencias.

 

El miedo y la uniformización cultural construyen la idea que el distinto, el otro, siempre es sospechoso.

Sí, claro. Agitan el cuco como herramienta. Yo recuerdo las elecciones del año 71 cuando los afiches de los pachequistas aparecían los tanques de guerra rusos pisando a la gente en las calles y nos decían que si ganaba el FA iban a llevar a los hijos a Rusia y a Cuba.

 

Por estos días Julio María Sanguinetti volvió a hablar de la Unión Soviética.

Sí, se ha dedicado a agitar cucos. Lo curioso y contradictorio es que es un hombre culto, formado. Es muy embromado que aparezcan ciertas voces a asustar en lugar de proponer. Como decía Alfredo (Zitarrosa), ‘la ignorancia y la decencia del pueblo son sus amores y no encuentra causas mejores para comprarse otra estancia’.  Sanguinetti y sus cucos fomentan la ignorancia. Por eso se ataca siempre a la cultura y a la educación.

 

¿Crees que los ataques dirigidos a referentes de la cultura y a los sindicatos de la enseñanza han sido parte de una estrategia desarrollada por el actual gobierno?

Por supuesto que no es casual, es una política preestablecida. Y por supuesto además que indigna que un hombre fuerte de este gobierno, que ha pretendido dar una imagen de valor cuando en realidad se ha amparado en fueros para no enfrentar la justicia. Ese individuo debería limpiar su casa, porque recordemos que las nuevas generaciones de jóvenes militares cargan con una mochila heredada de una historia nefasta que a ellos no les corresponde. Y mientras tanto, generales como Manini (Ríos) no asumen su historia con la suficiente dignidad. Por eso me indigna cuando pretenden dar lecciones desde la soberbia mientras se amparan en fueros para atacar a la cultura o al pueblo trabajador, constructor de la democracia.

 

¿Cómo ves el rol del Pit-Cnt en este escenario actual? 

Es un ejemplo para el mundo. Uno que ha tenido la suerte de recorrer unos cuantos lugares en el mundo recibe eso. El Pit-Cnt es respetado en el mundo entero por sus actitudes solidarias y especialmente por el compromiso en la defensa del trabajador. El movimiento sindical organizado en el Pit-Cnt es un actor imprescindible. Es el símbolo de la democracia en nuestro país. Conozco además la intensidad de las discusiones internas y lo difícil que resulta mantener la unidad sindical. Pero cuando los objetivos son comunes y hay gente inteligente que pone lo mejor de sí misma para llevar adelante, es posible fortalecer esa unidad. Allí están todas las posiciones de los trabajadores del Uruguay. No hay forma más segura para un trabajador que estar sindicalizado. Un trabajador solo queda a merced de las tormentas de los malos empresarios. El sindicato lo que les permite es garantizar sus derechos y sus conquistas.

 

¿Cómo valoras que en este contexto de exacerbación de la lógica del mercado y el sálvese quien pueda, al mismo tiempo haya vuelto a emerger el tejido social para sostener ollas y merenderos, en buena medida ocupando los espacios que el Estado no atendió en relación a las urgencias de la población de los sectores más vulnerables?

Ya sabemos que si no es en grupo, no nos salvamos. El individuo solo no logra nada. El cuento del reparto de la torta lo venimos escuchando hace años y pudimos comprobar en reiteradas oportunidades que es una gran mentira. Aquello que decían Jorge Batlle y Luis Lacalle Herrera de agrandar la torta para repartir después todos vimos que nunca sucedió. Porque los ricos nunca reparten. De todos modos, la solidaridad es un elemento que está implícito en nuestra sociedad, incluso más allá de toda esa prédica permanente de ‘sálvate solo que los demás no importan’. Acá la mayoría sabemos que los demás son tus hermanos, son tus semejantes. Nuestro camino en la música es un ejemplo de ello. Hace 44 años que andamos en la vuelta con Mario (Carrero). Y todo ha sido gracias a que la gente ha sostenido nuestro trabajo, comprando una entrada, un disco, saludándonos con cariño en la calle. Si no fuera por eso no sé qué estaríamos haciendo. El camino es colectivo, el aprendizaje también, incluso para corregir errores de esos que se cometen haciendo cosas.

