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Columna destacada | política

Las patologías en la política

Hay que avisarle a Graciela Bianchi que el 80 % de las familias pobres trabajan y las transferencias fungen como complemento para que los niños puedan alimentarse todos los días y no devengan en futuros marginados sociales por desnutrición.

¿Cómo alguien que en un momento de su vida fue militante de izquierda y llegó a ocupar sendos cargos de confianza política en gobiernos del Frente Amplio puede mutar abruptamente al punto de transformarse en una reaccionaria, con actitudes destempladas, insultantes y hostiles hacia sus excompañeros y visiones irracionales y ajenas a la realidad? Es el caso de la senadora blanca Graciela Bianchi del presente y el pasado reciente desde 2014, cuando, luego de ser cuestionada por sus actitudes autoritarias como directora del Liceo N.º 6 “Francisco Bauzá” y ser acusada de entregar la ocupación estudiantil del centro educativo a las fuerzas de choque, en el marco de la ola de movilizaciones destinada a enfrentar las políticas de talante mercantilista de la reforma de Germán Rama, resolvió cruzar a la vereda derecha.

Esos conflictos se registraron en 1996, durante la segunda presidencia del colorado Julio María Sanguinetti, que encabezó una coalición con el Partido Nacional, luego de ganar las elecciones de 1994 por apenas un 1 %, antes de la reforma electoral que fraguó las elecciones internas y el balotaje.

Ese también fue un año nefasto por la puesta en marcha de la reforma de la seguridad social cocinada por la derecha, cuyo propósito es privatizar los aportes de los trabajadores mediante un régimen mixto gestionado por la AFAPs, que se apropiaron de una torta monetaria superior a los 26.000 millones de dólares, cobran jugosas comisiones, invierten el dinero con total discrecionalidad y pagan pasividades de escándalo.

Volviendo al tema que nos ocupa, recordemos que Graciela Bianchi, que es docente y abogada, militó en sus primeros años en la Unión de Juventudes Comunistas e incluso llegó a desempeñar el rol de secretaria privada del inolvidable senador José Germán Araújo, quien fue destituido en 1986 del Senado por la colorados y blancos, luego de las agrias discusiones suscitadas en torno a la aprobación de la inconstitucional Ley de Caducidad.

Esta mujer resolvió, en 2014, alejarse del Frente Amplio, luego de ocupar sendos cargos de confianza en la ANEP, durante los dos primeros gobiernos de la fuerza política, a la cual siempre hostiliza desde el Partido Nacional. ¿Cómo es posible mutar de comunista a miembro de un partido conservador e integrarse al herrerismo más duro encabezado por Luis Lacalle Pou? Aparentemente, hay mecanismos mentales que pueden generar esa mutación tan radical, que tiene mucho de patológica, porque no se debería dejar las filas de un partido como el FA que siempre defendió los derechos de la clase trabajadora y cruzar hacia la vereda de una colectividad derechista burguesa y clasista. El cambio fue seguramente producto del resentimiento, pero fundamentalmente de una tirria vengativa contra sus excompañeros. Sin embargo, preferimos explicarlo por factores más psicológicos que ideológicos. Según la psiquiatría, los cambios de conducta profundos en la forma de ser, actuar o relacionarse con otros identifican el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), marcado por inestabilidad emocional extrema e impulsividad, por la alteración del lóbulo frontal del cerebro.

Al respecto, quienes padecen dicha afección experimentan cambios drásticos y rápidos en sus emociones, valores y relaciones. Esto incluye episodios de ira intensa, impulsividad y una profunda inestabilidad en su propia autoimagen. Yo, que consulté a un especialista de elite y le presenté el caso, me inclino por la tesis de esta patología, marcado por la irritabilidad extrema, los arranques de ira y furia, la agresividad y los pujos autoritarios y reaccionarios, como agraviar a sus adversarios, hostilizar y presionar a la Justicia y a los sindicatos de sus colegas docentes y hasta sugerir el cierre de TV Ciudad, al mejor estilo del dictador colorado con patente de presidente Jorge Pacheco Areco, quien censuró y clausuró decenas de medios de prensa.

Bianchi no tiene filtro cuando habla, porque tiene fueros que la amparan, pero, además, suele replicar todas las noticias falsas que captura en las redes sociales con absoluta irresponsabilidad, lo cual la transforma en un ser humano paródico y lamentable por su alienación y trastorno obsesivo compulsivo.

Ahora, justificó la negativa a votar el proyecto de Rendición de Cuentas en general, cuestionando así el aumento de las ayudas y transferencias unificadas a las familias en situación vulnerable con menores de edad, lo cual viola el compromiso de campaña de todos los partidos, bajo argumentos que son comprobadamente falaces. Al respecto, sostuvo que rechazar el proyecto es una forma de combatir la pobreza y afirmó que “las políticas sociales de transferencias económicas siempre le hacen daño a la gente, porque se acostumbra a recibir cosas que no trabaja y que no se esfuerza. La única manera de luchar contra la pobreza infantil es dando trabajo genuino y educación de muy buena calidad, no dominada por los sindicatos que tienen la misma ideología que el Gobierno. Lo peor que se le puede hacer a los pueblos es regalarles plata, porque no se esfuerzan ni se educan”, sostuvo.

Se trata de una visión errónea que contrasta con la evidencia acumulada por organismos internacionales y centros de investigación especializados. Diversos estudios del Banco Mundial, la Cepal y Unicef concluyen que las transferencias monetarias dirigidas a hogares vulnerables, mejoran la alimentación infantil, favorecen el acceso a la educación y disminuyen múltiples indicadores de privación cuando forman parte de una batería de medidas integrantes.

En Uruguay, programas como las Asignaciones Familiares-Plan de Equidad y la Tarjeta Uruguay Social han sido objeto de evaluaciones que muestran mejoras en los ingresos de los hogares y una reducción de la pobreza infantil, aunque especialistas coinciden en que, por sí solos, no sustituyen la necesidad de crear empleo de calidad ni de fortalecer el sistema educativo.

No en vano, esas políticas de izquierda lograron abatir la pobreza a partir de 2005 del 40 % heredado de la crisis provocada por el gobierno blanqui–colorado en 2002, hasta el 6,4 % en 2015, que fue su mínimo histórico, luego de la creación del Ministerio de Desarrollo Social, en la primera presidencia de Tabaré Vázquez.

Por supuesto, esto no se logró sólo con mero asistencialismo estatal, sino también con mejoras salariales y activas políticas de generación de puestos de trabajo dignos.

Hay que avisarle a Bianchi que el 80 % de las familias pobres trabajan y las transferencias fungen como complemento para que los niños puedan alimentarse todos los días y no devengan en futuros marginados sociales por desnutrición. Sólo mentalidades tan obtusas y tan exacerbadas, coléricas y patológicas como la de Graciela Bianchi, no comprenden este fenómeno. Su conducta debería ser analizada por un foro psiquiátrico, porque una persona que tiene actitudes tan erráticas y desmesuradas como las de la legisladora blanca padece una profunda fractura emocional, como lo sugiere la psicología cognitiva conductual.

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