Probabilidad de pérdida. Para un ahorrista que mantiene dólares, la probabilidad de terminar con menos poder adquisitivo supera el 60% en todos los horizontes analizados. Es de 63% a un mes, 80% a diez años y 93% a doce años. Según el BCU, la probabilidad crece cuanto más largo es el plazo de tenencia.
Volatilidad. Entre 2005 y 2026, la variación interanual del poder de compra del ahorro en dólares tuvo un desvío estándar de 9,8%, frente a 1,5% para los depósitos en pesos. En ventanas móviles de cinco años, la más reciente (2021-2026) arroja 6,5% para el dólar y 1,8% para los pesos.
El documento califica de "llamativo" que los ciudadanos mantengan una cartera asociada a retornos negativos y alta volatilidad, y lo describe como un puzzle desde el punto de vista económico. Agrega que en economías emergentes con un régimen de metas de inflación maduro, como el que Uruguay tiene hoy, la probabilidad de pérdida de poder adquisitivo en moneda local es muy baja en ventanas cortas y nula en las largas.
Un seguro demasiado caro
El BCU no afirma que el dólar carezca de utilidad. Reconoce que puede funcionar como seguro, dado que el tipo de cambio real se mueve en sentido contrario a la actividad económica, y como cobertura ante riesgos extremos, como cambios en los marcos legales e institucionales que sostienen la baja inflación.
Su planteo es otro: el costo observado "excede lo que sería razonable pagar por un seguro ante dichos eventos extremos". La advertencia no es contra tener dólares, sino contra tener solo dólares, y contra hacerlo en la modalidad que, según el propio informe, concentra la mayor parte del ahorro: la cuenta a la vista.
La magnitud de esa concentración es llamativa. Según el documento, el 84% de los depósitos en Uruguay está a la vista, lo que ubica al país en el cuarto lugar de 109 en esa comparación internacional, con un promedio de 49%. Y la dolarización de los depósitos del sector privado no financiero fue de 72% en julio de 2026, un descenso desde cerca de 90% a comienzos de los años 2000. Con otra medida, pasivos en moneda extranjera sobre pasivos totales, Uruguay ocupa el noveno lugar entre 108 países, con 69%, frente a un promedio de 29%.
Del diagnóstico a las medidas
La advertencia no queda en el plano analítico. El BCU la traduce en una estrategia de cuatro pilares, que se aplica de forma gradual desde fines de 2025 y que, según subraya el texto, preserva la libertad de elegir moneda.
En lo informativo, la Circular 2509, del 20 de agosto de 2026, obliga a las instituciones que ofrecen cuentas en moneda extranjera a entregar al depositante, en un documento independiente del contrato y con acuse de recibo, una advertencia sobre el riesgo cambiario: aunque el valor del depósito en dólares no cambie, su equivalente en pesos puede variar. La medida alcanza también a quienes ya tienen cuentas, mediante notificación personal. El Banco habilitó además un simulador que muestra cómo evolucionó históricamente el poder adquisitivo de distintas alternativas de ahorro, y prevé campañas de educación financiera junto a CAF y una nueva Unidad de Salud y Cultura Financiera.
En lo económico, el BCU redujo en dos etapas (marzo y setiembre de 2026) la remuneración de los encajes sobre depósitos a la vista en dólares, que quedó en la tasa de fondos federales menos 1,5 puntos. En pesos, bajó los encajes y subió su remuneración. En lo tributario, junto al Ministerio de Economía y Finanzas, consolidó alícuotas diferenciales: los intereses de depósitos a menos de un año tributan 5,5% en pesos a tasa fija, frente a 12% en dólares.
También se habilitó que las instituciones emisoras de dinero electrónico distribuyan fondos de inversión en pesos que rinden en torno a la tasa de política monetaria y permiten rescate en 48 horas, una alternativa pensada para el pequeño ahorrista.
