En las conclusiones se detalla que las autoridades israelíes son responsables de distintos crímenes como los de usar el hambre como método de guerra, el ataque intencionado contra civiles y bienes de carácter civil, el asesinato intencionado, el traslado forzoso, la violencia sexual, la tortura y los tratos inhumanos o crueles, la detención arbitraria y los ultrajes contra la dignidad personal.
“Las autoridades israelíes han convertido el asedio en un arma y han utilizado el suministro de artículos de primera necesidad, como agua, alimentos, electricidad, combustible y ayuda humanitaria, para obtener beneficios estratégicos y políticos. El asedio ha afectado de forma desproporcionada a las mujeres embarazadas y a las personas con discapacidad, y ha infligido graves daños a los niños, provocando muertes infantiles evitables por inanición, incluidos recién nacidos”.
La Comisión detalló que el ejército ocupante usa el método de desvestir y mostrar a los sometidos desnudos en público “con la intención de humillar a la comunidad en general y acentuar la subordinación de un pueblo ocupado”.
Sobre los palestinos detenidos en campos militares y centros de detención israelíes el informe denunció que muchos niños y adultos sufrieron torturas y violaciones. Los varones fueron sometidos a violaciones y violencia contra sus órganos sexuales, siendo obligados a realizar actos humillantes y extenuantes mientras estaban desnudos. Los menores que lograron ser liberados no solo regresaron a Gaza con graves traumas, sino que, en muchos casos no hallaron a sus familias.
En Cisjordania, se comprobó que las fuerzas israelíes cometieron actos de violencia sexual, tortura y tratos inhumanos o crueles y ultrajes a la dignidad personal.
Paralelamente, esta semana, mientras corrían los primeros días de la tregua en Gaza, Israel volvió a atacar a Cisjordania. Es obvio que un pacto como el que firmó con uno le resultó útil para centrar sus ataques al otro objetivo.
También en estos días, los medios internacionales de comunicación han destinado grandes esfuerzos a contar quiénes son las jóvenes liberadas por Hamás. Está bien. Hay que celebrar que estén libres y a salvo. Lo patético y retorcido es que a nadie le importen quiénes son las mujeres y menores liberados por Israel, quien tiene otras 2.000 personas en cautiverio. Como la cuestión semántica forma parte de la guerra, a los que retiene Hamás se les llama rehenes, pero a los que retiene Israel se les llama terroristas.
Acá: Donald Trump es ahora más peligroso que antes; pero eso no parece preocupar a nadie
En pocos días ha hecho y dicho cosas que ameritarían una convocatoria urgente de la ONU, con múltiples pedidos de explicaciones y retiros de embajadores de la naciones amenazadas. El magnate regresa con toda la intención de usar el máximo poder para lograr aquello de “América para los americanos”. No estaría mal si no fuera que para ellos los únicos americanos del continente son los estadounidenses. Es más, también se apropiaron con éxito del término “norteamericano”. Ni mexicanos ni canadienses se denominan norteamericanos… ¡Y lo son! Dando rienda suelta a su prepotencia, Donald Trump dice fuerte y claro que aspira a anexar Groenlandia, Canadá, el canal de Panamá y ya cambió el nombre del Golfo de México por el de Golfo de América porque “tiene un sonido más lindo y es lo correcto”. También se manifiesta dispuesto a usar la fuerza militar para lograr sus objetivos. “Necesitamos Groenlandia por motivos de seguridad nacional”, dijo poco antes de asumir. Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca, tiene para él un valor geopolítico clave, a la vez que el Canal de Panamá le resulta indispensable para el comercio global.
Ni Hitler se atrevió a revelar tanto sus intenciones apenas llegando al poder; pero nos tienen tan anestesiados que no advertimos el peligro de tener a este psicópata al frente de la potencia más peligrosa y armada de la toda la historia de la humanidad. El problema es Maduro, dicen… y les creen.
Trump es un payaso; pero un payaso peligroso. Como sea, México sí se toma en serio las amenazas que provengan de la Casa Blanca. En 1845 Estados Unidos le robó Texas y tras la guerra formal iniciada el 25 de abril de 1846 y culminada con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo el 2 de febrero de 1848, le sacó más de la mitad de su territorio. Afortunadamente, Claudia Sheinbaum no es una mujer que se pueda intimidar fácilmente y no dudó en responder al energúmeno que el nombre del Golfo de México está reconocido a nivel internacional desde 1607 y bromeó con llamarle “América mexicana” a Norteamérica.
El presidente estadounidense llama “criminales” a los inmigrantes ilegales y anuncia deportaciones de millones de personas. Es comprensible que un país cuide sus fronteras, pero su decisión de autorizar las redadas migratorias en iglesias, escuelas y hospitales es inhumana. Sobre los países de su patio trasero, también conocido como América Latina, una periodista le preguntó el lunes 19 de enero en el despacho oval de la Casa Blanca sobre cuál sería su relación con los gobiernos de esta parte del mundo y la respuesta fue lapidaria: “Nosotros no los necesitamos, ellos nos necesitan. Todo el mundo nos necesita”.
