El Mercosur comenzó como una zona de libre comercio, para ir luego a una unión aduanera. En la zona de libre comercio, los productos de cada país ingresan a territorio de sus socios sin aranceles. Aumenta el comercio intrazonal. Cuando se llega a la unión aduanera, el arancel externo (hacia terceros países) debe ser el mismo. Ello implica además que toda negociación con terceros países en materia tarifaria sea común.
¿Qué otra cosa que beneficios puede traer esto a un país pequeño como el nuestro? Nuestra pequeñez territorial y poblacional nos condena a ser lo que en la jerga del comercio internacional se conoce como un país tomador de precios. Es decir, nuestra demanda es pequeña y nuestro volumen productivo también. Al salir solos a negociar ante el mundo -China, EEUU, Rusia, Japón-, no tenemos mucho que ofrecer ni como demandantes ni como oferentes.
Ahora, si vamos a negociar tratados como un conjunto de países, más grandes y con capacidad de consumo (importaciones) y de producción (exportaciones), la cosa cambia. Este gobierno parece entenderlo distinto.
Tampoco es fácil comprender esa permanente inclinación de la balanza entre Argentina y Brasil, a favor de este. Decía Eduardo V. Haedo: “Equidistancia entre Itamaraty [Brasil] y Palacio San Martín [Argentina]… [y agregaba] pero siempre más cerca de Argentina”.
Es más, hace pocos días, el 19 de abril, yo veía a nuestro joven presidente en la playa de la Agraciada conmemorando la llegada de nuestros libertadores. Venían de Argentina a independizarnos del Imperio Brasileño. A anexarnos a las Provincias Unidas. Luego intervino la diplomacia británica (ver Misión Ponsomby de L.A. de Herrera). Bien se dice que Uruguay fue primero Estado y luego nación. Y en ese esfuerzo por seguir construyendo nuestra identidad día a día, debemos resucitar el sueño de nuestros héroes ilustres, el de la gran patria latinoamericana.
Acá curiosamente se dan la mano el más profundo sentido de identidad nacional y nuestra clarísima conveniencia pragmática. ¿Qué busca el gobierno? ¿Qué intereses sirve? Bustillo sigue instrucciones. ¿Quién se las da? ¿No considera que un planteo así debería de ir precedido de un gran diálogo nacional?
Uno ingresa a la cancillería de Uruguay y se topa con un enorme retrato de Tucho Methol Ferré, obra de Osvaldo Leyte. Que yo sepa sigue ahí. Bustillo no lo mandó sacar. Con motivo de los 30 años del Mercosur, hicimos un reportaje a Luis Vignolo, estrecho colaborador de Tucho. Entre otras cosas, recordó la predica de este “a favor del Mercosur de y su oposición publica a los tratados de protección de inversiones con Estados Unidos, al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, su oposición al ALCA y su oposición de toda la vida a los acuerdos militares con Estados Unidos, desde su adolescencia hasta el final de su vida”.
También leyó varios documentos en que EEUU se plantea el Mercosur como un potencial bloque enemigo. ¿Será de la visita prematura de Bustillo al secretario de Estado de Trump? ¿Dónde nació esta idea? La idea de matar este paso de integración regional no es nueva: “Luis Alberto Lacalle Herrera pidió públicamente desde al menos 2017 terminar con el Mercosur”. Lo que se hereda no se roba. O como el mismo presidente dice: “La fruta cae cerca del árbol”.