Estados Unidos (EEUU) acusa a la empresa de no respetar las sanciones que Washington había impuesto a Teherán en 2013. La empresa Skylab (perteneciente a Huawei) violó las sanciones aquel año. Meng, por su parte, ha declarado que en esa época Skylab no pertenecía todavía al gigante chino.
China convocó el sábado pasado al embajador canadiense en Beijing para pedir explicaciones y dejar claro que tomarían medidas. Por su parte el domingo también convocó al embajador estadounidense, Terry Branstad, para presentar una “fuerte protesta”. Parece claro que el arresto de la delfina del imperio chino de las telecomunicaciones traería estas consecuencias, pero, por otro lado, desnuda las flaquezas de EEUU ante una pujante y creciente China.
Huawei, este año, superó a Apple en la fabricación y venta de celulares, posicionándose en segundo lugar tras Samsung. El mercado mundial accede, gracias a los productos chinos, a las nuevas tecnologías a precios menores que los de los gigantes de la telefonía. Huawei es una empresa fundada por el padre de Meng, Ren Zhengfei, en 1987. De allí en adelante experimentó un enorme crecimiento, convirtiéndose en una de las más importantes empresas de I+D (investigación y desarrollo) con centros de desarrollo no sólo en China, sino en sitios tan distantes como Venezuela, India, Suecia, EEUU, México o Rusia. Pero más allá del crecimiento económico sostenido de la empresa, más allá de los nuevos mercados conquistados, más allá del desarrollo tecnológico, existen otros miedos por parte del gobierno de Trump.
Peligros de Huawei para Trump
Muchos agentes estadounidenses han sostenido que la tecnología china es un peligro por varias razones, tanto políticas, económicas, como estratégicas.
Los servicios de inteligencia norteamericanos temen que Huawei sea mandatado por el gobierno chino. Temen en definitiva que si copan el mercado estadounidense con teléfonos chinos, podrían vigilarlos. Otra de las empresas que caen en esta misma denuncia es también ZTE, aunque los ojos parecen estar persistentemente posados en la empresa de Shentzen.
En este mismo sentido, en agosto pasado Australia prohibió la tecnología 5G de Huawei en su territorio, mientras que una empresa británica declaró que ya no comprará tecnología del gigante chino. Huawei también es un enorme proveedor de tecnología.
La empresa niega rotundamente relación con el gobierno chino, más allá de que no cotiza en bolsa. Ese es uno de los requerimientos del gobierno chino, en tanto no corren el riesgo de ser compradas por capitales extranjeros. Igualmente, Washington desconfía de la empresa, en tanto el padre de Meng y presidente de la misma fue el responsable de levantar la red de telecomunicaciones de China, trabajando como ingeniero civil dentro del ejército popular. Lo que podría parecer un detalle menor, a los ojos de los servicios de inteligencia de EEUU es un dato a tener en cuenta.
¿Qué conclusión podemos sacar de este episodio? Inicialmente vale decir que este es un comienzo y no un final. Si el gobierno canadiense no libera a Meng, podría desatarse una nueva guerra comercial y esta vez mucho más dura. Por otra parte, parecería a primera vista que el tema está lejano a nuestros intereses, pero en realidad, cuando el mundo parece asimilarse a una bipolaridad económica, las consecuencias de esta guerra podrían golpear duro a las economías emergentes. Y una primera conclusión muy clara es que los pactos con Trump son extremadamente inestables. No debes confiar en Trump.