 

Más allá del trabajo desplegado durante estas décadas junto a decenas de colegas, ¿no queda pendiente cierta construcción gremial colectiva de las y los músicos?

Sí, porque el trabajo musical más allá que en muchas ocasiones se realice en grupo, es bastante solitario, especialmente en el aspecto creativo. Después hay un tema bien interesante para discutir y es cuando invocamos al pueblo desde cierto lugar. Cuando alguien dice que ‘canta para el pueblo’. No creo que debamos colocarnos en ese lugar por la sencilla razón que yo soy parte de ese pueblo y canto. Elijo cantar las vivencias de mi gente, de mis compañeros, del pueblo. Insisto, no es que canto para el pueblo, soy del pueblo. Y como consecuencia de ser parte de ese entorno social, mis canciones van a traducir la vivencia de ese grupo de gente. Después habrá gente que es más popular porque es más accesible y quienes son más elitistas y son tan válidos uno como el otro. Y también creo que a veces es importante embarrarte un poquito las patas, darte contra las paredes y aprender con  la gente. Porque es muy soberbio y vanidoso que hablemos de ‘llevar la cultura al barrio’. No, el barrio ya tiene su cultura. Andá a ver si ellos se sienten identificados con lo que vos hacés y probablemente vas a aprender muchísimo de lo que ellos están haciendo ahí.

 

Eso que decís de manera tan cuidadosa de la vanidad y la soberbia, en cierta manera es algo muy profundo de lo que pudo haber pecado la izquierda con su postura de mirar desde las alturas a los demás. ¿No?

Seguramente que sí. Y me parece que estamos aprendiendo. Si vos desembarcas en un barrio con tus ideas pensadas en un escritorio posiblemente te des de frente con la realidad. Aunque plantees la construcción de una policlínica. Seguramente te la van a romper, porque  no es de ellos, se la impusiste. Andá al barrio, hablá con la gente y preguntá qué necesitan. Y mejor aún, vos ocupate de conseguir los materiales, los técnicos y las herramientas y que la policlínica la hagan ellos. Vas a ver que esa no la rompen.

 

¿Crees que la izquierda está aprendiendo de sus posibles errores de soberbia?

Siempre se está aprendiendo.

 

¿Y el contacto con la gente de abajo?

Eso es esencial y la gente a su manera, ya explicó la lección. Muchachos, esto es así. La realidad está acá, no dentro de la oficina mandando órdenes hacia los barrios. Y creo que esos son mensajes que hay que saber escuchar. Porque siempre hay que seguir aprendiendo.

 

¿Y en relación al vínculo con la cultura? ¿Cuánto se pudo construir y qué faltó?

Nos han faltado mucho trabajar en la proyección de los artistas nacionales. Porque tenemos un país chiquito, con un mercado pequeño y faltó encontrar la forma de lograr que los artistas nacionales se consoliden y puedan crear con libertad. Es imprescindible proyectarlos hacia afuera. En América Latina tuvimos unos cuántos gobiernos progresistas y no logramos surgir culturalmente. Tuvimos gobiernos progresistas en Ecuador, Bolivia, Chile, Brasil, Argentina, Venezuela y México y para los artistas uruguayos llegar a esos países es una quimera. Para un artista compatriota probablemente sea más sencillo llegar a España, Australia o EEUU que a Ecuador o Bolivia. Lo que sucede es que la clase política no entiende la verdadera importancia de la cultura. Nunca lo entendió. Y no es un problema de un partido político, es de la clase política en general. Hay quienes consideran que los artistas son adornos. Me han pedido que fuera a actuar a algún lugar ‘para entretener un ratito a la gente’. Eso es una falta de respeto que en algún caso puedo llegar a entender que se trata de desconocimiento.

 

Con el dúo con Mario, ¿son conscientes de lo que representan para la cultura uruguaya y especialmente para la gente?

