A la hora de crear nuevos posibles
En Más allá del invierno, la chilena Isabel Allende presenta un personaje secundario que, aunque aparece brevemente, se llevó toda mi atención. Se trata de Gregorio, un niño que es presentado a los diez años de edad como el mayor de tres hermanos guatemaltecos que quedan al cuidado de su abuela cuando primero el padre y más tarde la madre emprenden el camino de la emigración hacia Estados Unidos para salir de la pobreza rotunda en la que estaban enterrados. Del padre nada certero se supo después de su partida; la madre, en cambio, aunque se fue sin despedirse “porque la determinación no le alcanzó para abrazar a los hijos por última vez”, se hacía presente a través de entrecortadas llamadas telefónicas y de paquetes de championes, golosinas y juguetes que mandaba con frecuencia. Aun cuando quedaron a cargo de esa abuela, calificada en el texto como invencible y omnipresente, quien aparece siempre apoyada por el cura Benito -un sacerdote vasco y jesuita que se jugaba el pellejo por sus fieles-, la crianza de los niños fue demasiado engorrosa para una mujer mayor, sola y pobre. La historia es elocuente para mostrar los estragos que produce la disolución de la idea de protección y autoridad que una familia debe procurar para provocar el desarrollo de la subjetividad de la generación de los recién llegados al mundo y Gregorio es la expresión pura de estas dificultades.