Mientras que en 2022 el escarabajo mató más de 160 palmeras en Canelones y afectó en otros departamentos, ahora hay al menos 2.000 ejemplares que murieron. En estos casos, cuando la palmera es afectada se debe cortar y enterrar.
El monitoreo y el control se hace con drones en la mayoría de los casos, pero al detectarse una infección en la palmera se debe eliminar. Solo cuando la infección se detecta de forma temprana, antes que sea visible, a través de sensores sísmicos, se hace posible la intervención. La misma se realiza con una técnica que permite suministrarle a la palmera productos fitosanitarios directamente en el sistema vascular, similar a una vía intravenosa en un paciente clínico.
La metodología utilizada imita las técnicas avanzadas utilizadas por los agricultores de dátiles orgánicos de Israel, lo cual permite proteger la biodiversidad y el ecosistema, evitando el uso indiscriminado de insecticidas.
Por último, Grivald remarcó que tal es la gravedad del problema que actualmente considera la mortandad de palmeras en Uruguay, Brasil y Argentina.