El problema global del narcotráfico
Desde las primeras prohibiciones contra la cocaína en los lejanos años 20 del siglo pasado, que junto con la ley seca que le dieron origen a las mafias del whisky y la ginebra, el modelo prohibitivo engendró un monstruo que hoy es cada vez más incontrolable.
El emporio de la cocaína ha tenido dentro de sus representantes más insignes a países como Japón, Indonesia o Países Bajos, luego de la guerra de Viet Nam la fórmula de transformación de la hoja de coca en clorhidrato de cocaína llegó a latinoamérica durante la Alianza para el Progreso de la mano de los soldados norteamericanos que la aprendieron de los japoneses, que a su vez lo aprendieron de los holandeses y le encontraron la variante artesanal a un proceso industrial.
Entre tanto el American Lifestyle posterior a la ola hippie en Estados Unidos convirtió a ese país en un consumidor compulsivo de cocaína, convirtiéndola en un elemento clave de la lógica consumista desaforada que caracteriza a ese país. Los cambios en el mercado, la falta de control sobre el producto en sí mismo y los excesos propios del entorno en que se distribuye, dispararon los casos de muertos por sobredosis y la preocupación institucional llegó de la mano con el hecho de que, calculadora en mano, los huéspedes de la Casa Blanca desde Nixon en adelante notan que el volumen de dólares en efectivo que salen del país por las rutas de la clandestinidad (por lo tanto libres de impuestos) sobrepasan por mucho las de otros rubros.
A partir de ahí la guerra contra las drogas por parte de EEUU ha servido como la excusa perfecta para intervenir de manera directa en Latinoamérica, no hay que olvidar que Colombia fue la casa de 7 bases militares bajo control estadounidense durante años, sin embargo los cultivos en ese país nunca dejaron de ser los mayores del mundo.
La redefinición del papel de Ecuador
Ecuador no produce hoja de coca, pero se ha convertido en el principal puerto sobre el Pacífico para mover la cocaína por los mares del mundo. Guayaquil es hoy el puerto por donde sale la mayor cantidad de narcóticos a nivel global, y esa realidad hace que las rutas y mecanismos que mueven los cargamentos desde los laboratorios que transforman la pasta base de cocaína en clorhidrato de cocaína, sean el mayor territorio en disputa por parte de las bandas locales.
De otro lado, el control por las rutas de salida desde Guayaquil y puertos artesanales aledaños se ha convertido en una carnicería que rebasó la capacidad de reacción de la fuerza pública. En ese sentido la definición del tratamiento que se le da a los entornos violentos vinculados al tema narco tanto desde las lógicas del consumo interno como del control de rutas y formación de bandas al servicio de los carteles se ha dividido en dos, por un lado está la perspectiva militarista y policial, y por el otro la de la inversión social que requiere compromisos transversales en el tiempo, pero que sobre todo, no genera megaoperativos mediáticamente espectaculares.
Es de ahí de donde se ha valido Noboa para convocar al constituyente primario del Ecuador para que “le liberen las manos” al estado, que según su perspectiva, están atadas por las limitantes constitucionales que le impiden ir más allá, en principio permitiendo la intervención directa por medio de una base militar de Estados Unidos en territorio ecuatoriano, como ya había ocurrido años antes con la base militar en la localidad de Manta, que entre 1999 y 2009 sirvió principalmente como punto de avanzada y centro de monitoreo regional sobre la costa pacífica ecuatoriana, principalmente en una época intensa de la guerra en Colombia. Posiblemente desde esa base militar se coordinó la interceptación de comunicaciones y el operativo que cruzó la frontera desde Colombia y bombardeó el campamento donde se encontraba el comandante de las FARC, Raúl Reyes en 2008
La consulta popular
El modelo que ha desarrollado Noboa desde su primera presidencia en 2023 está centrado en el fortalecimiento de las lógicas de libre mercado, liberalizando la explotación de los recursos naturales, flexibilizando los regímenes laborales y retirando al estado de donde más pueda, dejando sin piso una serie de políticas sociales que se habían desarrollado durante años y le garantizaron un mínimo de condiciones a un grueso de la población más sumergida, principalmente compuesta por indígenas y campesinos colonos mestizos.
El referendo tenía cuatro preguntas:
- ¿Aprueba usted levantar la prohibición constitucional para el establecimiento de bases militares extranjeras en Ecuador?
- ¿Está usted de acuerdo con que se elimine la obligación del Estado de asignar recursos del Presupuesto General del Estado a las organizaciones políticas?
- ¿Está usted de acuerdo con reducir el número de asambleístas? (Asamblea Nacional).
- ¿Está usted de acuerdo en convocar una Asamblea Nacional Constituyente que se encargue de redactar una nueva constitución?
Cada una de las preguntas tenía un desarrollo en que se explicaban los mecanismos de su aplicación y los alcances de la misma, sin embargo es claro que la que mayores implicaciones tenía era la última, en que se convocaba una Asamblea Constituyente. Este hecho sumado a la reducción de la Asamblea Nacional, dotaba de mayor poder al ejecutivo para sacar adelante sus proyectos, además de que reducía la participación de sectores minoritarios.
Una de las cosas que más dudas dejó fue la intención de desmantelar la financiación estatal por parte de los partidos para las elecciones, con lo que si bien es verdad que abre la puerta para que las iniciativas empresariales promuevan determinados candidatos, también es un hecho comprobado que por esa misma puerta entra el dinero del narcotráfico de una manera casi incontrolable.
Si bien las elecciones de abril, donde se confirma la continuidad de Daniel Noboa en la presidencia, fueron ganadas con relativa comodidad, es un hecho que este hecho no implica una confianza ciega en la figura del presidente, y la ciudadanía considera que deben seguir existiendo los mecanismos de control que sobreviven del correísmo.
De otra parte, la excusa de la guerra contra el narcotráfico, principalmente en la era Trump 2.0, es la fachada discursiva que sirve para fomentar y fortalecer un modelo autoritario de control ideológico en la región. Es esta la fachada que está sirviendo para un posible movimiento militar sobre Venezuela que se ha extendido a Colombia, bajo ese mismo modelo Noboa viene desarrollando un esquema de represión brutal contra la protesta social a las medidas económicas que ha impuesto y afectan a las capas más sumergidas.