Según explicó, la candidatura del dirigente ultraderechista fue absorbiendo progresivamente el caudal electoral de otros sectores conservadores, especialmente el de Paloma Valencia, cuya votación terminó muy por debajo de las expectativas.
“Lo que vimos fue la construcción de un candidato a punta de marketing político exclusivamente”, afirmó Jaimes, quien también destacó que el desgaste del uribismo como marca partidaria llevó a una reconfiguración de las fuerzas de derecha alrededor de una nueva figura.
El respaldo del uribismo
Respecto a la segunda vuelta, Jaimes consideró natural el apoyo que rápidamente expresaron Paloma Valencia y el expresidente Álvaro Uribe a la candidatura de De la Espriella. Sin embargo, advirtió que una cosa es el respaldo político y otra la transferencia automática de votos.
Para el analista, el uribismo mantiene influencia dentro de importantes sectores de la sociedad colombiana, aunque su capacidad de movilización ya no es la misma que en otros momentos. En ese sentido, sostuvo que la retórica utilizada por De la Espriella recuerda a los primeros años del liderazgo de Uribe, caracterizados por el discurso de la “mano dura” y la confrontación política.
Además, cuestionó la narrativa dominante que atribuye la polarización exclusivamente al gobierno de Gustavo Petro y a los sectores progresistas. Según indicó, los grandes medios de comunicación han contribuido desde antes de la llegada de Petro al poder a consolidar un clima de confrontación que hoy condiciona el escenario electoral.
El crecimiento de los sectores progresistas
A pesar de que algunos sectores interpretaron el resultado de Iván Cepeda como una señal de debilidad, Jaimes sostuvo que los números muestran lo contrario. Recordó que el candidato apoyado por Gustavo Petro obtuvo más de nueve millones y medio de votos, superando en aproximadamente un millón los obtenidos por el actual presidente en la primera vuelta de 2022.
El politólogo remarcó además que ese crecimiento se produjo con una campaña considerablemente más austera que la de su adversario. Por ello, entiende que existe margen para una expansión electoral en la segunda vuelta, tal como ocurrió en los comicios que llevaron a Petro a la presidencia.
“Volver a un pasado tenebroso”
De cara a la definición del 21 de junio, Jaimes planteó que el debate no debería centrarse únicamente en las categorías tradicionales de izquierda y derecha. A su entender, el desafío para los sectores progresistas pasa por explicar con claridad qué implicaría un eventual triunfo de la extrema derecha.
“Hay que salirnos de las categorías tradicionales de izquierda y derecha y entrar más bien a comunicar lo que significaría para el país volver a un pasado tenebroso, que es el que representa la extrema derecha”, afirmó.
Para el analista, esa será una de las discusiones centrales en las próximas semanas, en una Colombia cada vez más polarizada y ante una segunda vuelta que aparece abierta y con un resultado aún incierto.
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