Mélenchon y los suyos estaban convencidos de que este domingo es el comienzo de una nueva era, el primer día de “un ciclo nunca visto en nuestro país”, dijo el líder de Francia Insumisa, quien luego, parado sobre un camión ambulante, le dijo a la multitud: “hoy estamos dibujando la construcción de un nuevo frente popular que, llegado el momento, ejercerá el poder en el país”. La izquierda cuenta con los acontecimiento que se llevarán a cabo esta semana con, por ejemplo, la huelga convocada por varios sindicatos a los que se les sumaron las centrales sindicales del transporte (CGT-RATP y los trenes CGT-SNCF) y otros sindicatos (CGT, FO, Solidaires y FSU) que se unen así a la convocación de los sindicatos de la petrolera TotalEnergies que llevan más de dos semanas bloqueando las refinerías. ”Vamos a vivir una semana como no se ven muchas”, advirtió Mélenchon, que además de llamar a la “movilización general” advirtió “tendremos la movilización popular, la movilización sindical y la crisis institucional”. Será este martes 18 de octubre la primera confrontación social del segundo mandato del presidente Emmanuel Macron.
La última expresión “institucional” remite a la propia crisis por la cual atraviesa el gobierno y sus divisiones en la Asamblea y su falta de mayoría. Es muy probable que la jefa del Ejecutivo, Elisabeth Borne, deba recurrir a gobernar por decreto mediante el artículo 49,3 que le permitirá hacer pasar la controvertida primerea parte del proyecto de presupuesto. Mélenchon señaló también que mediante el decreto para gobernar “los franceses verán la relación entre la brutalización social del país y su brutalización institucional y democrática”. En julio pasado, Jean-Luc Mélenchon había “activado” la idea de esta marcha dominical como una metodología de la izquierda destinada a impulsar la protesta social contra el gobierno, y ello asociando a la marcha los sindicatos.
La guerra en Ucrania y los desarreglos inflacionistas que acarreó facilitaron cuatro meses después la convergencia de intereses sociales para ocupar la calle. Sindicatos y partidos de izquierda aún no están en la misma frecuencia, pero no han llegado a la ruptura pese a que sus intereses no son exactamente los mismos. Con todo, luego de la experiencia de este domingo, la alianza de los progresistas empieza a soñar con que ese “frente popular” es de nuevo posible.
Por Eduardo Febbro (vía Página 12)