Desde filas derechistas reclamaron al PSOE por entender que el partido estaba cediendo frente a los independentistas catalanes y advirtieron sobre los riesgos que eso implicaría para la integridad de España. A esto se debe sumar, la radicalizada posición del partido ultraderechista VOX, que logró coincidir con muchos de los planteos del PP, y viceversa. Las acciones conjuntas buscaban impedir la reelección de Pedro Sánchez como presidente de España.
Por su parte, los socialistas le pidieron al PP que aceptaran los resultados de las elecciones y no continuaran por el camino de las agresiones. El mensaje, les fue dado por el mismo Sánchez desde Málaga quien realizó un llamado al partido de derecha “para pedir cordura y mesura, que acepte el resultado de las urnas y la legitimidad del gobierno” al tiempo que les reclamó “decir no al abrazo del oso de la ultraderecha y que abandone la senda reaccionaria por la que hoy avanzan hacia el abismo”.
Con la elección del nuevo presidente, España tiene por delante 4 años de gobierno de Pedro Sánchez. La mayoría parlamentaria alcanzada para la elección presidencial, no implica una mayoría legislativa de gobierno. Por lo que el PSOE deberá tejer acuerdos y alcanzar mayorías si pretende que sus proyectos no fracasen en el parlamento.