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Lo que dijeron los economistas antes de que Brasil votara

Prestigiosos economistas de Brasil alertaron sobre los impactos que tendría en la economia y en la vida de la gente, un triunfo de Flavio Bolsonaro.

El domingo 25 Lula ganó su cuarto mandato con el 51,79 % de los votos válidos contra el 48,21 % de Flávio Bolsonaro. Fue una remontada: en primera vuelta el hijo del expresidente había terminado adelante. En esas tres semanas entre una votación y otra hubo de todo: artistas, exministros, intelectuales. Pero las voces que más se escucharon fuera de Brasil fueron las de algunos economistas que, en lugar de hablar de valores o de democracia en abstracto, pusieron números arriba de la mesa.

Un Nobel y una profesora de San Pablo

La intervención más citada fue la de Joseph Stiglitz y Laura Carvalho, publicada por Project Syndicate y reproducida en diarios de medio mundo. El tono fue inusual para dos académicos. Dijeron, sin medias tintas, que con Flávio Bolsonaro en el gobierno habría más desempleo, menos crecimiento, más pobreza y una clase media en peor situación.

¿Quiénes son? Stiglitz ganó el Nobel de Economía en 2001, fue economista jefe del Banco Mundial y presidió el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca durante el gobierno de Bill Clinton. Hoy enseña en la Universidad de Columbia. Desde hace años es uno de los críticos más conocidos de las políticas de austeridad.

Carvalho es brasileña, tiene 42 años, se doctoró en la New School de Nueva York y es profesora de la Universidad de San Pablo. También investiga en la Fundación Getúlio Vargas y dirige el área de prosperidad económica y climática de Open Society Foundations. En Brasil se hizo conocida por su libro Valsa brasileira, sobre el auge y la caída de la economía en los años de Dilma Rousseff, y por su columna en Folha de S.Paulo.

El argumento, explicado fácil. Flávio prometía recortar el gasto público en hasta 1,5 % del PIB. Stiglitz y Carvalho hicieron una pregunta simple: ¿de dónde sale esa plata? La mayor parte del presupuesto brasileño se va en jubilaciones, beneficios atados al salario mínimo, salud y educación. Su conclusión es que no hay forma de recortar tanto sin tocar esas partidas, aunque la campaña asegurara que el Bolsa Família se mantenía.

Y el golpe, según ellos, no se quedaba en los jubilados. Cuando las familias tienen menos plata, gastan menos, y eso lo sienten el almacén, el comercio chico y el trabajador informal. Estimaron que un ajuste así podía achicar la economía un 3,2 % en dos años. Hasta la recaudación caería, con lo cual tampoco se arreglaría el problema de la deuda.

Del otro lado pusieron los datos del gobierno actual: desempleo en 5,3 %, pobreza en mínimos históricos. Su propuesta era otra: en vez de recortar gasto, reducir las exenciones impositivas que benefician a los sectores más ricos.

No fueron los únicos, ya que a comienzos de octubre, un grupo de economistas que se definen como desarrollistas grabó un video de apoyo a Lula. El más conocido es Luiz Carlos Bresser-Pereira, profesor de la FGV y ministro de Hacienda de José Sarney en 1987, cuando lanzó el plan que lleva su apellido. Fue directo: dijo que Lula ya había mostrado que sabía gobernar con equilibrio, y calificó a la alternativa de extrema derecha. Lo acompañaron académicos de universidades federales de Santa Catarina, Rio Grande do Sul y Alagoas, y uno de la Colorado State University.

Otros apoyos

El apoyo que también fue relevante llegó el 17 de octubre. Quince intelectuales y exfuncionarios firmaron un manifiesto a favor de la reelección. Entre ellos había nombres que nadie asociaría con el Partido de los Trabajadores: Rubens Ricupero, que fue ministro de Hacienda en 1994, en plena puesta en marcha del Plan Real; el economista Eduardo Giannetti, durante años cercano a Marina Silva; Aloysio Nunes, histórico del PSDB; y el jurista Miguel Reale Jr., uno de los autores del pedido de juicio político contra Dilma Rousseff. Ellos mismos aclararon que tenían diferencias con Lula y críticas a su gobierno, y que las iban a seguir planteando. Su apoyo pasaba más por lo institucional que por lo económico.

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