No es menor. En ese ciclo en el cual el Partido Nacional no ganaba elecciones, el sector que él integra o el tronco partidario al que pertenece llegó al poder de la mano de un golpe de Estado en 1933. El wilsonismo nunca apoyó un golpe de Estado, ni los llamados “buenos”. Se opuso al golpe de Terra, al de Baldomir y al del 73.
Es ahí y no en ganar cuatro elecciones que se mide la calidad democrática de una propuesta. Yo milité muchos años en el Partido que hoy lleva al Dr. Lacalle Pou como candidato único. En estos días, he estado leyendo y releyendo mucho sobre todo el período en que el wilsonismo estuvo a cargo de la conducción del Partido, ante la inminencia de la publicación de un libro. Y aunque ninguno de estos ejemplos irá en el libro, sí son válidos para sostener que hay cosas que dan miedo.
Durante ese período, es más, siendo el propio Wilson presidente del Directorio, hubo un solo caso de transgresión de las normas internas del Partido. Fue cuando los órganos partidarios, cumpliendo al pie de la letra lo previsto en la Carta Orgánica de la colectividad, declararon “asunto político” el voto del proyecto de ley de Amnistía General e Irrestricta para los presos de conciencia. En rigor no debería haber hecho falta, ya que el sector que lo solicitaba había votado la fórmula Zumarán-Aguirre, la que llevaba ese postulado en su programa. Adherir a una candidatura obviamente implica aceptar su programa, sobre todo si al adherir no se establece ninguna salvedad.
La declaración de “asunto político” vinculante obliga jurídicamente al voto de los legisladores electos por el lema. Sin embargo, los legisladores del herrerismo dijeron que desacataban esa orden. O sea, rompían la unidad del Partido, mentían a la gente, que con sus candidatos votaban al programa que postulaban, y violaban la carta orgánica y la ley. Esos sí son riesgos que hacen daño a la democracia, no ganar una elección por voto popular.
Mucha gente cree, así de manipulada está la información, que los integrantes del MLN que estaban presos fueron dejados en libertad en función de la Amnistía General e Irrestricta, como se dijo en la campaña electoral a lo largo y a lo ancho del país. No. No es así, no hubo una ley de Amnistía, sino una conmutación de pena por tiempo a determinar correspondiente a cada año de haber sufrido apremios físicos. No se borraron los antecedentes, nada de lo que establecía la ley que habíamos prometido a la gente que íbamos a votar. Como recuerda Wilson, en más de una carta, él se comió la elección preso por ser leal a lo prometido a la gente, y no se cumplió por el descaro de otros.
Cuando Wilson estaba en el exilio, lejos, ya tras la muerte de Zelmar y el Toba por defender los valores democráticos, la dictadura intervino los Partidos Políticos. Les nombró interventores; en el caso del Partido Nacional, el presidente del Directorio, C/N Omar Murdoch, fue procesado. Fue sustituido por un intruso que suplantó a las autoridades legales por un interventor designado a dedo y por la fuerza por los militares. No vale la pena dar el nombre, pero esa persona que usurpó la legitimidad de la titularidad partidaria hoy es dirigente de le fuerza que proclamó y lleva a Luis Lacalle Pou de candidato. De usurpador puesto por los dictadores a dirigente del Partido. Eso sí pone en riesgo las garantías democráticas, no si el Frente es electo para un cuarto gobierno.
Los riesgos a la calidad democrática me dan miedo. ¿No hay que ‘vivir sin miedo’?