Es un privilegio. En lo personal jamás lo imaginé así. Además, siempre fuimos privilegiados. Nunca tuvimos la presión de nadie para grabar, grabamos lo que quisimos y siempre creímos que lo que estábamos haciendo cuando grabábamos un disco era lo mejor para el dúo. Después hubo canciones que tuvieron pasos más largos, otras más cortos y otras todavía están sin caminar y capaz que un día se descubren. Pero fueron hechas con la mejor intención. Pero nunca pusimos una canción de relleno en un disco. Hemos sido privilegiados y somos muy agradecidos del cariño de la gente, por supuesto.

 

¿Podemos hablar de Dino?

Pah, qué tristeza. El viejo Dino es -porque así lo sigo sintiendo- un amigo entrañable, un tipo íntegro, con un compromiso humano, solidario, con el corazón a flor de piel. Tuvimos la suerte de compartir muchas actividades, grabar discos juntos, respetarnos mucho mutuamente, aprender uno del otro y además tiene el valor de haber logrado cambiar la milonga. Porque la milonga fue un estereotipo melódico hasta que apareció el viejo Dino y pateó la mesa, salió con guitarra eléctrica haciendo una milonga roquera. Y después (Daniel) Viglietti empezó a tirar otras armonías arriba de la mesa diciendo ‘esto también es milonga’. Esos tipos nos rompieron la cabeza. Nos dieron la oportunidad de encontrar otros caminos para decir las cosas de nuestro tiempo, con otros acordes, otras armonías, otros colores. El Dino fue un compositor fuera de serie y marcó una historia en la música popular uruguaya. Yo sabía que no estaba bien de salud pero como viejo porfiado, pensaba que iba a durar más. Pero claro, va durar por siempre porque fue alguien que se acuñó en el corazón del pueblo, y esos no desaparecen nunca.

 

Hace muy poquito partió también Nancy Guguich y eso generó una enorme tristeza y mensajes cargados de agradecimiento y ternura de miles de personas de distintas generaciones. 

Una maestra, una mujer afectiva, entrañable, muchos trabajamos con ella, muchas veces compartimos escenario, muchas veces charlamos, muchas veces discutimos los caminos para ver por dónde agarrábamos para hacer las cosas. Esa docente tremenda, esa vocecita ronca cargada de ternura, preocupada por aportar un camino más lindo, más rico para los gurises, con un compromiso frente a los tiempos duros, de buscar ese mundo de maravillas que está en sus canciones, en su propuesta. También ha sido una pérdida muy fuerte. Canciones para no dormir la siesta con todos los que formaron parte de ese elenco lograron un hecho revolucionario dentro de la música popular uruguaya, porque íbamos todos a cantar con ellos, los gurises y los grandes.

 

En ese espacio de creación colectiva tuvo un rol fundamental Horacio Buscaglia.

El Corto, un talento increíble, hombre de teatro con una capacidad creativa asombrosa, fue otro de esos baluartes de la cultura en general. Escribía de manera maravillosa, un gran actor, un tipo con un carisma increíble. Tuve la suerte de conocerlo en la década del 70. A partir de allí, nos hicimos muy amigos. Nos ‘amenazamos’ varias veces de hacer cosas juntos, nos cruzábamos en la calle y siempre quedábamos en concretar algo juntos pero eso quedó en el camino porque los dos siempre estábamos en mil cosas. Y siento que perdí esa oportunidad. Ahora te das cuenta que hay que ganarle al tiempo con afectos, amores, con ganas y dignidad, porque uno ya está más cerca del arpa que de la guitarra (risas).

 

Sigamos hablando de referentes imprescindibles, como José Carbajal, por ejemplo.

Fue el tipo que le puso a la palabra simple un mundo fantástico. La forma de decir de José fue única. Esa voz inconfundible. En Tacuarembó yo escuchaba un programa de radio que los sábados pasaba música popular uruguaya. Y un día escuché Chiquillada. Y la repetían y yo la fui escribiendo y cantando sin saber de quién era. Después supe que era de un tipo de Colonia y no podía creer que alguien que yo no conocía, hablara en una canción de mi vida. Porque lo del bochón de a medio, al patrón de la vereda, llevar el andador, la siesta, todo era igual a mi niñez. Contaba nuestra vida. Después tuve la suerte de conocerlo, compartir escenarios con él muchísimas veces. Discutíamos mucho. A veces me decía ‘dejá el tiquitiqui’ y que yo no hiciera ‘mucha cosa’ (risas). Imponente esa capacidad de síntesis que tenía para decir tanto con poca cosa. Eso lo fui entendiendo con los años. Aprendí que los virtuosos primero te sorprenden pero al rato te aburren. Aprendí que el virtuosismo es una herramienta.

