La verdadera fake news de aquellos tiempos tuvo forma de libelo y fue específicamente pedido a un porteño que había vivido en la Banda Oriental, Pedro Feliciano Sáenz de Cavia.
Siendo oficial de la secretaría del gobierno de Pueyrredón, en 1818, en medio de las lógicas de enfrentamiento entre el gobierno de Buenos Aires y el caudillo oriental, se le encargó un libelo sobre José Artigas. En aquel pasquín proselitista difamatorio que constaba de 66 páginas, titulado El Protector nominal de los Pueblos Libres, don José Artigas, el secretario disparaba con munición pesada contra el caudillo federal. Culminaba el folleto con un llamado muy sugestivo como demoledor: “Al arma, al arma, seres racionales, contra este nuevo caribe, destructor de la especie humana”.
Así se estableció la leyenda negra artiguista, y más allá de que Artigas no consideraba estas difamaciones como definitorias en tiempos revolucionarios -“Mis gauchos no saben leer”-, estas calaron más hondo en los sucesivos cronistas, infectando definitivamente la historiografía.
Detrás, como en procesión, aparecen los cronistas, viajeros e inclusive historiadores que apuntalan la idea del Artigas asesino, montaraz y enchalecador. Un verdadero sanguinario. A finales del siglo XIX se llevó a cabo un debate entre diarios de un lado y otro del río, en el que se discutía esa leyenda. Carlos María Ramírez fue el encargado de defender la memoria del caudillo oriental, que en esos tiempos ya perfilaba para convertirse en el héroe indiscutido de Uruguay. Los diarios fueron el Sud América de Buenos Aires y La Razón de Montevideo, pero no se agotó allí y prosiguió, alimentado por la historiografía porteña, unitaria, mitrista y con dejos sarmientinos, que veían en el caudillo el resumen del desgobierno.
¿Se imaginan a los porteños celular en mano viralizando las torturas de los artiguistas, seguramente utilizando imágenes y videos de otros rincones del mundo? Sin celulares, ni videos, ni WhatsApp, ni Twitter ni viralización, logró conformarse en una verdad para una parte de la historiografía por muchos años; imaginen el daño que puede hacer el reino de las fake news en este mundo tan globalizado.