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Ni los niños se salvan: la venganza narco deja cada día más víctimas en Montevideo

El homicidio del niño de 12 años, como venganza entre bandas narco, expone una escalada de violencia que ya no reconoce límites en Montevideo.

El asesinato de un niño de 12 años en Montevideo volvió a encender todas las alarmas sobre una realidad que desde hace años se profundiza en determinados barrios de la capital: la expansión de las disputas entre bandas criminales y su impacto cada vez más directo sobre niños, niñas y adolescentes. La investigación sobre el ataque ocurrido esta semana en la zona de las canteras del Parque Rodó reveló un dato estremecedor que deja entrever una venganza.

El menor no fue una víctima circunstancial que quedó atrapada en una balacera: era uno de los objetivos buscados por los atacantes en una acción vinculada a una cadena de venganzas derivada del quíntuple homicidio registrado semanas atrás en el barrio El Monarca. Según trascendió de la investigación, los agresores recorrieron varias veces el lugar para identificar a las personas que buscaban y utilizaron armas modificadas para concretar el ataque.

Entre las víctimas había integrantes de una familia vinculada a una organización dedicada al narcotráfico, lo que refuerza la hipótesis de una represalia dentro de una guerra criminal que lleva años dejando muertos en distintos puntos de Montevideo.

Guerra narco

El crimen vuelve a poner el foco sobre la guerra entre los clanes Suárez y Albín, una confrontación que comenzó como una disputa por territorios y mercados vinculados al narcotráfico, pero que con el paso del tiempo derivó en una lógica de exterminio familiar.

La dimensión humana de esa tragedia quedó expuesta tras el quíntuple homicidio de julio, cuando Carina Suárez declaró públicamente que ya había perdido siete hijos a causa de la violencia armada. Su testimonio sintetiza el nivel de degradación que alcanzaron estos conflictos, donde las fronteras entre combatientes, familiares y menores de edad parecen haberse desdibujado por completo.

Niños y adolescentes han aparecido reiteradamente entre las víctimas de estas disputas. Algunos murieron por encontrarse en el lugar equivocado durante ataques armados; otros, como en este último caso, comenzaron a ser considerados objetivos directos dentro de las lógicas de venganza que caracterizan a las organizaciones criminales.

Niños expuestos

El fenómeno no puede analizarse únicamente desde la perspectiva policial. Detrás de cada episodio aparecen trayectorias marcadas por la exclusión social, la desvinculación educativa, la fragmentación familiar y la creciente presencia de bandas criminales en determinados territorios.

En paralelo, el sistema de protección de la infancia enfrenta una presión creciente. Datos recientes consignados por El País muestran que el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) recibió más de 73.000 oficios judiciales durante 2025 y registra más de 1.000 ingresos anuales al Sistema de Protección Especial.

Magistrados especializados en Familia han advertido además sobre el aumento sostenido de las situaciones de vulneración de derechos de niños y adolescentes. Según señalaron, la cantidad de procesos vinculados a infancia ya supera en algunos juzgados a los casos de violencia basada en género, mientras que la complejidad de las situaciones también se ha incrementado significativamente.

Los expedientes reflejan realidades atravesadas por consumo problemático de drogas, violencia intrafamiliar, explotación, abandono y vinculación temprana con organizaciones criminales, configurando escenarios cada vez más difíciles de abordar desde las respuestas institucionales tradicionales.

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