El entonces presidente keniano ,Jomo Kenyatta, declaró a Ahmed monumento viviente tras una campaña de envío de cartas por parte de escolares. La intención del gobierno era proteger esta especie de la cacería furtiva, así que designó guardabosques armados que vigilaban las veinticuatro horas del día al tesoro nacional.
Ahmed murió de causas naturales unos años más tarde, su edad se estimó en unos 65 años. A pesar de la protección animal y humana, se descubrieron en su cuerpo viejas balas de rifle, reliquias de una vida arriesgada.
El esqueleto y los colmillos de Ahmed se encuentran ahora en el Museo Nacional de Nairobi, y frente a él se alza una réplica en fibra de vidrio del famoso coloso. Ahmed sigue siendo considerado hoy un símbolo de la necesidad de proteger a los elefantes keniatas en peligro de extinción.
Su historia subraya la necesidad de proteger a estos seres majestuosos para asegurar un futuro sostenible para nuestros ecosistemas.