Desbarrancó Fossati
La fiscal Gabriela Fossati es una profesional con larga trayectoria en la magistratura. Entre 1993 y 2000 se desempeñó como juez de Paz en Maldonado y a partir de ese año pasó a Fiscalía también en este departamento. Su carrera no estuvo exenta de problemas e incluso de sanciones. Pero en líneas generales se la considera inteligente, formada, sólida en sus dictámenes. Por qué razón se desequilibró con el caso Astesiano es algo desconocido. Al principio estaba molesta con las filtraciones, con que muchos de los funcionarios que debía indagar eran quienes, o jefes de quienes debían colaborar con ella en la investigación. También estaba molesta con algunos periodistas. Hizo pública su molestia con el fiscal de Corte, Juan Gómez, a quien acusó de incumplir el compromiso de trasladarla de Flagrancia a Delitos Económicos. Luego comenzó a hacer públicas sus críticas a través de Twitter. Anunció a fines de noviembre que solicitaría ser exonerada de continuar con esta investigación. Hasta llegar a los dos últimos sucesos: la indagatoria a Gustavo Leal y la denuncia por difamación e injurias contra Fernando Pereira, Alberto Grille y tres tuiteros. Resulta bien curioso que Fossati diga que Astesiano es una persona con derechos humanos a proteger pero a renglón seguido viole los derechos humanos de Leal al indagarlo sin decirle los motivos. Más curioso es que el único político indagado y el único denunciado por difamación sean de la oposición, cuando todos los protagonistas de la trama son del oficialismo. Con respecto a la denuncia por difamación e injurias es algo a lo que tiene derecho. Aunque ella misma reconoció al periodista Gabriel Pereyra que “esperaba que la decisión la tomara Juan Gómez como superior, para defender a una trabajadora agraviada”. Pero eso no ocurrió. Es más, Gómez dijo que “él no era censor de nadie”. No hay antecedentes en el país de que un fiscal lleve a juicio a un dirigente político y a un periodista por presuntos delitos de difamación e injurias. En varias fuentes Caras y Caretas confirmó que la denuncia cayó muy mal en el ámbito de Fiscalía. Es conocido que Fossati no solo no pertenece a la Asociación de Fiscales, sino que también ha tenido duros enfrentamientos con algunos de sus colegas y en particular con el exfiscal de Corte, Jorge Díaz, y con Juan Gómez actualmente en ese cargo. Los debates han revelado las discrepancias que Fossati tiene con la implementación y aplicación del Nuevo Código del Proceso Penal. Pero como todo en la vida, a veces la discusión se tornó personal.
Del autor de la nota
Por razones de honestidad intelectual debo hacer algunas precisiones
1) Conozco a la fiscal Gabriela Fossati desde hace por lo menos 23 años ya que tuvo una larga trayectoria en Maldonado, primero como juez de paz y luego como fiscal. Siempre la tuve en alta estima.
2) No me consta su pertenencia partidaria si la tiene. Jamás la oí referirse al tema.
3) No somos amigos, en el sentido textual del término, como maliciosamente se ha deslizado por parte de personas malintencionadas. Sí tuvimos hasta hace poco un trato cordial y amable como corresponde a la tarea de ambos y como tengo con muchísimos funcionarios y magistrados.
A principios de febrero escribí una nota criticando sus comentarios posteriores a la declaración en Fiscalía de la señora Lorena Ponce de León. La doctora Fossati se molestó, me bloqueó y se cortó el diálogo.
4) Conozco la grabación que ha mencionado el director de Caras y Caretas, Alberto Grille, y la reproducción que hizo es textual. Coincido con que lo que allí se dice es gravísimo.
5) Desde que la conozco, la doctora Fossati ha mostrado su preocupación por la existencia de actos de corrupción en el ámbito público. Incluso ha participado en seminarios realizados sobre el tema en el exterior.
Lamento profundamente que teniendo ahora la posibilidad de investigar una de las tramas de corrupción más complejas de los últimos tiempos haya decidido cerrar el caso con el argumento de que “Astesiano no es un monstruo ni la persona que hay que seleccionar como un ejemplo de lo que está peor en Uruguay".
Tal vez no sea un monstruo, pero sin duda es una rémora de un pasado que nadie quiere que regrese. Probablemente hay cosas peores en este país, como el hambre y la pobreza. Pero llevarse puesta a la plana mayor de la policía, obligar a mentir a un ministro y a su jefe administrativo, vincular al presidente, hacer negocios para sí y para otros desde la Torre Ejecutiva, son actos de corrupción que imperiosamente deben ser aclarados y juzgados.