 

Daniel Viglietti era un virtuoso.

Daniel fue un ejemplo que mostró cómo la música académica no es excluyente; la música es una sola en todo caso. Daniel ha sido un ejemplo del dominio guitarrístico y que en cierta medida contrasta con lo que te decía recién del virtuosismo, porque él nunca te aburría. Me acuerdo que Carlevaro decía que Daniel podría haber sido un concertista de primer nivel y yo creo que lo era. Todo aprendimos muchísimo de Daniel y tenemos que seguir escuchándolo para comprenderlo.

 

¿Pablo Estramín?

Pablito fue como nuestro ahijado. Divino gurí, una pérdida muy fuerte. Para mí fue como si no se hubiera ido porque no tuve la oportunidad de despedirme. Estábamos en Venezuela cuando falleció y manteníamos contacto telefónico casi todos los días pero no tuve la chance de despedirme. Y estando en esa gira falleció la mamá de Mario, con muy pocas horas de diferencia que Pablito. Para nosotros fue durísimo. Estábamos lejos, nos abrazamos y lloramos como gurises. Fue muy fuerte.

 

Vuelve a los escenarios Jaime Roos.

Un ejemplo de profesionalismo, un tipo talentoso, también un revolucionario en la música, que supo generar una actitud respetuosa al máximo sobre el oficio, tal como lo hizo Zitarrosa. Los dos fueron ejemplo de cómo se debe conducir profesionalmente el trabajo artístico. No hay juez más severo y exigente que uno mismo, eso nos enseñó Jaime.

 

El maestro Julio Cobelli también está volviendo a los escenarios.

Otro gran ejemplo de profesional. Recibimos con gran satisfacción las noticias de su recuperación de su problema de salud y por supuesto, es un placer saber que un músico de su dimensión y talento nos seguirá enseñándonos su arte. Tuve el privilegio de hacer un concierto a dúo con él y de haber tocado muchas veces en distintos escenarios. Julio es un tipo maravilloso, con una capacidad, memoria y oficio en la guitarra, absolutamente admirable. Lo disfruté muchísimo y espero tener la oportunidad de aquí a poco de volver a juntarnos, hacer un concierto y, probablemente, grabar juntos un disco.

 

¿Y los llamados ‘nuevos’ guitarreros? Nico Ibarburu, Guzmán Mendaro, Poly Rodríguez, Christian Cary y tantos otros.

Esos gurises tienen una formación notable desde el punto de vista musical porque han estudiado e incorporado todas las corrientes. Manejan toda la música y todo lo que se puede tocar acá en Uruguay. Ellos lo tocan todo y de manera extraordinaria. Eso es sensacional. En alguna medida Julio ha sido el puntal para que ese formato que hizo en la historia de los guitarristas uruguayos, se lo pudiera trasmitir a estos gurises que manejan con absoluta solvencia la guitarra del estilo que nosotros llamamos Zitarrosa, pero que en realidad él lo que hizo fue consolidarlo a nivel mundial. Hubo otros músicos con anterioridad que utilizaron ese sonido de guitarras pero Alfredo fue el que lo consolidó.

 

Zitarrosa fue extremadamente exigente y dicen que, por momentos, difícil de soportar en el trato.

Yo creo que toda persona que le gusta hacer las cosas bien es exigente. Alfredo era de esos tipos que te decía: ‘Te quiero mucho pero vamos a empezar a ensayar así que voy a pedirte que te retires’. Y para mí eso está perfecto. Porque el trabajo interno de un grupo de músicos tiene que mantener cierta intimidad y cuidado. Pero al mismo tiempo era un hombre comprometido, sensible, humano.

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