Otra hipótesis apunta a posibles fallas técnicas. En ese sentido, los especialistas deberán examinar en detalle componentes clave como los motores, los sistemas hidráulicos y los controles de vuelo. En aeronaves de gran porte como el Hércules C-130, cualquier desperfecto en estos sistemas puede resultar determinante, especialmente en condiciones exigentes de operación.
A su vez, las condiciones de la pista en Puerto Leguízamo también forman parte del análisis. Entre los factores que se evalúan se encuentran su longitud, el estado del terreno y su capacidad para soportar una aeronave de estas características. Una pista insuficiente o en malas condiciones podría haber dificultado el despegue, incrementando el riesgo de un accidente.
No existen indicios de una explosión ni señales de fuego en pleno vuelo
En paralelo, las autoridades han comenzado a descartar algunas hipótesis. De manera preliminar, indicaron que no existen indicios de una explosión ni señales de fuego en pleno vuelo. Tampoco se registraron reportes de un estruendo previo al siniestro. Estos elementos reducen la probabilidad de un ataque externo, aunque los investigadores insisten en que ninguna posibilidad será descartada hasta concluir el proceso.
Uno de los testimonios clave es el del soldado Mauro Peñaranda, quien logró sobrevivir al accidente. Su relato aporta información relevante sobre las condiciones del vuelo, aunque sin establecer conclusiones definitivas. “No tengo claridad de cómo salí, solo sé que el avión iba lleno”, señaló, reforzando la hipótesis vinculada al peso de la aeronave.
Mientras tanto, equipos del Cuerpo Técnico de Investigación y la SIJIN ya trabajan en la zona del siniestro. Las tareas incluyen el análisis de los restos del avión, la recolección de evidencia técnica y la reconstrucción de los últimos minutos del vuelo. Se trata de un proceso complejo que podría extenderse durante días o incluso semanas, dado el nivel de detalle requerido para determinar responsabilidades y causas.