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Los logros del Diálogo Social

La oposición no participó del Diálogo Social pero puso el grito en el cielo y se lanzó en campaña para oponerse a los acuerdos alcanzados.

Las orientaciones y propuestas que se detallan en el documento elaborado en el Diálogo Social atienden una cantidad de aristas que refuerzan la matriz de protección social y cuidados de todos los uruguayos, comenzando por los niños y las niñas, las personas con discapacidad, los hogares más vulnerables, los trabajadores, los padres y las jubilaciones y pensiones de los adultos mayores. Es un documento claro, abarcativo y esperanzador que deberá transitar ahora el camino de las definiciones cuando el Gobierno dirima cuáles iniciativas requieren proyectos de ley o decretos y cuáles pueden implementarse mediante meras decisiones administrativas dentro del marco normativo vigente.

La oposición, que no participó del diálogo, a pesar de haber sido públicamente invitada a conformar la Comisión Ejecutiva, con la honrosa excepción del partido Cabildo Abierto, puso su grito en el cielo ya ante los trascendidos y se empeña en tergiversar el alcance de los acuerdos para instalar en la opinión pública, en los mercados y en el mundo que el Gobierno del Frente Amplio quiere estatizar las fondos de pensión, de modo de poner en alerta a inversores, calificadoras de riesgo y toda esa arquitectura de protectores del capital para que aumenten los intereses que le cobran a Uruguay por el financiamiento internacional y perjudicar el grado inversor del país, entre otros indicadores de “buena conducta” que, si no son estratégicos de mantener para siempre, en perjuicio de cualquier sueño de sociedad mejor, sí es estratégico no rifarlos al pedo por algo que no representa ni por asomo un proceso de estatización de las AFAP o de supresión del pilar de capitalización individual, que seguirán existiendo, aunque en un formato más beneficioso y más seguro para los que utilizan ese sistema.

Propuestas y debate político

Algunas de las propuestas que surgen del Diálogo Social van a generar un duro debate político, donde cabe esperar una participación agresiva de los medios de comunicación, los empresarios y los analistas de la derecha. En lo que tiene que ver con la seguridad social, intentarán enfrentar las propuestas con el último plebiscito, como si el plebiscito hubiese hecho algo más que no aprobar una propuesta impulsada por las organizaciones sociales que difiere sustancialmente de los resultados del Diálogo (donde no se eliminan las AFAP, no se elevan las jubilaciones mínimas al valor del salario mínimo, no se pone en la Constitución una edad de retiro a los 60 años ni voluntaria ni menos obligatoria). En las propuestas que abordan las políticas sociales, sobre todo cuando intenten perfeccionar y ampliar políticas de transferencias, buscarán deslegitimarlas, cuestionarlas por asistencialistas, adjudicarles todos y cada uno de los problemas económicos que se padezcan, aunque no muevan la aguja del presupuesto, aunque ni siquiera se acerquen a los miles de millones de dólares de exenciones fiscales de las que gozan los empresarios e inversores, y atribuirles clientelismo o corrupción social, aún cuando sean transparentes, controladas y alejadas de todas las prácticas que hemos visto durante décadas en los territorios que gobiernan como si fueran feudos de su propiedad.

Para defender estas propuestas, las fuerzas políticas y los movimientos sociales tendrán que dar la discusión y asegurar las voluntades parlamentarias cuando se requiera el trámite legislativo. Pero, sobre todas las cosas, el Gobierno debe ponerse firme, porque el griterío recién empieza y las presiones se van a multiplicar. Hay que tener presente que cuando se avanza de verdad, la derecha resiste, porque el conservadurismo es poderoso y esencialmente reaccionario. Ponerse firme es no ser dubitante porque el respaldo social va a estar, y si las condiciones del mercado importan, mucho más importan los votantes que eligen y la sociedad que necesita cambios, mejoras continuas para llegar a fin de mes, para atender a los más débiles, para vivir un poco mejor.

Sería un error gravísimo que el Diálogo Social, realizado con semejante esfuerzo, que incluyó conversatorios en todo el país, la participación de la gente, de los técnicos, de las organizaciones sociales y de todos los sectores políticos y grupos de interés que quisieron participar, quede solo como un avance manuscrito y no se termine de concretar en la práctica por falta de valor o por falta de recursos. Sería imperdonable y, además, sería un desconocimiento flagrante del programa de gobierno. Lo que viene es un desafío, pero también es una esperanza de alcanzar logros concretos que vale la pena defender.

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