A raíz de la crisis sanitaria, una ley federal autorizó dos novedades: que el voto epistolar (tradicional en EEUU desde 1776), aumentado por la crisis sanitaria, se pueda escrutar después del día de la elección. Al mismo tiempo cada mesa receptora puede decidir en qué orden hace los escrutinios, primero epistolar, luego presencial del día de los comicios y finalmente presencial previo, al revés o la tercera combinación.
Cada estado tiene en promedio 100 distritos (los llamados “precintos” electorales) y cada uno de estos unos 25 centros receptores. A modo de ejemplo, el estado de Illinois tiene unos 100 precintos o sea 2.500 mesas. No todos los estados tienen el mismo número de distritos (cada uno elige un diputado), pero una sencilla operación aritmética nos da un resultado aproximado de unos 125.000 centros donde se puede votar. Cada uno de ellos decidió el orden en que hará el escrutinio.
Se estima que los votos epistolares y presenciales previos son más favorables a Biden y los presenciales del día de la elección a Trump. Por lo tanto, hasta que no se terminen los tres escrutinios, es muy difícil poder hacer proyecciones como habitualmente ocurre. Y cuando se hacen, el margen de error es mayor. Al momento de escribir este artículo, más de 24 horas después de finalizada la votación (seguramente habrá cambiado a la hora de su publicación), según las proyecciones, Trump tiene 213 votos electorales y Biden 227. Esto no quiere decir que este último vaya a la cabeza, ya que por la asignación de votos electorales, gana el que supere los 270 electores, y a esa altura la diferencia siempre es mayor a la docena de votos en el Colegio Elector.
Al complejo y original sistema electoral de Estados Unidos, la pandemia ha sumado complejidades. Sin covid, Trump ganó, como en su momento hiciera Bush (h), legalmente, sin ser los candidatos más votados. Trump no debe estar muy seguro de su triunfo ya que al día siguiente de la elección presentó una denuncia de fraude pidiendo que lo decida la Suprema Corte. Si su partido le hace caso, la SCJ puede ignorarlo, hacer lugar o aplicar como medida cautelar, suspendiendo el escrutinio. No creo. Pero puede.
La denuncia de fraude era esperada. Por eso su apuro, ante la muerte de una integrante del máximo órgano judicial, de tendencia progresista, por sustituirla por una jueza que le responde, según dejó entender en su propio discurso de juramento. Cabe preguntarse: si seguir el escrutinio después de la elección es fraudulento, por qué promulgó la ley.