¿Se terminó la fiesta?
Hay entre nosotros un discurso instalado, tan machacón y reiterado que se ha transformado en verdadero frenesí patológico. Ese discurso resuena en los pasillos del Parlamento, en la casa de gobierno, en las intendencias y en los medios de comunicación. Es como si, según aquella idea del nazi Goebbels, repitiendo mil veces una mentira esta pudiera transformarse en verdad. Se nos viene diciendo desde las últimas elecciones nacionales que en Uruguay, durante los últimos quince años, estuvimos de recreo. Ahora acabamos de descubrir que, como si fuera poco, también estuvimos de fiesta. El recreo y la fiesta de los quince años de gobierno frenteamplista fueron, según parece, una farra corrida, como las que daba el Gran Gatsby para sus cientos de invitados. Pero mientras nos dedicábamos a bailar y a enarbolar matracas, sucedieron una serie de milagros no imputables a ningún ser viviente, ya que el gobierno y la mitad del país estaban, como se ha dicho, de fiesta. Pero los milagros, que suelen ser porfiados, sucedieron. Fueron, entre otros, la reforma estructural del sistema de salud, que garantiza la cobertura y acceso universal de toda la población, y que contaba con 2.535.598 personas con afiliación ya en 2017. Gracias a este primer milagrito, se ha podido hacer frente en toda regla a la pandemia de coronavirus, porque a ningún gobierno anterior le importó en lo mínimo la suerte de las tres cuartas partes de la población que no tenía acceso al sistema de salud. Fue el milagro de la seguridad pública, en la que se abordó una profunda reestructura policial, se profesionalizó la labor, se incorporó tecnología y se aumentó el salario policial 187,5% desde el año 2000.