De acuerdo al artículo citado, "el fuerte ajuste desplegado por el Gobierno de [Javier] Milei logró terminar con el déficit fiscal primario y reducir drásticamente la inflación anual, pero a costa de la parálisis tanto de los ingresos como del consumo y la actividad productiva".
El presidente de CICCRA, Miguel Schiariti, advirtió que los valores podrían subir entre 10% y 15% en las próximas semanas debido a una menor disponibilidad para faena y a la retención de hacienda por parte de productores que esperan mejores precios.
En paralelo, la orientación exportadora se mantiene. Aunque las ventas externas bajaron respecto al récord del año anterior, el volumen exportado sigue entre los más altos de la historia. La ampliación del cupo hacia Estados Unidos, acordada recientemente en Washington, refuerza esa dinámica en un escenario de menor oferta para el mercado interno.
La vitivinicultura enfrenta un panorama similar. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura, las ventas internas cayeron 3,7% en 2025 y las exportaciones retrocedieron 6,8%. El sector alcanzó así el nivel de consumo más bajo desde que existen registros oficiales, hace más de medio siglo. En los últimos meses, bodegas tradicionales iniciaron reestructuraciones de deuda y concursos preventivos.
“Esta situación es terminal"
Isaac Rudnik, director del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana, señaló a Sputnik que “el consumo en general y en particular de los alimentos está estancado en niveles muy bajos. Llamativamente, los precios no dejan de seguir subiendo”. A su juicio, la desaceleración inflacionaria no logró recomponer el poder adquisitivo.
“La caída del consumo de carne (…) viene en descenso desde hace varios meses. La causa es la caída del poder adquisitivo y la suba de los precios de la carne bovina. El refugio es el pollo y en menor medida el cerdo”, sostuvo. También advirtió que las familias deben reordenar gastos ante subas en servicios esenciales, lo que deriva en menor consumo de alimentos o en la elección de opciones más económicas.
Para Rudnik, el asado no desaparecerá, pero sí podría perder centralidad: “No hay riesgo de que desaparezca esta tradición, pero sí de que pierda el peso que históricamente tuvo”.
Desde el sector vitivinícola, el productor Luis Caña describió una situación crítica: “Esta situación es terminal. La industria no puede sostenerse así”. Señaló que, con costos en aumento y ventas en baja, la rentabilidad “cayó mucho” y varios productores están abandonando sus fincas.