Por qué le importa al Banco Central
El documento deja claro que el interés institucional va más allá del bolsillo del ahorrista. Según el BCU, el 94% de los depósitos en pesos se canaliza hacia el crédito, contra 37% en dólares. El crédito al sector privado equivale a 31% del PIB, lo que ubica a Uruguay en el puesto 97 entre 140 países, con un promedio de 53%.
El Banco sostiene que la dolarización dejó de ser sobre todo un problema de estabilidad financiera, ya que el capital bancario ronda el doble del mínimo regulatorio y la liquidez en dólares es muy elevada, y pasó a ser una restricción al desarrollo financiero. También señala efectos sobre la transmisión de la política monetaria y un costo para su propio balance: mantener activos externos líquidos implicaría un diferencial de unos USD 380 millones anuales (0,4% del PIB) bajo un supuesto, o unos USD 144 millones bajo otro. El propio texto aclara que se trata de un ejercicio ilustrativo, que no equivale al costo contable ni puede atribuirse por completo a la dolarización.
Lo que conviene leer con cuidado
Las cifras del BCU son contundentes, pero no pueden leerse sin sus aclaraciones metodológicas, que el propio documento consigna en notas al pie.
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No es una proyección. El Banco aclara que los resultados describen el comportamiento histórico y no anticipan lo que ocurrirá.
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No incluye intereses. Los cálculos de probabilidad de pérdida no incorporan la remuneración de los depósitos. El caso analizado es el dólar a la vista, que rinde cerca de cero; no representa necesariamente a un plazo fijo en dólares ni a otros instrumentos.
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El período pesa. La muestra completa incluye las décadas de alta inflación de 1970 a 1990, en las que la volatilidad del poder de compra del peso llegó a ser comparable o incluso superior a la del dólar. Por eso la comparación de volatilidad se limita a 2005-2026, un recorte que el BCU justifica por ser representativo del marco actual, y que contrasta con su propio argumento de que el resultado se sostiene en ventanas móviles.
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Una inferencia sin estimación. El texto afirma que, con los fundamentos actuales, las probabilidades de pérdida "deberían ser considerablemente más altas", pero no ofrece un cálculo que lo respalde.
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No es asesoramiento. La norma aclara que la información que deben entregar los bancos no constituye asesoramiento financiero ni recomendación de inversión.
Hay además un dato de contexto: el Banco Central es parte interesada. La desdolarización mejoraría la rentabilidad bancaria, reduciría el costo de sus reservas y, según el documento, podría ayudar a la calificación soberana. Fitch, S&P y Moody's, citadas por el BCU, mencionan la dolarización entre los factores que limitan la flexibilidad de la política económica, y Moody's mantiene la nota de Uruguay en Baa1 con perspectiva estable.
Un proceso lento y con riesgos
El BCU no promete resultados rápidos. Con la experiencia de Bolivia, Perú, Paraguay, Armenia y Lituania, señala que las reducciones significativas de la dolarización llevaron entre 9 y 16 años, a un ritmo de 1 a 4 puntos porcentuales por año. Uruguay redujo unos 3 puntos la dolarización de depósitos en el último año.
El documento también admite riesgos propios. Una transición demasiado acelerada podría generar restricciones antes de que existan alternativas en pesos suficientemente desarrolladas y provocar una recomposición brusca de carteras, con mayor volatilidad del tipo de cambio. Reconoce que los cambios regulatorios pueden trasladarse a tasas y condiciones que ofrecen los bancos y afectar de manera desigual a distintos agentes. Y advierte que, para que las medidas funcionen, la oferta de instrumentos en pesos, como depósitos a plazo fijo que reflejen la tasa de política monetaria, debe avanzar a la par de los incentivos.
La advertencia del Banco Central, en definitiva, llega con números y con un marco regulatorio que empieza a empujar en la misma dirección. Lo que todavía no dice, y quizás no pueda decir, es cuánto confían los uruguayos, tras décadas de crisis, en que el peso sea un refugio.