Carvalho es brasileña, tiene 42 años, se doctoró en la New School de Nueva York y es profesora de la Universidad de San Pablo. También investiga en la Fundación Getúlio Vargas y dirige el área de prosperidad económica y climática de Open Society Foundations. En Brasil se hizo conocida por su libro Valsa brasileira, sobre el auge y la caída de la economía en los años de Dilma Rousseff, y por su columna en Folha de S.Paulo.
El argumento, explicado fácil. Flávio prometía recortar el gasto público en hasta 1,5 % del PIB. Stiglitz y Carvalho hicieron una pregunta simple: ¿de dónde sale esa plata? La mayor parte del presupuesto brasileño se va en jubilaciones, beneficios atados al salario mínimo, salud y educación. Su conclusión es que no hay forma de recortar tanto sin tocar esas partidas, aunque la campaña asegurara que el Bolsa Família se mantenía.
Y el golpe, según ellos, no se quedaba en los jubilados. Cuando las familias tienen menos plata, gastan menos, y eso lo sienten el almacén, el comercio chico y el trabajador informal. Estimaron que un ajuste así podía achicar la economía un 3,2 % en dos años. Hasta la recaudación caería, con lo cual tampoco se arreglaría el problema de la deuda.
Del otro lado pusieron los datos del gobierno actual: desempleo en 5,3 %, pobreza en mínimos históricos. Su propuesta era otra: en vez de recortar gasto, reducir las exenciones impositivas que benefician a los sectores más ricos.
No fueron los únicos, ya que a comienzos de octubre, un grupo de economistas que se definen como desarrollistas grabó un video de apoyo a Lula. El más conocido es Luiz Carlos Bresser-Pereira, profesor de la FGV y ministro de Hacienda de José Sarney en 1987, cuando lanzó el plan que lleva su apellido. Fue directo: dijo que Lula ya había mostrado que sabía gobernar con equilibrio, y calificó a la alternativa de extrema derecha. Lo acompañaron académicos de universidades federales de Santa Catarina, Rio Grande do Sul y Alagoas, y uno de la Colorado State University.
Otros apoyos
El apoyo que también fue relevante llegó el 17 de octubre. Quince intelectuales y exfuncionarios firmaron un manifiesto a favor de la reelección. Entre ellos había nombres que nadie asociaría con el Partido de los Trabajadores: Rubens Ricupero, que fue ministro de Hacienda en 1994, en plena puesta en marcha del Plan Real; el economista Eduardo Giannetti, durante años cercano a Marina Silva; Aloysio Nunes, histórico del PSDB; y el jurista Miguel Reale Jr., uno de los autores del pedido de juicio político contra Dilma Rousseff. Ellos mismos aclararon que tenían diferencias con Lula y críticas a su gobierno, y que las iban a seguir planteando. Su apoyo pasaba más por lo institucional que por lo económico.