Con respecto a las diferencias en materia económica entre izquierda y derecha, dijo: "Por supuesto que en Uruguay los economistas tenemos diferencias ideológicas y de formación, pero existe consenso sobre 10 o 12 principios básicos: que la inflación baja es buena, que el déficit fiscal debe mantenerse controlado, que la apertura de la economía es crucial y que los regímenes de tipo de cambio múltiple no son una buena idea. Estas cuestiones están saldadas hace años”, sostiene.
Y ahondó en las semejanzas: “En Uruguay nos esforzamos por gestionar el disenso. Es algo que siempre va a existir. Pero si hay reglas claras y actores capaces de conducir ese disenso, eso marca la diferencia a la hora de construir sociedades exitosas. Pagamos un precio por eso, que es la velocidad con la que avanzamos. Crecemos más lento, pero con seguridad sobre lo que hacemos”, argumentó Oddone.
"La preferencia del votante medio uruguayo es altamente valorativa de la cohesión social; prefiere resignar un poco de prosperidad si, a cambio de eso, vive en una sociedad menos desigual, porque eso hace al modelo de convivencia", remarcó.
Para Oddone, un gobierno debe velar por la prosperidad y la cohesión social, más allá de su orientación ideológica. "Pero un gobierno de izquierda tiene que preocuparse sobre todo por la desigualdad. En Uruguay tenemos en claro que sin crecimiento y sin buen clima de negocios no hay inversiones y, en consecuencia, no hay prosperidad", observó.
Con respecto a los objetivos del país, subrayó; "Fortalecer la estabilidad macroeconómica, la seguridad jurídica y la estabilidad política es un eje central. Para eso negociamos todo con la oposición. Obviamente, nosotros terminamos resignando muchas cosas de las que queremos, pero así logramos los acuerdo".
Por último, para graficar la lógica de la política uruguaya el ministro Gabriel Oddone mencionó al mundo de Astérix, un personaje de cómic francés creado por René Goscinny (texto) y Albert Uderzo y que fue famoso en las décadas del 60 y 70.
“Dentro de Uruguay discutimos si el crecimiento económico debe ir acompañado de distribución del ingreso, como proponemos en la centroizquierda, o si debe basarse en el derrame, como plantea la centroderecha. Esas son nuestras discusiones, que a nosotros nos parecen casi histriónicas, pero cuando salimos de Uruguay nos damos cuenta de que estamos en la aldea de Astérix: en el mundo, el debate es mucho más complejo”, explicó.