Dos cosas hacen interesante esta triste situación del sistema peruano, agotado y fallido. Primero, que fue precedido por una movilización popular. No hay en Perú, a diferencia de Bolivia, por ejemplo, una tradición de movilización popular. Recuerdo siendo coordinador de misión, cuando fue electo Pedro Pablo Kuczynski, que nadie salió a a festejar. Tampoco logran llenar el cargo. Vizcarra reivindica seguir siendo presidente (va a hacer un club con Trump y Guaidó). El Parlamento eligió a Francisco Sagasti, cuarto en un mismo período electoral y segundo no electo.
En Brasil, Bolsonaro pierde estrepitosamente en las elecciones parciales de Brasil. El presidente sale muy debilitado tras el resultado de las elecciones municipales. El criterio del voto asistémico que primó en 2018 murió. Resurgieron los liderazgos partidarios. Bolsonaro no logró elegir un solo alcalde en todo Brasil. En San Pablo, la ciudad más grade e importante, su candidato entró cuarto con 10% de los votos.
Todos estos hechos tienen como común denominador que son apuestas equivocadas del inexperto gobierno de Lacalle (h) y su cancillería. Y eso que dejamos para el final la cereza del postre. Cuando asume el actual gobierno, abandona una vieja tradición nacional (algunas la llamaban política exterior de Estado) y revoca una decisión internacional del gobierno predecesor. Hace suya la candidatura de Almagro a la OEA. Hasta ese momento, con el único apoyo de Trump, Bolsonaro y Vizcarra. Los perdedores de hoy.
Al polémico secretario general de la OEA, un país tan importante para la Organización, como México, ya pide su renuncia. Almagro hace un anuncio tremendo. Presenta un libro. Supongo que al salir este artículo se conocerá su contenido. Pero ya tenemos anuncios: asume su activa participación en el golpe de Bolivia y dice que ve en el horizonte su presencia en el Partido Colorado de Uruguay. No dice qué opinan de ello los propios colorados. Si no, siempre tendrá la bienvenida de Cabildo Abierto. Supongo.
Daría la impresión que, desde que pegó “un giro de 360 grados”, dijera el almirante Márquez, perdió los apoyos que lo sustentaban. Imagino que decidió irse. Este libro, que parece que, a diferencia del anterior, fue efectivamente escrito por él, es, a mi juicio, el anuncio de su renuncia. Echó el resto.
¿Qué tiene de común todo esto? Que este gobierno no emboca una. Que el mundo no para. “Lo único constante es el cambio”, como decía Heráclito.
Estados Unidos quiere mantener una hegemonía mundial que no tiene más sustento. Al fin de la Guerra Fría, producía más que todo el resto del mundo. Este año, su aumento del PIB es mínimamente superior al de China.
En los últimos años hemos visto un tenaz esfuerzo restaurador del modelo viejo (aunque llamado “neoliberalismo”). Hoy solo el que no quiere deja de advertir que hace agua por todos lados.