Hay hambre
En el terreno nutricional, los números preocupan: 12,8% de los niños presentan sobrepeso u obesidad y 5,2% tienen retraso en el crecimiento, ambos indicadores por encima de lo esperado para la población. Además, 45,6% de los mayores de dos años consume bebidas azucaradas, y entre los bebés de 6 a 23 meses esa cifra alcanza al 22,9%.
La ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg, fue tajante al señalar que el país debe “dar un salto cualitativo” en el abordaje de estos problemas. “Si no resolvemos los temas de vivienda, si no damos respuesta de cuidados, las familias y los niños no van a poder salir de la situación de vulnerabilidad”, advirtió.
Otro dato sensible surge de la evaluación de las referentes de los hogares: 95% de quienes respondieron fueron mujeres, y 23,7% de ellas presentan síntomas compatibles con depresión. Garibotto aclaró que no se trata de diagnósticos clínicos, pero sí de señales suficientes para recomendar atención en salud mental.
Datos de calidad
El relevamiento también mostró que el 24% de los niños rurales no convive con su padre, y que en más de la mitad de los casos no existe acuerdo de transferencia económica ni régimen de visitas. En contraste, la asistencia a centros de educación inicial llega al 91%, cifra similar a la urbana, aunque 61% de los menores de un año aún no accede a la educación formal.
“Es la primera vez que vamos a contar con datos de tanta calidad respecto de elementos tan importantes para planificar una política pública integral referida a las infancias”, destacó Civila. No obstante, los números reflejan que la deuda con las infancias rurales es profunda y que, como concluyó Garibotto, si bien los problemas son comunes a nivel nacional, la ruralidad exige respuestas específicas y urgentes.