Por un lado, se dice que alguien “verde” es inexperto en ciertos aspectos de la vida, o le falta madurar. Así, un “viejo verde” sería alguien que no ha alcanzado su madurez emocional y busca un escape de su realidad. Pero también podría ser alguien que está “verde de envidia” por la lozanía de la juventud ida, y que se empeña, ilusamente, en recuperarla liándose con parejas más jóvenes.
Siglos atrás, esa actitud no era mal vista. Por el contrario, eran admiradas las personas que llegaran a la vejez con salud, ímpetu y energía. En latín, el adjetivo “verde” era “viridis”, utilizado para referirse al vigor, sobre todo en plantas y árboles llenos de savia. A su vez, el poeta Virgilio define en la Eneida la vejez de Caronte, el anciano barquero de la Estigia, como “briosa y verde”.
En otras palabras, en sus orígenes el término “viejo verde” no era usado en sentido peyorativo, pero a partir del siglo XVIII la expresión dio un giro semántico, quizás por cierto puritanismo y prejuicios, y comenzó a emplearse de modo despectivo y para desaprobar las conductas lujuriosas de las personas entradas en años. Al parecer, el sexo no era cosa de ancianos, una percepción que, por suerte, está cambiando…
Endúlzame la vida
El término “sugar daddy” describe a hombre mayor que tiene una relación de tipo “patrocinio” con una mujer más joven, a la que le proporciona dinero, regalos y otros beneficios a cambio de compañía, atención y, si así lo convenian, relaciones sexuales. El hombre suele ser rico y tener un alto poder adquisitivo, mientras que la “sugar baby” es una joven que busca mejorar su estilo de vida y obtener beneficios financieros.
El concepto nació en Estados Unidos, a inicios del siglo XX, y se popularizó en el argot del jazz. “Sugar” (azúcar) sugiere la idea de que el hombre “endulza” la vida de la mujer joven en términos de dinero, regalos y atención, mientras que lo de “daddy” (papito) expresa la diferencia de edad, y el carácter paternalista de la relación.
La figura del “sugar daddy” despierta lo mismo aceptación que rechazo. Algunos los ven como hombres ricos y generosos, dispuestos a ayudar a jóvenes en necesidad, como un intercambio consensuado entre dos adultos, pero otros consideran que tales relaciones pueden ser explotadoras, desiguales y problemáticas en términos de poder y consentimiento, que se aprovecha de la vulnerabilidad de la “sugar baby”.
¿Cuál es la diferencia?
La principal diferencia entre un “viejo verde” y un “sugar daddy” va más allá de los recursos, y pasa por el mutuo acuerdo: mientras el primero puede denotar un comportamiento inapropiado o incluso acosador hacia mujeres jóvenes, el segundo se refiere a una relación consensuada y de beneficio mutuo entre dos adultos.
La etiqueta de “viejo verde” suele tener un carácter peyorativo, pues describe a personas con comportamientos invasivos, que no se detienen en la incomodidad que provocan sus lances sexuales. El “sugar daddy”, como ya establecimos, parte de una relación consensuada, mutuamente beneficiosa y no necesariamente carnal.