En la misma línea va su notificación formal a Naciones Unidas de la salida de su país de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los científicos temen que esta medida revierta los avances logrados durante décadas en la lucha contra enfermedades como el sida, la malaria y la tuberculosis. Estados Unidos contribuyó con el 18% del presupuesto de la OMS en 2023. Retirar su apoyo será exponer a decenas de países a sufrir crisis sanitarias. A Trump esto le importa un reverendo carajo, si me disculpan el francés.
Básicamente, tanto Donald Trump como Javier Milei son sociópatas que buscan que los poderosos conserven y aumenten sus riquezas a costa de que los más desprotegidos continúen sumergidos en la miseria. El sueño húmedo del presidente argentino es ser el paje preferido de su amo del norte. De hecho, ya ha negado la educación y atención gratuita a los inmigrantes.
El desplante de Donald Trump, durante la cumbre del G20, al presidente español Pedro Sánchez (ordenándole con un gesto que se sentara cuando se levantó para saludarlo a su paso) se ha vuelto a viralizar luego de cinco años. Sánchez se lo merecía, por genuflexo; pero el hecho dejó claro el estilo prepotente, ordinario y soberbio de quien aspira a ser el amo del mundo.
Ahora, ¿qué podemos esperar del presidente de un país donde uno sus legisladores (el republicano Alexander Kolodin) plantea en Arizona un referendo para preguntar a los electores si prefieren la inyección letal o un pelotón de fusilamiento a la hora de aplicar la pena de muerte?
En el mismo día de su asunción, Donal Trump ha vuelto a incluir a Cuba en la infame lista de países patrocinadores del terrorismo. Es un atentado contra nuestra inteligencia; porque Cuba envía médicos, maestros y ayuda humanitaria a los países que lo necesitan; pero Estados Unidos sólo envía soldados y armas.
Y como todos los criminales famosos, Donald Trump tiene sus imitadores. El candidato presidencial Víctor Araus, del partido Pueblo, Igualdad y Democracia, acaba de prometer a los ecuatorianos: “Eliminaré los derechos de los delincuentes; ellos no deberían tener derechos”.
Paralelamente, propone construir tres grandes cárceles para los delincuentes y tres cementerios para los violadores y asesinos y liberar a Ecuador de tratados internacionales que impiden la pena de muerte en delitos graves.
Estos discursos prenden fácil en una población harta de la violencia, lo que explica la altísima popularidad de Nayib Bukele en El Salvador; pero desembocan sí o sí en el terrorismo de Estado. El día en que creamos que en democracia y respetando la ley no podemos combatir a los criminales, comenzaremos a retroceder moralmente a tiempos oscuros.
Más acá: Uruguay
En cuanto a Uruguay, la Venezuela de Nicolás Maduro sirve como excusa para que no hablemos de lo que realmente nos afecta. Javier García habla de los desaparecidos en Venezuela; pero no habla de los desaparecidos en Uruguay. La derecha criolla habla de la “dictadura venezolana”; pero no de la de Arabia Saudita ni del gobierno terrorista de Israel. Y mientras la gilada cae en el debate impuesto sobre el sucesor de Hugo Chávez, los blancos, en su retirada, no dejan títere con cabeza. Por aquí y por allá saltan hechos de corrupción.
Los medios critican al gobierno de Miraflores y la situación económica; pero omiten hablar del bloqueo contra Venezuela, impuesto por Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, varios países de América Latina y organizaciones internacionales. Estas sanciones incluyen medidas como la congelación de activos, prohibiciones de viaje y restricciones comerciales.
En cuanto a las empresas y capitales expropiados en el extranjero, uno de los casos más destacados es el de Citgo Petroleum, una filial de la estatal petrolera venezolana PDVSA, cuyos activos en Estados Unidos fueron tomados por el gobierno estadounidense en 2019. Estas expropiaciones y sanciones han tenido un impacto significativo en la economía venezolana, siendo la causa principal de la crisis económica y social que enfrenta el país.
Actualmente, se estima que alrededor de 3.000 millones de dólares en activos de Venezuela están retenidos en el extranjero. Estos activos incluyen cuentas bancarias y lingotes de oro, como las 31 toneladas de oro retenidas por el Banco de Inglaterra. En Uruguay no se habla de esto. Lo que sí se informa bien es que Donald Trump ha subido a 25 millones de dólares la recompensa por la captura de Nicolás Maduro, vivo o, preferentemente, muerto. Si fuera al revés y Maduro ofreciera recompensa por capturar o asesinar a Trump, la noticia sería motivo de escándalo en todo el planeta.
Sin embargo, ese Uruguay que tanto se vanagloria de su cultura cívica ignora la mayoría de las cosas que hemos expuesto; pero si al ciudadano promedio se le pregunta sobre lo que sucede con Wanda Nara y Mauro Icardi, nos puede dar una conferencia.
El mundo está amenazado por payasos peligrosos; pero lo peor es que ese mundo está dormido.