Además, en su discurso, el Comandante en Jefe aborda temas que un militar en actividad no puede ni debe hacer, porque viola la Constitución y la ley.
No es pertinente referirse a temas presupuestales, particularidades sobre sueldos y jubilaciones. Si bien es una de las responsabilidades del Comandante, lo debe hacer en reserva y ante quien corresponda, en este caso el Ministro de Defensa Nacional y no públicamente, en un acto trascendente y específico como es el Día del Ejército Nacional. Nuestra Constitución y leyes reconocen como único derecho del militar en actividad el del voto. Por lo tanto, si se permite este tipo de apreciaciones, se está colaborando con la violación de nuestra primera ley, la Constitución de la República.
Tampoco es menor que el representante del Partido Nacional en el Directorio de la UTE, Felipe Algorta, plantee que se esté trabajando en la firma de un convenio con el Ejército, para que se colabore con la poda de árboles en las áreas cercanas a postes de electricidad, a colocar postes o a vigilar áreas, “entre otras tareas”, según consigna El Observador del 19 de mayo. “La idea es que el Ejército ´esté a disposición de la UTE’ como una empresa más que contrata el ente”.
¿Una institución del Estado, el Ejército Nacional, cuya razón de ser y sus funciones están claramente definidas, contratada como una empresa para desempeñar tareas que nada tienen que ver con las propias de esa Fuerza?
Este trastoque de los objetivos, misiones y funciones el Ejército no hace otra cosa que desmotivar a los militares, a incrementar la ausencia de estímulos morales; a que padezcan constantemente la falta de equipamiento actualizado para que desempeñen sus tareas, las que son centrales e intrínsecas a esa institución. Pensemos en otras instituciones en que se hiciera lo mismo: maestros que debieran ocuparse de la limpieza del centro de estudios; personal de la salud – profesionales y técnicos- que debieran atender una farmacia; abogados o escribanos que debieran hacer encuestas. ¿Cómo se sentirían? Pensarían, naturalmente, que nadie los toma en serio, que nadie valoriza sus profesiones y sus capacidades, y que se los usa para lo primero que aparezca.
El Ejército Nacional, así como la Armada y la Fuerza Aérea, es decir, nuestras Fuerzas Armadas, se organizan como el instrumento militar de la Defensa Nacional (Ley 19.975). El artículo 7 de la mencionada ley es muy claro al respecto: “Las Fuerzas Armadas constituyen la rama organizada, equipada, instruida y entrenada para ejecutar los actos militares que imponga la defensa nacional, las misiones asignadas por la presente ley y demás normas concordantes y complementarias”.
Es claro que hay tareas que pueden considerarse específicamente en cada caso, pero creemos que la UTE puede contratar una empresa especializada en poda de árboles u otra que ponga postes. ¿Por qué? Porque, de otro modo, el presupuesto adjudicado a la formación, equipamiento y funcionamiento de las Fuerzas Armadas se destina a otras cuestiones que dependen de otros organismos del Estado. Debiera el Ministerio de Defensa Nacional atenerse a lo que indica la Ley, que existe, entre otros motivos, para que las Fuerzas Armadas sepan que se espera de ellas, para apoyarlas en su tarea, que es, ya lo aclaramos, nada más ni nada menos que la Defensa Nacional, el Mantenimiento de la integridad territorial y la Soberanía de nuestro país.